Arte y espectáculosCiudadMúsicaSocialesLeo Genovese, siempre al servicio de la música

Juan Miserere23/12/2018
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Caminar estas calles, encontrar esos rostros, sentir el calor del seno familiar. Ese es el remanso anual para la vorágine de pianos, giras, aviones y creatividad sin límites de Leo Genovese. Bueno, en realidad no hay demasiado margen para alejarse de las teclas, porque el músico venadense apenas puso un pie en estos suelos ya estaba listo para subirse a proyectos artísticos tan disímiles como tentadores. Un trío con Mariano Otero y Sergio Verdinelli por un lado, presentar luego un disco grabado un día de encuentro con Mono Fontana y Hernán Jacinto, o incluso ser gestor -de manera casi inconsciente- del encuentro de dos de los músicos más emblemáticos de Venado Tuerto: Jota Morelli y Quintino Cinalli.

Es que Leo siempre fue un gran aglutinador de gente que -a simple vista- pertenece a palos diferentes, que pisan las mismas veredas y circulan por los mismos bares, pero no se juntan. Sin embargo, este jazzero que salta siempre sin red, los junta. Porque llega a Venado y no se encierra en una torre de marfil como una estrella, sino que casi sin hacer ruido, aparece tocando temas en una presentación de libros comandada por su amigo de la infancia Nicolás Manzi. O presentándose en plan familiar en el corte de calle de La Sasasa, o metiendo alguna magia en un tema de la propia orquesta local. Y cuando uno saca cuentas, nota que se dedicó a revolucionar la ciudad en pocos días. Sólo hay que estar atento para encontrarlo.

Además de su habitual virtud de ofrecer su arte sin pedir nada a cambio más que compartir amistad, esta vez Genovese se entusiasma por esta presentación junto a Jota y Quintino (el viernes 28 en El Sitio, San Martín 455), en un encuentro tan inédito como esperado. Aunque la idea haya sido de Farol Ibargüen, no hay dudas que la presencia de Leo simplificó la misión, porque todos quieren hacer música con el niño terrible (que en realidad ya tiene poco de niño porque está pisando los 40) que potencia todo lo que toca. Por algo de Esperanza Spalding a Residente, de Wayne Shorter a Herbie Hancock, todos disfrutan de tocar con Leo. El mismo que ahora ceba mates y toca en el piano una canción infantil para su sobrina, y al que le cuesta encontrar unos días de relax entre tanta vorágine musical.

Con Quintino y Jota

No fue mi iniciativa armarlo, pero mi presencia capaz ayudó a impulsar la idea. Me pareció una causa muy añorada y esperada, por eso no hubo duda en decir que sí, que ya tocaba hacerlo. Me acuerdo antes de irme, cuando tocaba con Guillermo Berrino y el Saya (Mariano Sayago), hace como veinte años, estábamos zapando en un estudio con Quintino y apareció Jota y tocaron un tema juntos, creo que algo de Weather Reaport, y fue una de las experiencias rítmicas más grossas que había tenido hasta ese entonces. Y veinte años más tarde -después de haber tocado con mucha gente de renombre- esa experiencia sigue marcada como una de las más grossas que tuve como músico”, cuenta Genovese.

Incluso el pianista se anima a soñar con que este trío (que en realidad será cuarteto con el bajista Matías Méndez que se suma) tenga vida más allá de este encuentro: “Es como una pelota que estaba ahí picando y nunca dejó de picar, por eso estoy muy contento de poder compartir el mundo del sonido con ellos dos al mismo tiempo. Yo he tocado con los dos, y creo que este puede ser el principio de un nuevo proyecto”.

-¿Le ves un futuro más allá de este toque en Venado?

-Sí, tiene un potencial infinito… nos hemos mandado ideas de temas, de canciones y de músicas. Ya vamos a ir hilando fino el repertorio. Si bien nos gustan los mismos músicos y escuchamos músicas parecidas, y si bien Quintino y Jota se desprenden de una raíz de música de diáspora afroamericana, de repente Jota con estilos que abordan más desde el funk, el soul y el RnB; mientras que Quintino se vincula más desde el candombe, el Río de la Plata y el folklore. Son árboles de la misma raíz que han dado distintos frutos. Estamos todos ansiosos de ver qué fruto sale de ahí.

-¿Notás que sos un gran aglutinador de gente? Porque mantenés los mismos vínculos con personas de acá desde hace muchos años, que estando en Venado no se juntan hasta que aparecés vos.

-Es algo natural, no es muy agendado. Con la gente que me cae bien, con la que tengo afinidad y me gusta pasar un rato, tomar una cerveza, un café o un helado, trato de hacerlo. No me interesa si tocan punk rock o María Elena Walsh, la música siempre es bienvenida y hace bien.

Foto: Alejandro Pedrosa

Gestando proyectos

Apenas pisó suelo argentino, se puso a tocar. Así es Leo. “Con Hernán Jacinto y el Mono Fontana nos juntamos hace un par de años a ‘jamear’ y eso se grabó sin ideas previas ni arreglos ni temas compuestos. Nos escuchamos para reflejar ideas y charlar musicalmente entre nosotros, quedó guardado, este año lo reescuchamos, nos gustó y Tweety González se entusiasmó y lo editó como disco en su sello digital”, relata el venadense sobre esta experiencia con dos exmúsicos de Luis Alberto Spinetta.

