Mientras el Gobierno de Santa Fe y la Municipalidad de Venado Tuerto comenzaron a desplegar distintas acciones preventivas ante la posibilidad de una temporada marcada por precipitaciones superiores a lo habitual, los últimos informes del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y de organismos internacionales ratifican que el fenómeno de El Niño ya comenzó a configurarse y podría tener un impacto significativo sobre la provincia y, particularmente, sobre el extremo sur santafesino.
La preocupación no responde únicamente a pronósticos aislados. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima una probabilidad superior al 90 por ciento de que El Niño se consolide durante la segunda mitad de 2026, mientras que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ya confirmó oficialmente el inicio del fenómeno en el océano Pacífico tropical.
En ese contexto, tanto Provincia como Municipio decidieron anticiparse. En Santa Fe, el gobernador Maximiliano Pullaro firmó esta semana un convenio con las provincias de Chaco y Santiago del Estero y el Consejo Federal de Inversiones (CFI) para fortalecer el monitoreo hídrico y acelerar la implementación del Plan Director de los Bajos Submeridionales, una de las regiones más sensibles frente a eventuales excesos hídricos.
En Venado Tuerto, en tanto, el Ejecutivo local viene desarrollando tareas preventivas vinculadas al mantenimiento y limpieza del sistema de desagües, además de distintas intervenciones destinadas a mejorar el escurrimiento del agua en distintos sectores de la ciudad, con el objetivo de reducir el impacto de eventuales lluvias intensas.
Qué anticipa el Servicio Meteorológico Nacional
El SMN ya comenzó a traducir el escenario global a pronósticos concretos para el país. Para el trimestre invernal, el organismo prevé condiciones más cálidas y más húmedas de lo normal sobre gran parte del Litoral argentino, una región que incluye a Santa Fe.
Los antecedentes estadísticos refuerzan esa advertencia. Según los registros históricos del propio organismo, siete de cada diez inviernos influenciados por El Niño presentaron precipitaciones superiores a los valores normales en la región húmeda del país.
No obstante, los especialistas aclaran que una mayor probabilidad de lluvias no implica necesariamente la ocurrencia de inundaciones catastróficas. La magnitud del impacto dependerá de la intensidad del fenómeno, la frecuencia de los eventos de lluvia y las condiciones previas de los suelos y los sistemas hídricos.
Un fenómeno que preocupa, pero todavía genera incertidumbre
El Niño es una de las fases del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), producido por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial. Ese incremento de temperatura modifica la circulación atmosférica y altera los patrones normales de precipitaciones y temperaturas en distintas partes del planeta.
En Argentina, históricamente se asocia con mayores lluvias sobre el noreste y el Litoral durante la primavera y el verano, además de favorecer crecidas de los ríos Paraná y Uruguay.
Especialistas del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires advierten, sin embargo, que todavía resulta prematuro hablar de un “Súper Niño” con certeza. Si bien algunos modelos internacionales proyectan un episodio muy intenso, otros muestran escenarios más moderados.
“Es prudente considerar que durante la segunda mitad del año pueden registrarse eventos climáticos extremos y por eso resulta fundamental el monitoreo permanente”, sostienen los investigadores.
Los antecedentes que siguen presentes
Las mayores preocupaciones provienen de experiencias pasadas. Los episodios de El Niño registrados entre 1982-1983 y 1997-1998 provocaron inundaciones de gran magnitud en buena parte del Litoral argentino.
Sin embargo, la propia estadística del SMN muestra que desde 1981 hubo diez inviernos bajo influencia de El Niño y sólo cuatro fueron considerados eventos fuertes o intensos. Los restantes presentaron intensidades moderadas o débiles.
Esa variabilidad explica por qué los meteorólogos insisten en evitar interpretaciones alarmistas. Si bien el riesgo existe y los indicadores son consistentes, aún no puede determinarse con precisión cuál será la intensidad definitiva del fenómeno durante la primavera y el verano.
Prevención antes que reacción
Precisamente por esa incertidumbre, tanto el Gobierno santafesino como distintos municipios comenzaron a reforzar las tareas preventivas.
“El fenómeno puede darse o no, pero debemos estar preparados”, resumió Pullaro al presentar el acuerdo regional para el monitoreo de los Bajos Submeridionales.
El mensaje coincide con la recomendación de los organismos científicos: seguir de cerca la evolución de El Niño durante los próximos meses y fortalecer las obras y acciones preventivas antes de que lleguen las lluvias más importantes de la temporada.
Para una provincia donde buena parte de la producción agropecuaria, la infraestructura vial y numerosas localidades dependen del comportamiento del agua, la consigna ya no pasa por preguntarse si conviene prepararse, sino por llegar con esa preparación antes de que el fenómeno muestre toda su intensidad.










