Medio Oriente/Asia y ÁfricaLiberan a la mujer pakistaní condenada a muerte por beber un vaso de agua

Editor30/01/2019
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La cristiana pakistaní había sido condenada a muerte en 2019 luego de ser golpeada y denunciada por sus vecinos musulmanes por beber del mismo pozo de agua del que bebía ellos.

Asia Bibi, hoy de 50 años y madre de 5 hijos,  fue golpeada y arrastrada por el suelo, y luego le acusaron ante una autoridad local de blasfemia. Se resistió a renunciar a su fe y eso la llevó a una condena a muerte en un país en el que decenas de personas son ejecutadas por denuncias por blasfemia.

Amenazas
Su delito fue beber agua de un pozo reservado a musulmanes. Según explicó el marido de una cristiana pakistaní al medio británico «MailOnline», su esposa, condenada a muerte por ese acto, podía llegar morir apaleada incluso si finalmente es absuelta –dada la resistencia de los radicales islámicos a aceptar una absolución que vino de la mano de fuertes presiones internacionales-.

Ashiq Masih es el marido de Asia Bibi, la mujer encarcelada desde hace cinco años por un delito de blasfemia, establecido como tal por la legislación pakistaní. La familia, con cinco hijos, celebró que el Tribunal Supremo la libera –posiblemente la familia se exhiliará a Canadá –su primer ministro, Justin Trudeau fue uno de los líderes mundiales que más abogó por la vida de Bibi-. Pero la amenaza sobre su vida permanece, dado que los clérigos del país han exigido su muerte y ofrecido una recompensa a quien la ejecute.

Los hechos
Según explicó Masih, un día de junio de 2009 su esposa fue a trabajar como recolectora de frutas en unos campos cercanos a su ciudad, Ittan Wali, en el Punjab. Para aliviar su sed, acudió a un pozo que ya había utilizado antes. Entonces unas mujeres le exigieron que no bebiera agua y comenzó una discusión, que derivó hacia cuestiones religiosas. Finalmente, el grupo le reprochó que era cristiana y que, por tanto, no tenía derecho a acercarse a ese pozo.

Después llegó su martirio. Asia fue atacada por las mujeres y luego golpeada en su pueblo, donde le arrastraron por el suelo y le ataron una soga al cuello. Cinco días más tarde, le acusaron ante una autoridad local de blasfemia, y dijeron que la mujer había insultado al profeta Mahoma. La mujer fue condenada a muerte en 2010, y su familia comenzó un periplo, con cambios constantes de residencia para preservar su seguridad.

«Realmente la amo y echo de menos su presencia», explicó Masih durante su entrevista. «Echo de menos todo lo relacionado con ella. Es mi alma gemela. No puedo verla en prisión», añadió.

Según el código penal pakistaní, todo aquel que deshonre el nombre del profeta puede ser condenado a muerte o encarcelado de por vida. Los que han tratado de defender a Asia han visto peligrar su vida. Por su parte, la Asociación Británica Cristiana de Pakistán apoya a la mujer con todos sus medios.

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