Política y sociedadCurar la diabetes es posible: Un año sin insulina, la historia de Mateo

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Cada vez más estudios lo demuestran; y Mateo lo vive en carne propia: revertir la diabetes es una realidad.

Junto con la obesidad, a la que está asociada, la diabetes es una verdadera epidemia global, nacional y local. Los datos son alarmantes. Por ejemplo, se estima que en EE.UU. la mitad de los adultos son pre-diabéticos, y que la mayoría de los niños que hoy tienen 2 años serán adultos diabéticos1. Venado Tuerto no escapa a este flagelo; en sólo 12 años la diabetes aumentó un 40% y la obesidad, un 35%2. Las explicaciones son múltiples y diversas, pero una se destaca holgadamente: nuestra cultura alimentaria se ha distorsionado, superando límites impensados. Productos (ya no alimentos) ultraprocesados, ricos en azúcares y combinaciones industriales inéditas, impulsados por una maquinaria comercial infalible y habilitados por cínicas políticas de mercado, han generado un verdadero ambiente “obesogénico” que nos atrapa y nos enferma.

Mateo

Croata de ascendencia, generoso y locuaz en su esencia; a los 65 años este jubilado municipal; diestro dactilógrafo y futbolero amante del “Rojo”, atravesaba su peor momento de salud. Avanzaba sin pausa por el camino que esta cultura alimentaria nos impone. Desde bien joven fue sumando kilos y problemas a su cuerpo. A los 20 años pesaba 100; a los 40, 140; a los 60, 170 kg. Sin embargo, nunca se resignó. Con mucho esfuerzo, Mateo quería al menos ponerle un freno a la balanza, que el miércoles 6 de septiembre de 2017 gritó 180 kg. En 20 años siguió al detalle distintos planes nutricionales, siempre con buenos resultados iniciales. En cierta ocasión llegó a bajar 20 kg. Sin embargo, indefectiblemente, más tarde o más temprano, el “yo-yo” no perdonaba. Volvía al peso inicial, o peor aún, lo sobrepasaba.

Cuando cumplió 40 le diagnosticaron diabetes, y empezó a recibir medicación para tratarla. Fue el principio de un proceso que hoy en día – erróneamente – se acepta como un hecho natural. Los primeros fármacos no fueron suficientes, así que nuevas drogas se agregaron para lograr contener el fuego, aunque sea sólo por un tiempo.

Junto con la obesidad, los trastornos metabólicos se acentuaron. Ya no había medicación que alcanzara; y entonces la temida insulina se sumó al cóctel; hace ya 15 años. Bajas dosis al principio; y luego, siguiendo el “proceso natural”, dosis cada vez mayores. Ese miércoles, como cada día de los últimos años, necesitó 80 unidades para mantener la glicemia a raya. Pero la lucha estaba difícil, y Mateo sabía que en cualquier momento sería necesario cargar más insulina a la inyección.

La propuesta

Desde hace varios años se está afianzando una alternativa para el manejo de la diabetes, la obesidad y el amplio abanico de condiciones asociadas a ellas. La estrategia consiste en bajar la carga de azúcar que incorporamos a nuestro organismo. Concretamente, alimentos enteros, no procesados, bajos en hidratos de carbono (ver recuadro).

Aunque por ahora contradice conceptos centrales de las recomendaciones clásicas, tiene sentido desde cualquier perspectiva:

  • Perspectiva evolutiva: durante millones de años nos adaptamos a comer alimentos naturales o poco procesados, por lo general bajos en hidratos de carbono. La obesidad y la diabetes eran inexistentes, o al menos una rareza absoluta3.
  • Perspectiva biológica: menos azúcar es menos glicemia en sangre, es menos necesidad de insulina, y en definitiva es menos inflamación y daño a nuestro cuerpo.
  • Perspectiva científica: muchos estudios demuestran una y otra vez que los pacientes que adoptan esta alimentación mejoran mucho más su enfermedad en comparación con los que siguen las recomendaciones clásicas4-11
  • Mateo Imagen 20.

Un nuevo camino

Al día siguiente -hace exactamente un año- Mateo aceptó la propuesta y comenzó un nuevo camino. No sólo cambió la calidad de su comida –alimentos no procesados bajos en hidratos de carbono-; sino también, su frecuencia. Atento a sus verdaderas necesidades, elige comer sólo cuando su cuerpo realmente lo demanda.

Corrigió su apetito –con muchos menos antojos-; y mejoró la calidad del sueño, su energía y su humor. ¡Son ahora más leves los berrinches que le provoca ver jugar a su Independiente querido!

Su enfermedad y su cuerpo viven un cambio radical. Los niveles de azúcar en sangre; los parámetros de inflamación; y muchos otros indicadores de salud se normalizaron, o mejoraron notablemente. Después de un año, esos 180 kg se desplomaron a 144 (ver gráfico). ¡Más de 35 kg sin rebotes significativos! Y mientras mantenga esta forma de vida, todo indica que seguirá bajando.

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También desaparecieron los molestos dolores y hormigueos en las manos, producto de “nervios heridos” por tantos años de diabetes (neuropatía diabética).

