CiudadMovimiento Luz: historia de una plaza colmada en plena dictadura con arte y política

Juan Miserere16/11/2024
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Una plaza colmada con miles de venadenses que en plena dictadura militar se manifestaron a través del arte, pero diciendo mucho más, con consignas de apertura democrática. La historia es más o menos conocida, eso que se llamó Luz, movimiento Pro Arte y Cultura; tiene ahora un documento tangible que será material de consulta obligado cada vez que se referencie esa experiencia. Es el libro escrito por Manuel Herbas, a partir de un exhaustivo trabajo de entrevistas (que se pueden encontrar completas en Youtube), que fue presentado el viernes por la tarde en la Biblioteca Florentino Ameghino, en el marco de la Fiesta Provincial del Teatro.

No es casual la referencia, porque aquel encuentro gestado en 1982 tuvo como uno de sus grandes motores a los grupos teatrales que ya se venían desarrollando en la ciudad, como dejaron plasmado Horacio “Ñoti” Martínez y Oscar Barotto, que fueron dos de los invitados a participar de la presentación. A ellos se sumaron Roberto Meier, Carlos “Cane” Rosenzvaig y Alejandro Videla, que compartieron la mesa principal con Herbas. También se plegaron Walter Abaca con la lectura de poemas y Noralí Brutto junto a Juan Enriquez para la música.

Hablar de Luz implica hablar de historias de resistencia a la dictadura. Como le gusta decir a Ñoti Martínez, “hacíamos teatro porque no podíamos hacer política”, que parecía ser el interés de fondo en un contexto donde la política estaba prohibida. Por eso las bibliotecas (tanto Alberdi como Ameghino) ya eran espacios que contenían a esos grupos teatrales donde hombres y mujeres le ponían el cuerpo a esa forma de resistir desde el arte.

Por múltiples razones, afirman que “el 10 por ciento de la población de la ciudad ocupó la plaza con expresiones artísticas aquella jornada de octubre de 1982”. Fue la primera, hubo otra en 1983 y distintas actividades ya entrada la democracia.

La figura de Pablo Sevilla sobrevoló toda la charla, quedando en claro que si bien aquella fue una expresión colectiva, sin su presencia no habría sido posible la concreción. Al menos con la potencia que terminó teniendo. Por eso la introducción fue con Abaca leyendo poemas de Sevilla, un autor notable cuya obra permanece desperdigada entre sus afectos, quizás a la espera de una compilación y publicación que le haga justicia.

También aparecieron otros nombres fundamentales como el de Juan Carlos Rodríguez, quien logró amplificar ese encuentro desde las páginas de La Ciudad, el semanario de mayor tirada en esos años.

Recorte del periódico La Ciudad, octubre de 1982 (Fuente: Archivo Histórico Digital).

Como lo hizo en el libro, Herbas realizó una breve introducción para cederles la palabra a los invitados, que son parte de esa historia coral, de ese hecho artístico, cultural y político que para muchos fue el nacimiento de algo, pero que al mismo tiempo “fue el afianzamiento de muchos años de lucha”, como expresó Barotto, quien cerró con un mensaje entre la advertencia y la esperanza: “En los momentos que estamos viviendo, que no nos sorprenda si tenemos que hacer otro Luz”.

Roberto Meier, entonces un joven ingeniero y docente, contó otro costado de la historia, que tiene que ver con un movimiento contra la guerra de Malvinas que germinó en las aulas de El Industrial, con Fernando Peirone como uno de los motores. Desde ese ámbito también se empujó para que Luz termine siendo lo que fue, que además terminó permitiendo que surja la experiencia de La Biblio, porque había que encontrar un espacio físico para que Luz no sea un destello de un día y tenga continuidad.

Rosenzvaig no necesita pruebas para garantizar que “no hubo un movimiento cultural de esta característica en otro lugar del país” en plena dictadura. Y el aporte de Videla también resultó clave porque en aquel octubre de 1982 la guerra estaba demasiado fresca. Por eso su participación no fue menor: era un adolescente que estaba tratando de volver de las islas y se instaló con recortes periodísticos de Malvinas en un pizarrón en una esquina de la plaza, para contar su verdad.

El teatro, la música, las artes plásticas, el rechazo a la dictadura, Malvinas, la efervescencia juvenil, el reclamo por la vuelta de la democracia, la necesidad de apertura en todo sentido, la plaza San Martín, los venadenses y su cultura. Todo eso fue artífice de aquella jornada histórica, de un movimiento que se llamó Luz y que alumbró otra ciudad que estaba lista para expresarse.

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