CiudadCulturaSocialesCruceros y música: la experiencia de Claudio Penacino por el Caribe

Juan Miserere14/02/2020
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Sin parar de tocar incluso cuando el destino ya estaba escrito, los músicos del Titanic conformaron la más célebre orquesta sobre un barco. Su rol fue seguir con los instrumentos hasta el último instante, cuando el legendario transatlántico inexorablemente naufragaba, y le regalaron a la humanidad una imagen que todavía hoy, a más de un siglo de aquella tragedia, se sigue utilizando como metáfora.

Lejos de aquel dramatismo, a los músicos de uno de los cruceros Carnival alguna vez les tocó hacer un show en medio de la preocupación y el enojo de los pasajeros por unas filtraciones de agua producidas por una pileta de natación. Ese día, tuvieron que salir a escena para calmar a los turistas que disfrutaban de un viaje por el Caribe y la música les hizo olvidar el problema. Ahí estaba el venadense Claudio Penacino detrás de los teclados, quien en los dos últimos años pasó la mitad de los meses embarcado con una rutina de tocar cuatro horas por noche con compañeros de las más diversas procedencias.

Es trabajo, pero también la posibilidad de disfrutar de su gran pasión que es la música. Y, de paso, conocer algunas de las playas más increíbles y deseadas del planeta.

El itinerario marca que Claudio se embarca en Miami, el barco zarpa, realiza el periplo previsto, vuelve al punto de origen, hay recambio de pasajeros y vuelve a zarpar. Esa rutina se repite durante seis meses en los que el músico venadense permanecerá como tripulante, sin pausa.

Generalmente son cuatro horas que tocamos durante todas las noches, con un repertorio de 300 canciones repartidas en distintos géneros y distribuidas en la duración del viaje. Abordamos gran cantidad de estilos, desde los ’40, jazz, pop, rock, blues, R&B, reggae, etc”, reseña el tecladista.

Si bien admite que a veces parece estar en la película El día de la marmota, aquella donde Bill Murray queda atrapado en un día que se repite una y otra vez, asegura que consigue escaparle a la rutina porque disfruta mucho haciendo música: “Estamos presentándonos para turistas que la tienen que pasar bien y nosotros también. Hay que hacerlo con profesionalismo y con seriedad, yo creo que no soy un extraterrestre para tocar, sino que soy responsable y estudio mucho para ser un músico cada vez más completo”, remarca.

Viajar

El crucero es como un pueblo, hay embarcaciones de diferentes dimensiones, pero tienen desde 2.700 hasta 8 mil personas a bordo, y “después de un mes y medio empezás a sentir al barco como tu casa, todos están de turistas explorando los diferentes ambientes y actividades. Es como estar en un shopping porque ni sentís que se mueve”, salvo cuando los agarra alguna tormenta fuerte cruzando el Golfo de México.

Si te quedás en el sector de tripulantes hacés vida normal, con lectura y gimnasio para preservar la salud mental. Lo podés tomar como una cárcel o una oportunidad para desarrollarte como músico y persona. Y yo lo disfruto mucho”.

Además hay muchos momentos para recreación, porque “pude bajarme en todos los lugares donde estuvimos, dado que trabajamos solamente de noche y durante el día nos movemos como turistas cuando salimos del barco. Me llamó mucho la atención Aruba, pero también Miami, Cuba y las playas del Caribe en general… aunque no tienen asado ni picaditos con amigos”, remarca.

El camino

La oportunidad que se le presentó a Claudio Penacino se remonta a marzo de 2018, cuando la empresa para la que trabaja (Carnival) hizo unos castings en Argentina en busca de músicos. “Agarré los últimos cinco días y empezó un proceso de audiciones enorme, primero con un representante de nuestro país, después para la empresa, eso me permitió viajar a ensayar durante un mes en Estados Unidos con la banda que haríamos la gira”, recuerda.

En aquel momento Claudio ni siquiera tenía un teclado, por lo tanto viajó con lo estudiado pero sin instrumento: “Me tuve que familiarizar con los que me daban, quedarme a estudiar a la madrugada, pero la fui remando como sabemos hacer los argentinos y todo salió bien”, cuenta.

En los cruceros en los que participó fue el único músico argentino, compartiendo con colegas de los lugares más diversos: filipinos, ingleses, norteamericanos, puertorriqueños, polacos, ucranianos, mexicanos, hindúes, irlandeses… “Lo más lindo que rescato de estas experiencias es la conexión que se genera con personas de otros lugares, conocer músicos que te vuelan la cabeza porque se aprende mucho en esas conexiones”, afirma.

Todavía no tiene la confirmación, pero es probable que los próximos meses vuelvan a encontrarlo sobre el océano.

No claudicar

Claudio Penacino viene de una familia sin lujos pero de gran pasión por la música. “Mi viejo compró un piano en una compra-venta todo roto, lo arreglamos y arrancamos de a poco a estudiar con mis hermanos”, recuerda. Siguió el camino de la formación clásica, aunque después se fue haciendo más versátil para tocar otros estilos, integrando bandas de rock.

Hoy disfruta de la experiencia de vivir de la música en un crucero, pero el camino del arte casi nunca es muy amable con quienes lo transitan: “Antes de irme de viaje, en el 2017 ya estaba recibido de profesor de Música y seguí estudiando piano por mi cuenta. Y me surgió la iniciativa de hacer seis recitales de todas las sonatas de Mozart, que son 17. Lo tomé como un desafío y lo hice en la Biblioteca Alberdi, y si bien fueron buenos para mí, no generaron nada hacia afuera porque solamente fue mi grupo fiel de siete u ocho personas a verme”.

El esfuerzo de estudiar en un mes unas 200 páginas de música para interpretarlas en el piano, parecía ser en vano. Sin embargo, la reflexión que hace hoy Penacino es diferente: “Todo te sirve para la formación, porque si me llegaba esta oportunidad del crucero y yo no había hecho tanta lectura, no iba a estar ágil para hacerlo. Si elegís esperar en vez de hacer, cuando llega el momento seguro que no vas a poder concretarlo”, reflexiona.

Por estos días en tierra firme y en su ciudad, Claudio comparte con la banda Furias Tropicales donde tocan sus hermanos, se junta con varios amigos a disfrutar de la música y deja como mensaje: “Las limitaciones están en uno, si la remás para mejorar, vas a poder crecer y te va a ir bien”.

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