El estado de la ruta nacional 33 es aberrante, una permanente invitación a la tragedia con pozos, banquinas descalzadas o directamente anuladas por pastos altos que nadie corta, huellas profundas que dificultan la circulación. Y ni hablar los días de lluvia, donde esas huellas se llenan de agua y los vehículos van patinando, sin posibilidad de realizar maniobras seguras. Además los pozos quedan invisibles, ampliando el riesgo de tomarlos y generar daños en el vehículo...


