Ahora que estaba la posibilidad de reunirse, decidieron presentar ese disco, llamado “Shouting”: “Dos años más tarde nos dijimos ‘hola’ desde las blancas y las negras. Me da la impresión de que ahí tenemos un grupo, muy poco habitual porque somos tres tecladistas en el mismo escenario y sin ningún otro músico. Es muy lindo y espero que continúe, una vez al año, una vez por década o una vez por siglo, o hacer una gira”, dice Leo.

En paralelo, en estos días surgió otro proyecto junto al contrabajista Mariano Otero, “a quien conocí en Nueva York cuando fue a grabar con Vicentico. Ya nos habíamos conocido en un festival cuando él tocaba con Fito y yo con Residente, y después estuvo en mi casa, estuvimos jameando un poco y tuvimos alta afinidad humana  y musical, entonces decidimos tocar, sumamos a Sergio Verdinelli en batería y apenas llegué al país hicimos una presentación, que se armó en diez minutos en la prueba de sonido. Luego grabamos durante dos tardes seguidas en Buenos Aires, en el estudio de Mariano, y creo que tenemos uno o dos discos”, cuenta con entusiasmo. Y otra vez: hay idea de presentación, conciertos y giras.

Un músico argentino

-En el último tiempo te estás juntando con mayor frecuencia con músicos argentinos. ¿Es algo buscado o simplemente se fue dando?

-Fue algo pendiente, porque desde que me fui -y más sin haber vivido nunca en Buenos Aires- no tuve la chance de compartir con ellos. Estaba en el tintero y me gustaría seguir compartiendo con músicos locales de cualquier palo. Siempre los escuché y aprendí de ellos, pero no tuve la chance de compartir.

-¿Hay otra proximidad al hacer música con otro argentino? Más allá que el lenguaje de la música es universal y sobre todo en el mundo del jazz…

-Hay otro tipo de complicidad instantánea, otro tipo de humor y de entendimiento. Todo eso moldea a la música de alguna forma. El lenguaje argento siempre me cautivó, porque hay algo que el grupo comparte y es desde donde nace la magia, a partir de la confianza de cerrar los ojos y dejarse llevar por el que está tocando al lado. Igual eso se nutre y se cultiva, pero a veces se siente desde el primer abrazo que te das con alguien. Y eso es algo que no quiero que falte en ningún grupo donde formo parte. Quiero que algo de esa complicidad artística exista, porque se siente al tocar y lo siente el que escucha.

-¿Qué te dejó este 2018?

-Cada año es de mucho aprendizaje y lecciones. De cada músico con el que toqué aprendí algo en cada concierto. Son infinitas locas anécdotas, con muchísima música y muchísimos kilómetros recorridos. Giramos mucho con Residente y tuve chances de tocar con otros proyectos de jazz, música africana o canciones… bandas con la que venía trabajando de antes y habían quedado un poco relegadas por falta de tiempo. Ponerse al servicio de la música lleva un proceso que de a poco me está saliendo más natural.

La familia Genovese junto al Duende Garnica/Foto: Ver TV

Tuertos de piano

Caminante del mundo, Leo se siente tan venadense como el que más, por eso siempre se mantiene al tanto de las cuestiones locales. Y hay un tema que lo preocupa en particular: que la ciudad tenga un buen piano. Cada vez que se presenta en formato jazzero, Genovese reniega de no poder tocar con el instrumento adecuado, teniendo que adaptarse a algunos teclados que siempre terminan rotos por su forma de darle a las teclas.

En Venado hay que rescatar el piano del Centro Cultural, lugar con el que no sé qué está pasando. Ahí hay un piano en agonía, que está bueno y habría que entrar con un equipo de rescatistas para moverlo de la sala 2 y llevarlo a otro teatro de Venado, porque ninguno tiene piano en este momento”, señaló.

Genovese tiene en claro que “a veces un piano no está contemplado entre las necesidades básicas de una ciudad, pero sí sé que hay un piano que se está echando a perder y por poco podría ser movido a un lugar y restaurado, y gracias a ese instrumento podríamos tener la presencia de grandes pianistas que vengan a dar conciertos, orquestas; y eso fomentaría mucho a la escuela pianística venadense. En una ciudad de la que salió el maestro Gustavo Beytelmann no tener un piano… Yo ya hice muchos reclamos por micrófono ante gente importante del gobierno de la ciudad, hice mis piquetes culturales como pude, que fueron escuchados pero no atendidos”, lamenta.

Para que no queden dudas, remarca: “Un piano no es un mueble, es un instrumento para el bien de todos, si viene un pianista de visita y toca, es para el bien de todos porque es cultura. En la provincia de Remo Pignoni debería haber pianos en todos los pueblos. Por eso pido que rescaten el piano del Centro Cultural, no dejen que se pudra ni que se le caiga un cascote arriba, es un Steinway & Sons, que es la marca más querida y reconocida del mundo. La última vez que tuve la chance de tocarlo, me pareció un instrumento que vale la pena ser restaurado, es ‘el’ piano de Venado Tuerto. Es como que se destruya el venadito de la plaza”, comparó. Tal vez ahora, el pedido sea oído…

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