Mauro CamillatoOpinión¿El ocaso del peronismo?

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No hay dudas que uno de los datos más salientes de las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) desarrolladas el domingo pasado es la dura derrota que sufrió el Peronismo en la mayoría de las opciones.

Derrota que provocó un sismo todavía difícil de ponderar a futuro en lo nacional, un silencio llamativo en lo provincial, y una “crónica de una muerte anunciada” en lo local.

Por supuesto, a esta altura es dable recordar que siempre existieron narrativas que auguraron la desaparición del PJ, pero también la historia demuestra que dicho partido ha sabido refundarse una y otra vez.

Así las cosas, habría que tener en cuenta que las PASO tienen como principal función ordenar las candidaturas de cara a las generales de noviembre, que son las que importan. Y en todo caso, también vale la pena considerar que esta contienda electoral es legislativa y que quedan dos años (en la política argenta esto es una eternidad) para las que definirán cargos ejecutivos. Por eso, tomar como definitivo o como “una catástrofe política” (Cristina dixit) lo ocurrido el domingo es cuanto menos apresurado.

Además, Nietzsche nos enseñó que “no hay hecho, solo interpretaciones”. O en todo caso, el filósofo italiano contemporáneo Gianni Vattimo lo reinterpretó aseverando que: “La verdad es un tejido de interpretaciones y no una suma de datos“. En ese sentido, es inentendible como el propio oficialismo nacional se hizo cargo de la derrota y rápidamente sacaron a relucir públicamente “los trapos sucios” internos, provocando la crisis de gobernabilidad en la cual quedamos todos inmersos. Al respecto, el viernes último en un programa televisivo porteño, el inefable Jorge Yoma recordaba como en 1997 el entonces presidente Carlos Menen, posterior a otra dura derrota del PJ en una legislativa nacional, utilizó a una desconocida localidad jujeña para transmitir optimismo: “Ganamos en Perico”, festejó.

De hecho, un dato no tomado en cuenta es que la ventaja que le sacó Juntos al oficialismo en la provincia de Buenos Aires (conglomerado electoral más importante del país) fue solo de cuatro puntos. Y que en todo caso, en la coalición opositora existió una disputada interna (Santilli vs Manes) que provocó la atracción del votante.

Juan Manzur, el conservador y multimillonario dirigente tucumano, deja la gobernación para asumir como Jefe de Gabinete. Uno de los cambios “sugeridos” por Cristina

A no ser que dentro del propio oficialismo, un sector (léase Cristina Fernández), decidió utilizar “la derrota” como una excusa para provocar lo sucedido en los últimos días.

Mientras tanto, en la provincia Omar Perotti por lo menos logró el cometido de imponerse en la interna del propio partido. Pero, si sumamos las listas de Juntos para el Cambio le sacó 10 puntos de diferencia a las dos del Frente de Todos, cifra que parece irremontable en noviembre.

A su vez la jugada realizada por el propio Perotti de postularse como senador suplente para lograr traccionar votos en la Primaria salió bien, pero puede culminar siendo “un collar de melones” para las Generales. Es que de repetirse el resultado de las PASO, la oposición recordará acertadamente que le ganó directamente al propio gobernador.

La foto de Perotti en la boleta y en las publicidades de campaña afirmarán la posibilidad de culminar convirtiéndose en el padre de la posible derrota de noviembre

“Crónica de una muerte anunciada”

Como ya sostuvimos en nota anterior, lo ocurrido en lo local culmina siendo la consecuencia lógica de una serie de desaciertos que vienen acaeciendo en el seno del peronismo venadense luego de perder la intendencia en el 2019. Claro, que nadie auguró semejante derrota, la más dura desde el renacimiento de la democracia. Es más, si se repite el resultado en las Generales tendrán que retener los votos de los dos sectores que disputaron la interna para poder superar al novel partido Ciudad Futura y alzarse con una de las cinco plazas en juego en el Concejo. Encima su situación contrasta con el oficialismo local, que en ese caso, conseguirían cuatro bancas.

Así según el último recuento provisional oficial (en los próximos días se conocerán el resultado del escrutinio definitivo) con un poco más del 97 % de las mesas el PJ sumó entre las dos listas presentadas solo 5396 votos (4045 la encabezada por Sebastián Roma y 1351 la que llevaba a Nicolás Villalba como primer candidato).

De este modo, si esto sucede sería la segunda vez desde el 83 que el peronismo no logra obtener al menos dos bancas, y además la cuarta que no perfora la cifra de los 10 mil votos.

La historia dice que en el 1983 el peronismo sufrió una inesperada derrota en la primera elección luego del largo periodo de gobiernos de facto. En la oportunidad, con una cantidad considerablemente de menos electores en el rubro concejales, obtuvo 9440 votos, por lo que se alzaron con tres (Humberto Enrique Guiñazu, José Sáenz y Natalio Perillo) de las ocho bancas en juego. Cuatro fueron para la UCR (Pablo Nirich, Oscar Morelli, José María Martín y Santiago Kovasevich) y uno para el PDP (Carlos Gómez Tomei).

Luego hay que avanzar hasta el 2001 para volver a encontrarse con el peronismo sumando menos de 10 mil votos, en ese caso fueron 8662, pero igual consiguieron quedarse con dos (Miguel Pedrola y Víctor Barbieri) de las cinco bancas en disputa.

Por su parte, en las PASO del 2017 sumaron 7923 votos, pero en las Generales superaron esa cifra y sacaron 10382, quedándose esta vez con uno (Patricio Marenghini) de los cinco escaños que se renovaban en el legislativo local.

Roma y Villalba se mostraron juntos posterior a las PASO

Mientras en el 2019, además de perder la intendencia después de 24 años, sufrieron una dura derrota en concejales y en las PASO sumaron 9881 votos, aunque en las Generales llegaron a los 11310 permitiéndoles quedarse con dos lugares (Pablo Rada y Emilce Cufré) en el legislativo local.

De todos modos, en la elección del domingo la cifra lograda por el PJ fue lejos la más exigua, lo que lo culmina de convertir en un verdadero papelón que solo podrá ser salvado si se produce, tal como ocurrió en el 2015, una remontada memorable. Claro está, es muy difícil que se repita el episodio Rostom/ Aldasoro de aquella ocasión.

Mientras tanto, más cercano le queda el consuelo de poder retener la única banca que pone en juego y asegurarse superar a Ciudad Futura para ser el segundo partido más votado. Suena a demasiado poco.

 

Foto principal: Gabriel Durando

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