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Por Federico Baldomá (columnista invitado)

Todos los médicos que alguna vez hicimos guardia la conocemos bien… esa sensación como de un malestar en la panza o de un vacío leve, nada grave, nada dramático. El sinsabor del domingo de sol, a la mañana temprano cuando vamos a trabajar es muy singular. La conciencia repentina de lo que ese día luminoso tenía para ofrecernos y no nos va a tocar esta vez. Bueno, a otra cosa, entramos al hospital y ya está, se diluye. Después el trabajo es parecido al de otro día, lo de siempre.

Últimamente los días feriados en nuestra ciudad amanecen sembrados de cuadrillas de empleados municipales, cortando el pasto, arreglando calles, limpiando cunetas. En fin, haciendo que el día presentado como feriado no lo sea para ellos. Me llamó la atención. Puse algo en las redes y la mirada fue mayoritariamente favorable a la estrategia municipal, entonces me pareció oportuno mostrar mi punto de vista, que suele ser más apoyado en preguntas que en certezas.

Mi primer interrogante es si necesitamos ese esfuerzo extra de los servidores públicos. Me acerqué a uno de los trabajadores y me confirmó que, efectivamente, la oferta era voluntaria y se les pagaba como horas extras.

Me recordó al episodio vivido en nuestra ciudad, en el que un fallo judicial habilitó el debate acerca de si los grandes supermercados debían cerrar los domingos (técnicamente era más compleja la contienda) y en ese momento creí que tenía que militar dicha causa. Los protagonistas, los empleados de esas cadenas, no tenían una postura homogénea. Muchos decían que trabajando el franco aumentaban considerablemente las ganancias.

En cualquier caso la aceptación masiva de la propuesta por parte del personal remunerado solo puede ser entendida en el contexto de la pauperización continua de los salarios. Existe un índice, creado por un medio de comunicación, que es tan simpático como dramático, llamado “índice asado” que expresa la cantidad de kilos de esos cortes vacunos que se pueden adquirir con un salario mínimo. No para de bajar, lo sabemos. Esto explica la necesidad del empleado de trabajar el franco, a ver si lo consigue: al kilo de asado, o a unas zapatillas para los chicos, o la plata para pagar la luz.

Puede decirse que es un planteo burgués y clasemediero. Sí, pero viene a mi mente la voz de Teresa Parodi, que en el disco “El Purajhei” (de ¡1985!) tiene entre tantas perlas musicales y sociales, escritas desde una sensibilidad admirable. Una cuyo nombre le pido prestado para titular esta columna en la que cuenta la discusión matinal y dominguera entre un correntino y su mujer, que se da cuando al señor lo viene a buscar su patrón para trabajar. Él se está por ir y la mujer le tira la bronca. La respuesta de él dice más o menos: “(… ) ya sé que no mejoramos, aunque trabaje en domingo. Abuenate ya conmigo, dejáme creer que puedo mejorar nuestro destino (…)” Los versos están mezclados, pero la tensión no es nueva.

También es cierto que es un planteo urbano, en los trabajos rurales no hay francos. Pero en nuestras sociedades tiene al menos un siglo la idea de dedicar días festivos al ocio, a la familia, a los vínculos, a las prácticas religiosas, al deporte, al arte. En el mundo ultracapitalista y consumista donde lo más virtuoso es producir, trabajar para consumir y volver a producir, creo que caben estas preguntas. Es el mismo mundo en el que países desarrollados, y no precisamente socialistas, van madurando la idea de disminuir los días de trabajo o las horas para poder ofrecer más fuentes laborales en esquemas de producción en los que la tecnología va reemplazando al ser humano.

Son preguntas. Si algo nos está enseñando la pandemia es que muchas cosas no son tan fundamentales, ni tan urgentes. Otras sí.

El Estado municipal haciendo que la escena local de un feriado parezca la de un día dedicado al trabajo no es algo necesariamente negativo, de hecho no lo es para mucha gente, pero a mí me abre preguntas. Me hace reflexionar acerca de cuáles son los valores que preferimos privilegiar como sociedad. Y en este sentido probablemente el estado tenga un rol. Son valores. El trabajo es un valor, claro que sí, pero hay otros.

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