La Confederación General del Trabajo (CGT) anunció este viernes que responderá al avance de la reforma laboral impulsada por el gobierno nacional con una movilización al Congreso, en simultáneo con el inicio del debate del proyecto en el Senado, pero sin convocar por ahora a un paro general. El anuncio fue realizado por el venadense Jorge Sola, integrante del triunvirato que conduce la central obrera.
La definición surgió tras la reunión del consejo directivo cegetista, realizada al mediodía en la sede de Azopardo 802 y encabezada por la conducción colegiada que integran Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello. Allí se resolvió convocar a una marcha nacional el próximo miércoles, mientras el Senado comience a tratar la iniciativa del Ejecutivo.
En conferencia de prensa, Sola fue el encargado de fijar la posición política de la CGT frente al proyecto oficial. “Rechazamos total y absolutamente la reforma laboral. Tiene un sesgo ideológico, ataca y cercena los derechos individuales y colectivos, y plantea una fuerte transferencia de riqueza del sector trabajador al empleador”, sostuvo el dirigente sindical oriundo de Venado Tuerto. Y remarcó: “No se pretende modernizar el mundo del trabajo”.
El triunviro explicó que la central viene desarrollando una estrategia de protesta sostenida y con proyección política, iniciada el 18 de diciembre. En ese marco, el consejo directivo resolvió facultar a cada organización sindical a impulsar paros por actividad, con el objetivo de garantizar la masividad de la movilización del 11 de febrero. “Esta no es una batalla que damos por perdida”, advirtió Sola, al anticipar que la CGT buscará “incrementar cada vez más la protesta”.
Además, el dirigente trasladó el eje del conflicto al plano institucional y apuntó directamente al Congreso. “La responsabilidad y la solución no es gremial, es política”, afirmó, y planteó que serán los legisladores y senadores quienes deberán definir “si van a defender los intereses de los trabajadores o los de un proyecto político que les sea ajeno”.
La conducción cegetista optó así por una escalada gradual, evitando por ahora un choque frontal con un paro general, pero liberando a los gremios más duros para avanzar con medidas sectoriales. La decisión también refleja las tensiones internas dentro del movimiento obrero: mientras sectores industriales, estatales y espacios cercanos a las CTA impulsaban una respuesta más contundente, la CGT eligió sostener la presión política en paralelo al debate parlamentario.
En ese contexto, las movilizaciones ya realizadas en Córdoba y las previstas en Rosario funcionaron como factor de presión interna que aceleró la convocatoria a la marcha del miércoles. En la Casa Rosada, en tanto, siguen de cerca la evolución del conflicto y apuestan a que la protesta no derive en un paro general. Si el Senado avanza con el proyecto, la relación entre el Gobierno y la CGT ingresará en una nueva etapa de confrontación que promete extenderse más allá del recinto legislativo.








