Mauro CamillatoOpiniónSeguridad y política: las enseñanzas que dejó el caso Druetta

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Principios de mayo del 2012, la región estaba convulsionada, las noticias y versiones sobre narcos que imperaban en el territorio se sumaban día a día. De hecho, aparecían “nuevos ricos” que ostentaban sus bienes, a pesar que era difícil que pudieran demostrar como los habían obtenido (Alguna vez habrá que preguntarse por qué las personas que obtienen dinero de forma ilegal tienen esa necesidad ególatra de exhibirlo). El fantasma de lo que estaba ocurriendo en Rosario acechaba.

En ese contexto, la dirigencia política comenzó a inquietarse y desde la Provincia decidieron meter manos en el asunto. Así nombraron como titular de la Brigada Operativa Departamental Nº 8, a un joven Alejandro Druetta. El nuevo jefe tenía fama de ser expeditivo, de ir directamente al hueso.

Tan que es así que en el primer día que llegó a Venado Tuerto, salió a patrullar por la ruta 90 y en el cruce con la 94 se encontró “de casualidad” con un Audi azul estacionado que le llamó la atención. También “casualmente” quien conducía dicho auto era, ni más ni menos, que Andrés Ascaini, un narco de Villa Cañás que estaba en boca de todos y que nadie encontraba (“casualmente”) pruebas para detenerlo.

Andrés Ascaini

Dicho procedimiento lo relató un exultante Druetta un par de días después en una entrevista que hicimos junto a Juan Miserere para el programa televisivo “La Cocina, para que la realidad no sea tan cruda”. Parte de dicha entrevista la reflejamos en Venado24, vale la pena recordar textualmente el intercambio con el ahora detenido comisario

Con el personal que traje de Villa Constitución (su anterior destino) estábamos patrullando la ruta 90 en la intersección de la 94 y vimos un vehículo de alta gama (Audi color azul nuevo) estacionado. Nos llamó la atención y entonces me arrimo para ver que le había pasado a la persona. Le golpeó el vidrio para que lo baje y le pregunto si necesita algo, él me responde: -no, usted necesita algo. Entonces yo le digo: -si nosotros somos policías y me cierra la ventanilla. Seguidamente le vuelvo a golpear la ventanilla y le transmito que me permita su identificación: Ante esto demuestra su molestia por la situación y me dice: – usted sabe quién soy yo. Y baja medio enojado, miró y veo en el piso del vehículo una pistola. Entonces le pregunto a que se dedicaba, ahí se percató que yo había visto el arma e intenta subirse al auto para escaparse. Luego forcejeamos y lo logramos esposar. Llamamos a dos testigos revisamos el vehículo y encontramos una pistola Browning 9mm con cartucho en recámara y cargador con 8 municiones. Seguimos la requisa y hallamos entre medio de los asientos $5000, 3 celulares y en la guantera había una agenda y detrás un paquete de 1,2 kg de cocaína”.

¿No es casualidad que hayan encontrado al detenido de la forma que contás?

– Yo tengo mucha suerte…

Te tenemos que creer

– Eso es lo ocurrió, si ustedes quieren creerme…Yo estaba patrullando y la encontré de casualidad (sic)

Esta persona ya tenía antecedente y la encontraron así de casualidad…

– Lo que pasa que yo soy muy curioso en el trabajo y tengo mucha suerte.

– ¿Sos consciente de las dudas que se generan en la comunidad, teniendo en cuenta las sospechas que existen sobre la complicidad policial en estos casos?

– Ahora yo les pregunto a ustedes, ¿por qué el descreimiento hacia mí, cuando yo les estoy contando que detuve una persona con dinero, un arma y droga…..Entonces cuando nos ponemos de acuerdo con la sociedad y con los periodistas, si termina preso por que termina preso y si no termina preso porque no…

No había que ser nada perspicaz para percibir que el relato de Druetta no cerraba.

Tal es así que posteriormente la Justicia comprobó que en realidad el kilo de cocaína encontrada en el auto en su mayoría (960 gramos) eran azúcar impalpable y solo había 40 gramos de la sustancia prohibida. El procedimiento se cayó, Ascaíni fue liberado, para luego ser detenido con mayores pruebas en marzo del 2013. En junio del 2018 lo condenaron a diez años de prisión.

Detención de Orozco en Firmat

Algo parecido sucedió con la detención de Aldo “Totola” Orozco  y otras 16 personas realizada el 27 de junio del 2012 en Firmat.