Pero hay un cambio que aún le cuesta creer y que ocurrió mucho antes de lo esperado. Mateo pudo liberarse de la insulina. Así es. De 80 unidades por día (una dosis bien alta) a 0 (cero) unidades. Con una sonrisa burlona, orgulloso, me lo recuerda cada vez que puede: “Nene, las lapiceras están bien guardaditas en la puerta de la heladera, ¿sabés?”.

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También suspendió la mayoría de la medicación antidiabética. Sólo recibe una baja dosis de metformina, más como “prevención” que como “tratamiento”.

Por supuesto, menos medicamentos implican un gran ahorro monetario. El costo de las drogas y la insulina suspendida ascienden a un valor de casi $140.000 por año. Y por supuesto, ¡los 1500 pinchazos ahorrados en este tiempo son un tremendo alivio para Mateo y su panza!

Estos logros no pasan desapercibidos en su entorno. Su ejemplo empieza a generar algo que lo motiva aún más: inspirar a otros. “Para mí sería muy gratificante que alguien aproveche esta experiencia, estoy a disposición”. Poco a poco otros pacientes obesos y diabéticos recurren a él para conocer su testimonio y llevarse algún consejo valioso.

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Las claves del éxito

Este amante de las bochas y narrador aficionado (difícil meter bocado cuando él se larga a hablar) jamás hubiera revertido su enfermedad sin la tenacidad y perseverancia que lo distinguen; y mucho menos, sin el apoyo de su familia, que lo colma de cariño y aliento. En especial, nada de todo esto sería posible sin Ester, su incondicional compañera desde hace más de 50 años. Con admirable vocación de cuidado y compañía, lo asiste, incansable, en cada paso que da.

Sin embargo, por desgracia, este precioso apoyo es insuficiente. Muchos otros pacientes lo tienen; y son derrotados una y otra vez en cada batalla contra su enfermedad.

Es que para vencer a la diabetes y a la obesidad (y al sinfín de condiciones adjuntas) es crucial un arma olvidada. Una alimentación acorde a nuestra historia, respaldada por buena ciencia, y comprobada por cada vez más “Mateos”.

 —–

Autor: Dr. Mauro Tortolo.  Especialista en Clínica Médica. Reg. Esp. 13/796

Puentes Salud. Catamarca 310. Venado Tuerto, Santa Fe. Tel. 03462-420463

Aclaración: 

[1]En el caso presentado, el término “curar” es inapropiado desde una perspectiva médico-científica. Cuando se logra una mejoría sostenida de una enfermedad crónica, que habilita la suspensión de la medicación específica, se acepta que no hubo “curación” ya que el proceso patológico está latente y puede reactivarse. Lo correcto sería reemplazar “curar” por “revertir” o “lograr la remisión de”. Sin embargo, hecha esta advertencia, se prefiere el primer término para favorecer la comprensión del público general.

Referencias:

  1. Ludwig D; Rogoff K. The Toll of America’s Obesity. New York Times. 9 de agosto de 2018.
  2. Vilariño J; et al. Aumento de la prevalencia de diabetes tipo 2 y obesidad en la zona central de Argentina (1997-2010): Un estudio multietápico sistemático de base demográfica. Estudio Venado Tuerto 2 (VT-2). Revista de la Asociación Latinoamericana de Diabetes. 2015.
  3. Aguirre P, (2017), “Una historia social de la comida”. Buenos Aires; Argentina. Lugar Editorial.
  4. Meng Y; et al. Efficacy of low carbohydrate diet for type 2 diabetes mellitus management: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Diabetes Res Clin Pract. 2017 Sep;131:124-131.
  5. Sackner-Bernstein J; et al. Dietary Intervention for Overweight and Obese Adults: Comparison of Low-Carbohydrate and Low-Fat Diets. A Meta-Analysis. PLoS One. 2015 Oct 20;
  6. Bueno NB; et al. Very-low-carbohydrate ketogenic diet v. low-fat diet for long-term weight loss: a meta-analysis of randomised controlled trials. Br J Nutr. 2013 Oct;110(7):1178-87.
  7. Santos FL; et al. Systematic review and meta-analysis of clinical trials of the effects of low carbohydrate diets on cardiovascular risk factors. Obes Rev. 2012 Nov;13(11):1048-66.
  8. Foster GD1; et al. Weight and metabolic outcomes after 2 years on a low-carbohydrate versus low-fat diet: a randomized trial. Ann Intern Med. 2010 Aug 3;153(3):147-57.
  9. Iqbal N. Effects of a low-intensity intervention that prescribed a low-carbohydrate vs. a low-fat diet in obese, diabetic participants. Obesity (Silver Spring). 2010 Sep;18(9):1733-8.
  10. Sacks FM; et al. Comparison of weight-loss diets with different compositions of fat, protein, and carbohydrates. N Engl J Med. 2009 Feb 26;360(9):859-73.
  11. Shai I; et al. Weight loss with a low-carbohydrate, Mediterranean, or low-fat diet. N Engl J Med. 2008 Jul 17;359(3):229-41.
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