Todos a su manera quieren reelegir y para eso no escatiman ningún recurso. En la Argentina de hoy, los oficialismos nacional, provincial y municipal diseñan estrategias políticas y electorales con un objetivo común: garantizar la continuidad. Cambian los métodos, cambian los discursos y también las circunstancias, pero el fin es el mismo.
Ahí anda el gobierno nacional de Javier Mielei intentando lograr el apoyo de gobernadores, a cambio de migajas, para eliminar las PASO con el solo propósito de que el peronismo no utilice ese sistema para reordenar su interna. A esto, desde el gobierno nacional le agregan la planificación de un sistema de colectoras, donde los candidatos oficialistas provinciales no peronistas adscriban a la candidatura de Milei y lleven sus propios aspirantes (en la mayoría de los casos, ellos mismos) en la elección provincial. Claro que esa idea ya nació con un problema, porque fue la indómita Patricia Bullrich quien ya adelantó que las colectoras “deforman el sistema político“. La observación no deja de ser llamativa: quien necesita de las PASO para competir también sabe que un presidente que buscará su reelección difícilmente habilite una interna que ponga en riesgo su liderazgo.
En Santa Fe, mientras tanto, Maximiliano Pullaro dio el paso más importante al conseguir la reforma constitucional que le permitirá aspirar a un segundo mandato consecutivo, una posibilidad vedada para todos sus antecesores. Aunque todavía no oficializó su candidatura, prácticamente nadie dentro del oficialismo duda de que buscará la continuidad.
En paralelo, la provincia discute una nueva ley electoral que le permita al oficialismo lograr una alquimia que favorezca su posibilidad de continuidad en el poder. Aunque también es justo decir que, tras la sanción de la nueva Constitución, donde se modificaron criterios de representatividad, la Legislatura provincial tiene que dictar sí o sí una nueva Ley electoral. Claro que, aprovechando tal obligación, las huestes de Pullaro quieren asegurarse ciertas reformas que les permitan reforzar su futura gobernabilidad y, en todo caso, mantener a raya las internas de la variopinta coalición que es Unidos.
Con ese objetivo impulsan unificar candidaturas ejecutivas y legislativas en una misma papeleta. La búsqueda es clara: desde el pullarismo entienden que pegar la categoría de diputados provinciales a la del candidato a gobernador, e impedir que haya listas de diputados sueltas, como ocurrió en la anterior elección a gobernador, donde Unidos presentó varias boletas de candidatos a diputados y eso terminó favoreciendo al socialismo, que se quedó con la mayoría en la cámara baja provincial. Desde el pullarismo pretenden obligar a sus aliados a armar una sola lista a diputados y, de esta manera, forzarlos a negociar espacios con el radicalismo dominante. El problema es que, entendiendo dicha jugada, tanto socialistas como macristas, por ahora, resisten la idea.
De la misma manera, si bien la unidad del frente gobernante luce sólida, también desde el socialismo rechazan toda posibilidad de abrochar una sociedad política, vía colectoras, con La Libertad Avanza (LLA), una idea estimulada por algunos dirigentes del PRO y del radicalismo de cara al año próximo.
En Venado Tuerto el panorama parece más definido: a pesar de que todavía no hubo oficializaciones al respecto, es un hecho que habrá un intento de reelección, pero de proyecto, no personal. Es que el intendente Leonel Chiarella cumplirá con su promesa de no ir por la reelección personal para evitar la maldición del tercer mandato. Maldición que sufrió su antecesor, José Luis Freyre, quien, tras dos gestiones con altos niveles de aprobación popular, encaró un tercer mandato que terminó de forma muy deslucida, con pérdida de liderazgo y una caída que arrastró al PJ local hasta su actual estado crítico. Algo similar le ocurrió antes al también radical Ernesto De Mattía, que no solo atravesó un tercer período con bajo rendimiento político, sino que además dejó al radicalismo fuera del poder por 24 años. La historia local enseña que un tercer mandato es una maldición.
Mientras tanto, a pesar de que no existe confirmación oficial, el elegido para continuar el proyecto es el actual presidente del Concejo, Juan Ignacio Pellegrini. Es el mismo que va incrementando su exposición pública día a día y aprovecha su función de presidente del Concejo para reemplazar a Chiarella en diversos eventos, sobre todo porque el mandatario venadense, debe cumplir compromisos derivados de su rol como presidente nacional de la UCR.
Como sea, el panorama nacional, provincial y local tiene ciertos parámetros similares, sobre todo por la inexistencia de una oposición articulada, preparada para disputar el poder. Aunque las diferencias también son visibles.
La política de ajuste permanente y de crueldad impuesta por el gobierno de Javier Milei empieza a sentir sus límites. Encima, los casos de corrupción que tienen al caso Adorni como el más destacado (pero no el único) han empezado a hacer mella en un electorado que tiene en su memoria el rechazo a la corrupción representada por el kirchnerismo.
Mientras tanto, Pullaro tendrá que superar el enojo (que a esta altura parece no tener vuelta atrás) de los trabajadores estatales (principalmente docentes) y de jubilados, que siguen sin perdonarle los recortes sufridos en sus sueldos. A esto se suma la acusación, sobre todo del colectivo docente, de cierto maltrato a través de declaraciones no demasiado atinadas. No obstante, el gobernador conserva fortalezas importantes: la significativa reducción de los índices de violencia, particularmente en Rosario, y un ambicioso plan de obra pública que alcanza a prácticamente todo el territorio provincial.
Por su parte, en Venado Tuerto no aparecen mayores críticas a una gestión local que luce muy firme, a pesar del desgaste lógico de una gestión y de algunos errores no forzados que le exigieron ponerse a la defensiva. Claro que, además, tiene el plus (que comparte con las demás opciones), pero que se incrementa en este caso por una oposición totalmente desdibujada, para no decir inexistente.
De todos modos, como hemos señalado en otras oportunidades, la política atraviesa una etapa de enorme volatilidad. La opinión pública cambia con rapidez, los liderazgos se construyen y se desgastan a una velocidad inédita y los votantes responden cada vez menos a las viejas lealtades partidarias.
Todos trabajan para continuar. Pero, en un escenario tan cambiante, nadie puede dar por descontado que la sociedad volverá a elegirlos.