El último jueves, finalmente Druetta fue condenado por la Justicia Federal rosarina a diez años de prisión, como partícipe necesario del delito de tráfico de estupefacientes. En el juicio se comprobó que el intrépido policía corrió del negocio en nuestra región a los principales narcos de ese momento, Ascaíni y Orozco, para traer a su propio vendedor de drogas, el rosarino Ignacio “Ojito” Actis Caporale.

Druetta, el héroe

Así las cosas, posterior a los procedimientos del 2012 la dirigencia política (TODOS) y los representantes de las instituciones intermedias de Venado Tuerto rápidamente enarbolaron a Druetta como un héroe colectivo. Es más, cuando después del episodio nunca esclarecido que involucró al fiscal Eduardo Lago, Druetta y los integrantes de su brigada son removidos temporariamente de sus cargos, TODOS salieron a pedir por su regreso.

El intrépido subcomisario contaba con la protección de los dirigentes venadenses y provinciales. De hecho, eso quedó demostrado en los audios que circularon la semana pasada, donde el entonces diputado provincial (luego fue Ministro de Seguridad y ahora nuevamente legislador) Maximiliano Pullaro y el senador Lisandro Enrico le manifiestan al propio Druetta su apoyo.  

Párrafo aparte merecen dichos audios que fueron difundidos por Twitter por el Ministro de Seguridad de la provincia, Marcelo Saín, con el fin de denunciar complicidad de los dos legisladores provinciales. Lo que se percibe en las conversaciones es cierta cercanía y hasta familiaridad entre ambos y el policía, pero ningún dato revela complicidad con el delito.

En todo caso, lo que comprueba es lo ya sabido con anterioridad por la mayoría de los habitantes de la región, la defensa cerrada que los dos dirigentes hacían de Druetta. Algo que como dijimos líneas atrás realizó gran parte de los representantes locales, regionales y provinciales. Tan es así, que también existen audios en mismo tono de Leandro Corti, quién tuvo un fugaz paso por la cartera de Seguridad en la gestión de Antonio Bonfatti y hoy es asesor técnico del propio Saín.

Y por si acaso, vale la pena insistir, TODOS defendían a Druetta, entre ellos: el entonces diputado del PJ oriundo de Teodelina, Jorge Abello y el anterior intendente de Venado Tuerto y hoy funcionario provincial, José Luis FreyreEn agosto del 2012 Freyre sostuvo que “veía con buenos ojos” los procedimientos realizados por el policía.

Druetta, el villano

Este caso debería dejar una enseñanza indeleble en la clase política: los excesos de los discursos punitivista tienen sus consecuencias.

Esto es, acá lo que se priorizó fue detener “sea como sea” a los narcos que estaban haciendo de las suyas en el sur/sur santafesino. El camino corto fue buscar a un expeditivo policía que tenía fama en sus anteriores pasos en Villa Constitución y Rosario de ir directamente al hueso. Druetta cumplió con lo pedido, para hacerlo utilizó distintas artimañas, entre ellas realizar procedimientos que eran completamente ilegales: plantaba pruebas, fraguaba actas (posteriormente se comprobó que además tenía otros objetivos).

Eso los dirigentes políticos lo supieron apenas ocurrieron las primeras detenciones (la entrevista televisiva nombrada lo demuestra), sin embargo lo obviaron. Lo importante era responder a la creciente demanda de la sociedad por la inseguridad.

Casi 10 años después la dirigencia política insiste con el mismo proceder. Mientras, la inseguridad crece día a día, y bien le vendría a la clase política hacer un verdadero “mea culpa” por lo que ocurre. Es decir, más allá de sus evidentes errores en el abordaje del tema de la inseguridad, ellos son los responsables de que exista en la Argentina casi un 50% de pobreza, y por lo tanto un campo fértil para existencia de la economía delictiva.

La solución no es recurrir a policías inescrupulosos que detengan a los delincuentes como sea, sin importar las formas. Tampoco lo es escrachar presuntos 17 delincuentes públicamente, ni reclamar a la Justicia que accione sobre ellos sin exhibir las pruebas contundentes que los involucre en delitos.

La política se debe un verdadero debate sobre el tema de inseguridad, que incluya consensuar (y no tirarse carpetazos) entre los distintos actores. Por ahora, ese debate parece muy lejano.

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