La postal es conocida en la provincia, pero no por eso menos alarmante: salarios impagos, producción casi paralizada y trabajadores que denuncian vaciamiento. La situación de Lácteos Verónica atraviesa su momento más delicado y mantiene en vilo a unas 700 familias, con fuerte impacto en Santa Fe, donde la firma posee tres plantas: Clason, Suardi y Lehmann.
El conflicto no responde -según plantean los propios empleados- a un derrumbe del mercado ni a la apertura importadora. El sector lácteo, de hecho, continúa activo y con inversiones en marcha. El problema, sostienen, está puertas adentro: conducción empresaria, disputas entre los herederos de los fundadores y decisiones que llevaron a la empresa a un callejón sin salida.
Sueldos adeudados y plantas paralizadas
Marcelo Muzzio, delegado en la planta de Clason, expuso que los incumplimientos salariales comenzaron en marzo del año pasado. Con intervención del gobierno provincial, los haberes se abonaban en cuotas hasta el 8 de enero, aunque con deudas acumuladas. Desde entonces, la situación se agravó: diciembre, enero y los aguinaldos siguen impagos.
La crisis financiera derivó en la interrupción unilateral de pagos no sólo a trabajadores, sino también a productores tamberos y proveedores. En Clason, el quiebre fue concreto: el 10 de enero la planta cerró cuando el servicio de transporte dejó de operar ante la falta de pago.
La consecuencia es directa y territorial. En Totoras, donde residen muchos de los cien empleados de esa planta, el impacto económico ya se siente en el comercio y en la vida cotidiana. “La ciudad está destruida”, grafican.
Denuncias de vaciamiento y dudas sobre el futuro
Los trabajadores difundieron un comunicado en el que hablan de “profunda crisis de conducción y gestión”, atribuida a conflictos internos entre los propietarios. Pero el señalamiento más grave es otro: denuncian maniobras de vaciamiento.
El dato que alimenta esa sospecha es que los dueños continúan produciendo leche en un tambo propio -alrededor de 80 mil litros diarios- pero esa materia prima no se procesa en las plantas de Verónica, sino que se envía a otras industrias.
En paralelo, crecen las versiones sobre una posible venta. Desde el sector gremial admiten que podría haber novedades en marzo y no descartan la aparición de un comprador que permita reactivar la producción. Por ahora, sin embargo, todo se mueve en el terreno de las expectativas.
La empresa, con presencia histórica en la cuenca lechera santafesina, enfrenta así una encrucijada decisiva. Mientras tanto, 700 familias esperan definiciones en medio de la incertidumbre y con la heladera -literalmente- cada vez más vacía.
Con información de Rosario3







