Con un par de días de diferencia, Venado Tuerto vio nacer dos locales comerciales de un rubro que ya parecía extinto, porque de repente, después de casi seis años de ausencia, hay dos disquerías nuevas en la ciudad. Cada una con su estilo y personalidad, pero los melómanos y –por qué no- nostálgicos de los formatos físicos tienen motivos para celebrar.
Desde que Musicomanía cerró sus puertas allá por 2019 en el local de calle Belgrano, parecía que nunca más Venado Tuerto iba a contar con un lugar donde comprar música en vinilos o CD’s, pero como si fuera una burla del destino, la semana pasada abrió sus puertas La Disquería VT y unos días más tarde lo hizo Herrecords, una tienda de rock donde los discos compactos tienen su protagonismo.
A tan solo 50 metros de la plaza San Martín, por avenida Hipólito Yrigoyen, Jonatan Espinosa se decidió a materializar el negocio que viene sosteniendo online desde antes de la pandemia. La Disquería VT venía comercializando desde las plataformas digitales a todo el país e incluso a mercados insospechados como Israel, donde siguen teniendo éxito las canciones de Chiquititas o Erreway.
Jonatan Espinosa recorre las bateas de su disquería.
Cuando le empezó a quedar chico el espacio en su casa, Jonatan tenía que salir a alquilar un depósito donde guardar todos los discos, y apareció la posibilidad de este local céntrico que comparte con su hermano Javier, que vende insumos informáticos. Entonces La Disquería dejó de estar exclusivamente en el mundo virtual para ser también accesible al público, y el impacto fue muy positivo.
“El sábado había gente afuera esperando para entrar”, cuenta el propietario. En el local hay una enorme cantidad de CD’s, muchos de ellos formaron parte del catálogo de Musicomanía, porque Jonatan compró todo lo que quedó tras la liquidación por cierre del comercio de la familia Belolo. Por eso también hay una lista increíble de casetes, que salvo poquísimas excepciones ya no se editan. Y ahí se pueden adquirir a precios muy accesibles.
Pero la vedette del local son los vinilos, que son el material más buscado por los compradores. The Beatles, David Bowie, Iron Maiden y Queen conviven en las bateas con Sumo y Taylor Swift, y hasta se puede ver asomando por el fondo una reedición de “Artaud”, el clásico de Luis Alberto Spinetta con su tapa deforme diseñada por Juan Gatti. También están las cajas especiales con reediciones de Metallica, Abba o Miles Davis. La cantidad y calidad del material es increíble.
“No podría definir un público, viene gente de todas las edades a buscar música. Están los de más de 30 que tienen su bandeja y escuchan en vinilo, pero también padres con sus hijos y cada uno se lleva su propia música”, destaca Jonatan, que también ofrece en el local equipos de audio a diferentes precios. Algunas bandejas más profesionales, otras más hogareñas, reproductores de CD’s portátiles y minicomponentes que incluyen hasta una casetera.
“Estoy muy contento, me sorprendió mucho la respuesta que se dio en los primeros días”, destaca Jonatan, seguro de haber creado un reducto ineludible para los amantes de la música.
Cueva de rock
Con otro formato, a metros de la Terminal por calle Quintana, Adrián Herrero montó su “cueva” rockera: Herrecords es la evolución natural de la feria que venía llevando por diferentes eventos y recitales de la ciudad y la región, siempre identificado con un público más metalero, pero extendido al rock nacional e internacional.
Adrián Herrero, bien custodiado por la imagen de Ricardo Iorio.
En su local hay remeras, accesorios de lo más diversos, libros y montones de CD’s: nacionales, importados e independientes. Hay que revolver y aparecen gemas imperdibles. Este fin de semana inauguró el local después de feriar durante tres años en la ciudad y algún tiempo mayor por los motoencuentros, además de vender por plataformas digitales. Todo ello seguirá conviviendo con el local.
Aunque el camino de Herrero hasta tener su disquería fue diferente, porque primero creó su propio sello discográfico editando a bandas de metal y punk rock, tanto en CD como en casete, lo que le permitió armar una distribuidora. De eso pasaron siete años, pero cuando la edición física se comenzó a tornar demasiado onerosa para un mercado muy chico, la feria fue ganando lugar y fue sumando clientes.
“Me sorprende ver a muchos adolescentes que vienen a comprar CD’s, por ahí te cuentan que encontraron los discos de los padres, tienen un equipo y empiezan a buscar ellos su música. El otro día vinieron dos pibes a buscar un disco de Black Sabbath”, resalta.
En su local, custodiado por una gigantografía de Ricardo Iorio, también hay algunos vinilos, entre ellos los siete volúmenes de Pappo’s Blues con hermosas reediciones.
Para todos los gustos
En estos tiempos tan particulares de la economía argentina, que se tornó un país caro en dólares, de repente se achicó la brecha con las ediciones importadas. Dependiendo el tipo de material y el origen, los CD’s se consiguen a un promedio entre 15 y 20 mil pesos, mientras que para un vinilo hay que empezar a hablar por encima de los 30 mil pesos, aunque hay ediciones especiales que pueden irse a las seis cifras. Los vendedores aseguran que el público es variado: el que tiene el hábito de escuchar música en vinilo detrás de una fidelidad de audio nunca igualada, el fetichista del disco-objeto que ni siquiera lo abre o el nostálgico que se resiste a las plataformas digitales o escuchar música desde un teléfono. En cualquier caso, bienvenidas las disquerías una vez más a la ciudad.












