RegiónSocialesA toda furia: en el cielo de Gerardo “Charango” Manccini se hizo de día para siempre

Compartir esta noticia
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

Roberto Fontanarrosa, rosarino gustoso por la literatura, el dibujo, el humor, el fútbol y su ciudad natal, en las primeras líneas de su Relato de un utilero escribió que en el fútbol el mejor puesto es de quien desempeña el rol incluido en el título recientemente nombrado. De esta manera, párrafo más adelante, sostiene que “(…) lo de ser director técnico es jodido y mire si sabré yo, que he visto pasar por el club infinidad de técnicos y quien más quien menos, todos vivían con una úlcera así de grande por la presión de los resultados, las puteadas de la gente y las exigencias de los directivos. Yo he visto llorar a técnicos en el cuartito de la lavandería, después de perder un partido (…)”.

Y quizás una persona que esté o haya estado a cargo de la dirección de un grupo humano que va a salir a la cancha a jugar a la pelota pueda comprenderlo y dar su opinión basada nada más y nada menos que en su mismísima experiencia. En esta ocasión, qué mejor idea que traer a este presente a Gerardo Luis Manccini, el señor que en el cierre del 2021 obtuvo la quinta estrella que ahora es parte del cielo que él habita desde su primera infancia, Juventud Unida (Santa Isabel). Ésta tiene un brillo un tanto más particular que las otras, sobre todo para la hinchada, ya que la consiguió enfrentándose a su eterno clásico y rival: General Belgrano (Santa Isabel).

En relación a lo que el gran Fontanarrosa describe en sus líneas, “Charangono es la excepción a la regla de los técnicos pero por supuesto que, como todos, tiene sus propias melodías, su caja de herramientas, su mochila de valores, sus palabras mágicas, sus jugadas maestras, sus eternas y siempre presentes cábalas, sus promesas, sus condimentos. Existe un arte que le es propio. Es preciso decir que la semilla de la enorme cosecha que hoy emociona e inunda de alegría a quienes se sienten parte de la furia verde empezó a germinar en Gerardo de un modo que puede resultarle familiar a más de una persona: mirando del lado de afuera del alambrado, como hincha.

Hay diferentes formas de ser simpatizante de un equipo de fútbol. Y los miembros del Club Sportivo Juventud Unida tampoco quedan eximidos de esta suerte de “categorización”. De quienes tienen asistencia perfecta donde sea que los encuentros se disputen, a los que solo se acercan cuando la furia juega de local, aquellos que organizan su grilla de horarios el domingo para llegar a encontrar un “buen” lugar en la cancha, los que desconocen la palabra no para con el equipo de sus amores, algunos que afirman tener sangre de color verde recorriendo sus venas, esos que tienen la radio pegada a la oreja buscando saber qué es lo que está pasando en un partido al que deciden no asistir porque eligen ver a Juventud, los silenciosos que toman mate, comen girasoles y también sus uñas observando minuciosamente lo que sucede dentro del campo de juego, aquellos que se hacen oír incluso desde la hinchada visitante, dejando plasmadas automáticamente expresiones de asombro involuntarias en los rostros pertenecientes a sus vecinos de tribuna, los devotos que cada domingo realizan el ritual previo para llegar con sus cánticos e instrumentos a alentar con el famoso “Dale verde, dale verde”, aquellos que visten la camiseta pero los colores les quedan grandes, los que escuchan desde casa por más de una razón y los que de fútbol “entienden” poco y casi nada pero dan el presente con el mate y la torta preparada especialmente para la ocasión.

Pero también está el hincha que desde el minuto cero quiere ser parte del equipo por el que cada primer día de la semana se encuentra parado o sentado en diferentes canchas, al que quisiera representar calzándose los botines y la camiseta. Ese mismo es el que se convierte en el protagonista de su propia pieza de ficción, la que ve reproducirse una y otra vez en su imaginación, la que le brinda la oportunidad de ubicarse del lado de afuera de la línea blanca rectangular, pero adentro del campo de juego, contando con una vista privilegiada de las disputas futbolísticas; convirtiéndose en el cerebro, la idea, la estrategia precisa para que los colores que laten al compás del ritmo de su corazón y su deseo fanático inalterado lleguen a lo más alto. Cualquier semejanza con la realidad de Gerardo “Charango” Luis Manccini¿es acaso solo una mera coincidencia, un pase mágico del destino o una decisión a la que le puso y pone vida, garra y corazón?

El reconocido y prestigioso técnico de Juventud Unida caminó cerca del verde y blanco primeramente como hincha, vibró hereditariamente desde muy temprana edad el sentimiento furioso en sintonía exactamente perfecta con la esencia que los colores emanan aún hoy. Años más tarde llegó a lucir y llevar con orgullo la camiseta como jugador. Debía correr el tiempo para que “Chara” pudiera ser el hincha y el director técnico responsable de lo que sucede con los 18 jugadores que él eligió para que su Juventud salga a la cancha. Y de yapa, ganar una final en casa ante su histórico contrincante, consiguiendo, en ese instante, que en su cielo se haga de día para siempre.

No solo un texto posee el mismo número de interpretaciones como cantidad de lectores. El paso de Gerardo Manccini por “el glorioso Juventud” también. Algunos reescribirán este reciente acontecimiento con bombos, platillos, colores, canciones, posteos alusivos en redes sociales y festejos improvisados en cualquier rincón del pueblo. Otros, alguna vez, quizás, puedan llegar a vislumbrar desde su lugar que los hechos por sí solos también hablan, incluso cuando el gigante responsable de este magnífico presente siga fiel a su estilo: humilde, humano y de pocas palabras. Y algunos seguiremos creyendo que Charango no es ni va  a ser un técnico más para la única camiseta verde y blanca de Santa Isabel. No solo porque continúa brindando su sabiduría, tiempo, energía y conocimiento ad honorem por y para el club, sino porque como cualquier otra persona es lo que da. ¡¿Cuánto que sos Charango no?!

Hacia el final de la película estadounidense “The Shawshank Redemption” (1994), traducida como “Sueño de fuga” y/o “Sueño de libertad”, Andy Dufresne (Tim Robbins) un convicto que escapó de la cárcel deja una carta escondida en un espacio antecedido por un cartel  donde se encuentra plasmado el nombre, Buxton, lugar al que su compañero y amigo en prisión Ellis ´Red´ Redding (Morgan Freeman) llega cuando logra su libertad condicional. En la caja que encuentra enterrada bajo una piedra que no se parece a ninguna de las decenas que allí habitaban, en cercanías de un gran árbol, se tropieza con algunas líneas que tomé sin pedir permiso e intenté adecuar a este conjunto de palabras: “No lo olvides Gera: la esperanza es algo bueno, tal vez lo mejor. Y lo bueno nunca muere. Estaré deseando que estas líneas te encuentren y te encuentren bien”.

Nota: María Florencia Mir

Fotografías: Graciela Durand

https://www.venado24.com.ar/archivos24/uploads/2019/07/ESTEVEZ-BANNER-WEB-OKEY.gif