Ciudad“Familias solidarias” y adopción, un debate necesario que nunca es prioridad

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Como en el resto del país, la provincia de Santa Fe cuenta con un programa de Acogimiento Familiar, también conocido como Familias Solidarias, que tiene por objetivo brindarle alojamiento a niñas, niños y adolescentes que se encuentren bajo una medida de protección excepcional en ámbitos familiares alternativos no institucionalizados, en forma transitoria.

El objetivo de este programa, tal como señala la página oficial de la Provincia, es “minimizar los efectos que producen para un niño, niña o adolescente la separación de su familia de origen”, al verse vulnerados sus derechos. Sin embargo, en la práctica, el sistema presenta muchas dificultades, con situaciones que no son las ideales para los propios niños ni para las familias de acogimiento.

Por eso, un grupo de alrededor de 15 familias, la mayoría de Venado Tuerto, comenzaron a ponerse en contacto para compartir sus experiencias y reclamar mejoras en el sistema. “Esto no es nuevo, los problemas se vienen arrastrando a nivel nacional y provincial desde hace varios años, y lo que sucede es que te dejan a los chicos sin acompañamiento, la Secretaría de Niñez tiene muy pocos recursos, no hay un control ni visitas. Las familias solidarias estamos solas, si bien la Provincia envía un importe de dinero, no alcanza a cubrir necesidades mínimas”, expuso Cintia Natali, quien toma el rol de vocera de otras familias que vivieron (o atraviesan actualmente) experiencias similares.

En su caso, en septiembre del año pasado recibió en su casa a una bebé de tres días de vida por una medida excepcional por la que debió ser separada de su familia biológica. Estos procesos tienen por ley un tiempo máximo de duración de seis meses, que excepcionalmente puede extenderse, aunque “en la realidad la regla es que se extienda”, y Cintia junto a su familia tuvieron a la bebé un año y quince días en su casa. Pero hay otros casos donde llegaron a cumplir el rol de familias de tránsito por 2 o 3 años.

Es un programa voluntario, pero es necesario. La realidad es que no está bien la cantidad de tiempo que se extiende porque se genera un vínculo y es cada vez más difícil para las dos partes. La desvinculación es un proceso terrible y se da sin ningún tipo de protección ni derecho”, sostuvo Natali.

Los pedidos

Desde este grupo de familias solidarias tienen la vocación de llevar sus planteos a nivel legislativo para elevar algunas propuestas que, desde la experiencia, consideran que pueden generar mejoras en el sistema. Una de ellas, a nivel provincial, es que “los chicos con una medida excepcional del Estado tengan al menos una cobertura de Iapos, porque la familia solidaria tiene que hacerse cargo de todo, muchas veces con los niños arrastrando problemas de la etapa de gestación, a veces con tratamientos o requerimientos alimenticios que son costosos”.

También piden que los plazos se acorten porque las familias solidarias tienen la prohibición explícita de adoptar a ese niño que tienen en su casa.Eso tiene sentido si se cumple el plazo de ley, cosa que nunca ocurre y genera mayores problemas. Los chicos tienen un abandono de origen, pasan un tiempo importante con una familia solidaria que para ellos pasa a ser su familia, y después de un tiempo atraviesan un proceso de adopción con otro entorno familiar”, describe.

La adopción

Cintia Natali ya no convive en su entorno familiar con la bebé que crió durante el primer año de vida, y hoy tiene en claro que no volverá a participar del programa “por la manera en que funciona. Por eso también se anima a dar testimonio en primera persona, porque sabe que representa a otros que están viviendo o pasaron por situaciones similares.

En la mayoría de los casos los chicos no vuelven a su realidad biológica, a veces son entregados a algún tío, pero la mayoría termina en adopción. Por eso un planteo es que al momento de decidirse una adopción, que la familia solidaria tenga la prioridad para hacerlo. La realidad es que no todas las familias solidarias tienen vocación por adoptar, pero hay un proceso muy traumático”, relata.

El Ruaga es el registro de familias adoptantes, y cuando se da ese proceso se busca “una vinculación rápida, en una semana, y el criterio es que los adoptantes no tengan ningún vínculo con la familia solidaria, pero la pregunta es cómo conocen a un chico sin ese contacto. Muchos intentamos hacerlo igual, porque el año de vida que tuvo esa criatura no puede desaparecer de golpe”.

Ya realizaron gestiones ante legisladores nacionales y provinciales, por ahora sin demasiado resultado, y continúan acercando sus inquietudes ante quien esté dispuesto a escucharlos. “Cuando es una urgencia de pocos días, debería actuar la familia solidaria, pero cuando es un proceso que ya se sabe que será prolongado, el chico debería ir a una familia donde ya tiene posibilidades de quedarse”, sostiene Natali.

Y luego cuenta: “Cuando se va el bebé de tu casa se transita un duelo, es una persona que estuvo un año en tu casa y no hay acompañamiento de nadie. Por eso también vamos a armar un grupo para acompañar a la familia solidaria”, completó, a la espera de que estas experiencias puedan ser escuchadas y los reclamos atendidos, para que el debate se instale en la agenda pública.

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