Eslovaquia es uno de los estados modernos de Europa, escisión de la vieja Checoslovaquia, del que los argentinos no sabemos demasiado en general, dado que no es potencia futbolística ni es uno de los destinos turísticos más frecuentes. Sin embargo, por aquellas tierras hay tres venadenses que en estos días están viviendo una experiencia extraordinaria, descubriendo pueblos, paisajes y personas a través de la música, su gran pasión que los llevó a ese viaje impensando.
Como trío, Omar Olmedo (guitarra y voz), Edgardo “Negro” Vélez (piano) y Adrián Pompei (bajo) lideran musicalmente a la agrupación Pampa Compañía, dirigida por Carlos “Caly” Suárez, que lleva danzas y sonidos típicos de nuestra tierra hacia aquellos lejanos horizontes. De hecho, es el primer ballet sudamericano en participar en el Festival Folclórico Internacional de Novohrad, que también se desarrolla en Hungría.
“Somos 23 personas que estamos haciendo una gira y vinimos a un festival que se hace todos los años acá en Eslovaquia, pero también se sale a diferentes pueblos a bailar y mostrar nuestro folclore argentino, además de tango”, resalta Pompei en diálogo con Venado24 a distancia.
El público queda maravillado con el malambo y las danzas con boleadoras, pero también se conmueven con el tango y terminan en un clima festivo entre carnavalitos y alguna cumbia que al grupo siempre se le escapa, haciendo bailar a un público que se presenta muy serio en el comienzo.
“Hay muchos pueblos cada 10, 15 o 20 kilómetros, lugares chicos. Por ejemplo hoy estuvimos en un pueblo de 190 habitantes y obviamente estaban todos ahí y se armó una fiesta porque fueron a ver a este grupo de argentinos, y después cenamos una comida típica de acá. Hay un recibimiento muy lindo a cada lugar que vamos”, resalta Vélez.
Olmedo y Pompei ya habían participado de una gira anterior con esta misma compañía en Portugal, y ahora volvieron a ser convocados, sumando al Negro Vélez. “La compañía es de Santa Rosa (La Pampa) y hacen convocatorias de artistas, músicos y bailarines, y después se hace una selección. Son 30 personas en total y se hacen estas giras tan lindas para representar a nuestro folclore y nuestro tango, disfrutando del intercambio con las nuevas culturas que vamos conociendo”, valoró Olmedo.
Naturalmente, el tango es muy popular en toda Europa, pero el público “se sorprende con nuestro folclore, que es muy variado y a la gente le gusta muchísimo. No nos imaginábamos que iban a salir a bailar un carnavalito, hacer una ronda o un trencito. Es muy lindo lo que pasa”, describió Olmedo, referente de la movida folclórica local.
Destino impensado
Para los músicos, el destino de Eslovaquia resultaba casi enigmático. Más allá del googleo previo al viaje, no sabían muy bien qué se iban a encontrar por aquellas tierras. “Como referencia más cercana teníamos a Budapest, que es un lugar mundialmente más conocido, y de hecho lo vamos a visitar porque tenemos unos días libres, pero acá es todo novedoso para nosotros”, asegura el Negro Vélez.
Pompei cuenta que estuvieron participando de la presentación del festival que se hizo frente a un castillo construido en 1310: “Para nosotros fue una cosa tremenda, impresionante, nunca había visto un castillo tan de cerca y tuvimos la posibilidad de estar ahí y entrar”. En cambio, los paisajes rurales se parecen bastante a los nuestros, con siembras de trigo y sorgo.
Otra cuestión que destaca este trío de venadenses -que permanecerán en gira hasta el 3 de agosto- es el clima que se vive en estos días: “Es alucinante, unos días hermosos de 26 o 28 grados pero sin humedad. Es perfecto para caminar y disfrutar, y encima a la noche refresca”, describe Vélez.
Experiencia vital
Omar Olmedo disfruta la experiencia y entiende que es “un premio al laburo que hace uno toda la vida, y permite seguir aprendiendo, porque en la música nunca se termina de aprender”.
Adrián Pompei valora que están haciendo una vida de músicos profesionales, porque “te llevan y te traen, tenés todo lo básico con el hotel y la comida, y nosotros tenemos que llegar a un lugar, colgarnos los instrumentos, enchufar y tocar. Nosotros estamos acostumbrados a manejar, llegar y armar el sonido, tocar toda la noche, desarmar y volver a cualquier hora. Acá hacemos lo que sueña cualquier músico: llegar, enchufar y tocar”.
A modo de reflexión final, el bajista señaló: “También es una caricia al alma, porque no tenemos 20 años y que nos pase esto a esta altura y a esta edad es muy importante. Haber tenido esta posibilidad es como que te hace sentir vivo todavía”.











