Con apenas 16 años, Lamine Yamal sorprendió al mundo del fútbol con sus actuaciones en la selección de España durante la Eurocopa que acaba de terminar. Por su juventud, es una promesa del fútbol mundial que no tiene techo, pero también es una realidad porque fue una de las grandes figuras de la selección que se acaba de consagrar en el certamen continental europeo y es uno de los jugadores clave del Barcelona.
Hijo de padres africanos (padre marroquí, madre de Guinea Ecuatorial), Lamine nació en el barrio obrero de Rocafonda, en las afueras de Barcelona, donde predomina la población migrante. Con una infancia dura, que incluyó un tiempo en un orfanato, rápidamente se destacó con la pelota en los pies, ingresó muy pequeño a La Masía (la fábrica de cracks del Barsa, de donde surgió un tal Lionel Messi) y se convirtió en el más joven en debutar con la blaugrana, con 15 años y 290 días.
Un puñado de días más tarde, con 16 años y 57 días fue el goleador más joven de España y en esta Eurocopa fue el más joven en marcar (un golazo) en la historia del campeonato. Un día antes de la final contra Inglaterra, donde le metió una gran asistencia a Nico Williams (un chico con una historia similar), cumplió 17 años.
Lo que muy pocos saben es que detrás de cada paso, de cada decisión que toma en su carrera, Lamine Yamal tiene un “consejero” de extrema confianza: Santiago San Torcuato, abogado oriundo de Murphy, exfutbolista en la Liga Venadense y hoy una referencia para muchos jugadores de elite.
Los hermanos San Torcuato en los extremos, junto a Yamal y compañía.
San Torcuato trabaja con siete futbolistas del Barcelona de la nueva camada, como Ansu Fati, Balde, Iñaki Peña, el mencionado Lamine y algunos que vienen más abajo, como Guille Fernández (otra perla de las canteras). Además realizó varios trabajos contractuales para Gavi y el uruguayo Ronald Araújo. Hoy camina por el club Barcelona, un gigante del fútbol mundial, casi del mismo modo en que lo hacía en Unión y Cultura de Murphy desde su rol de asesor integral. No trabaja como representante, sino que prefiere usar la figura del “General Advisor” que emplean los norteamericanos para describir su función: “Soy un consejero general, trabajo con los jugadores y sus familias”, asegura. Y es que sus funciones van desde revisar contratos, manejar los negocios e inversiones, dialogar con los bancos, controlar las redes sociales y el contacto con la prensa.
Por supuesto que todo este trabajo no lo realiza solo, sino que está al frente de una oficina con más de 20 personas (entre ellos su hermano Bernardo) donde va delegando y tercerizando tareas específicas. Y para estos jóvenes futbolistas su opinión es fundamental.
San Torcuarto junto a Mauricio Pochettino, un murphense célebre en el fútbol mundial.
Abogado en el deporte
San Torcuato, conocido como “Bolita” en el mundo de la Liga Venadense y en todo Murphy, supo hacer convivir su profesión de abogado con su pasión por la pelota jugando en Unión y Cultura, el club de su pueblo. Arrancó como volante y terminó como un marcador de punta elegante, con más juego que marca, destacándose como un eximio pateador de penales.
Jugó hasta los 33 años, y en 2013 se mudó a Madrid para realizar un máster en Derecho Deportivo, tema sobre el que ya venía trabajando desde Venado Tuerto, realizando varias gestiones para clubes que querían cobrar los derechos formativos y el mecanismo de solidaridad. Hizo cada curso y capacitación que encontraba sobre el tema, en un momento en que “había muy pocos profesionales abocados a eso”.
Fue así que logró generar vínculos en el mundo del fútbol y lo convocaron desde un despacho de Valencia donde se desempeña el abogado Juan de Dios Crespo (acá se hizo conocido por lograr el indulto a Messi tras una sanción con la Selección Argentina en 2017) para realizar las prácticas. Al segundo mes San Torcuato recibió la oferta de sumarse al estudio en forma definitiva, permaneciendo seis años en el lugar.
San Torcuato asesorando al uruguayo Araújo, jugador del Barsa.
Cerrado ese ciclo profesional, se trasladó a vivir a Barcelona, donde empezó a trabajar termas cercanos al Barsa y conoció a los chicos de origen africano, entre ellos a Ansu Fati, con quien “desarrollé un vínculo muy particular“, de mucha cercanía con el jugador y su familia.
La irrupción en Primera del chico español nacido en Guinea Bissau provocó un gran estallido. Entró en el equipo de Messi, Suárez y Griezmann, captando la atención del agente portugués Jorge Méndes, considerado el más influyente del mundo (representa a Cristiano Ronaldo), con quien San Torcuato entabló un vínculo profesional. A partir de allí, el murphense pasó de ser un abogado que manejaba cuestiones netamente jurídicas a este rol más amplio que desempeña en la actualidad, con una cobertura 360° sobre el jugador.
De reunión en reunión, se encarga de la asesoría patrimonial, constitución de sociedades, manejar la banca privada, inversiones, publicidad, imagen, contratos, viajes, prensa, redes sociales, todo ello liderando un equipo de trabajo con especialistas en cada tema.
Pochettino, el más grande y San Torcuato.
En tiempos de fútbol mercantilizado, cada jugador es una empresa en si mismo, facturan millones de euros que hay que poner a producir y en el medio hay que lograr la contención familiar, organizando los roles que va a ocupar cada uno en esa estructura alrededor del futbolista. Y ahí está la cabeza de San Torcuato para tomar decisiones.
La joya
Hace un par de años llegó el vínculo con Lamine Yamal: Méndes lo sedujo y el chico decidió cambiar de representante. Ahí entró San Torcuato en su estructura, que había que organizarla desde cero: “Es un chico que tiene una madurez que no es la habitual para su edad, con un origen muy humilde. Él entró en La Masía con 7 años y en poco tiempo llegó a primer equipo. Es un proceso en el que se requiere trabajar en equipo para ayudar a que madure tanto el deportista como la persona”.
El crack español y San Torcuato, un vínculo de extrema confianza.
En un momento lo sedujeron para jugar en la selección de Marruecos, pero “el chico siempre tuvo en claro que es español y quería jugar por su país”. Cuando Lamine Yamal comunicó su decisión, lo citaron directamente a la mayor con 15 años, rompiendo todos los récords en precocidad.
Hoy Santiago San Torcuato trabaja con alrededor de 17 jugadores, con algunos realiza lo que él llama “el 360” y con otros en algunos aspectos puntuales. Sin dudas, logró moverse con mucha cintura en un ámbito donde todos quieren estar: “Antes me pasaba horas escribiendo demandas, hoy en día soy más un gestor de todo lo demás. No me aburro para nada, logré aunar mi profesión con mi pasión que siempre fue el fútbol. De alguna manera uno es un jugador frustrado”, concluye con una sonrisa.












