Mauro CamillatoOpiniónVerdi: el regreso del gran símbolo cultural que Venado Tuerto se negó a perder

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Hay semanas que marcan un antes y un después. La que acaba de pasar fue una de ellas para Venado Tuerto. El 25 de mayo, con la reapertura de la Sala 2 del Centro Cultural Municipal, la ciudad celebró un hito en la recuperación de sus espacios culturales. Y apenas cuatro días después, el viernes 29, la apertura de los sobres de licitación para la restauración del Cine Teatro Verdi cerró una semana que la historia local debería recordar.

Lo cierto es que la apertura de sobres para iniciar la restauración del histórico teatro no es simplemente una noticia vinculada a la obra pública. Es, probablemente, uno de los acontecimientos culturales más importantes ocurridos en Venado Tuerto en las últimas décadas.

Es el resultado (tardío, pero bienvenido) de una conciencia colectiva que fue madurando durante décadas: los espacios culturales de una ciudad no son un lujo ni un ornamento. Son el espejo donde una comunidad se reconoce a sí misma.

Porque detrás de los números, hay algo mucho más profundo: la decisión colectiva de rescatar uno de los símbolos más representativos de la identidad venadense.

Una joya que no merece seguir esperando

El Verdi no es un edificio más, es  una obra arquitectónica singular, una de las expresiones más puras del Art Déco que existen en el interior argentino. Su fachada y su interior fueron concebidos con una coherencia artística y una calidad técnica que no tiene comparación en la ciudad. Construido por el impulso de la Asociación Italiana y de su entonces presidente, Miguel Tonelli, fue inaugurado el 10 de enero de 1930 (aunque desde principios de siglo ya existía con una construcción diferente bajo el nombre Salón Teatro Verdi) en Belgrano 357, bajo la conducción del arquitecto Juan B. Durand, con la decoración y pintura interior a cargo de Juan Julio Ragel, distinguido pintor y poeta local.

Foto de 1918 cuando el Verdi era un salón teatro- Velada por el día de San Patricio. Gentileza Archivo Histórico Digital

Declarado Patrimonio Histórico por Ordenanza Municipal N° 2353/96, su valor institucional y cultural está reconocido desde hace treinta años. Lo que faltaba era financiamiento y la voluntad para actuar en consecuencia.

Por esa hermosa sala, pasaron, desde Carlos Gardel -de quien se cuenta que pagó de su propio bolsillo las entradas de los que se quedaban afuera por no tener recursos- y su inseparable José Razzano (hay una placa en el frente del Teatro que recuerda ese evento), Libertad Lamarque, Luis Sandrini, Tato Bores, Berta Singerman, las orquestas de Francisco Canaro y Juan D’Arienzo, entre otros. El Verdi no era un teatro más: era parte del circuito cultural del país.

Ese edificio, con sus señorales palcos y plateas, y esa acústica que lo distingue, llevan décadas esperando una intervención a la altura de su valor.

Publicidad en Semanario La Ciudad de la función de trasnoche del cine Verdi con la recordada Isabel Sarli. Gentileza Archivo Histórico Digital

El sueño del BID y los fantasmas de los noventa

El Verdi cerró sus puertas el 30 de agosto de 1980, poniendo fin a lo que las crónicas de época definieron como un ciclo “espectacular para la vida ciudadana de toda una región. Luego, hubo varios intentos de reapertura (uno de ellos en 1981) que duraron escasos meses. Pero el edificio no murió: esperó. Y en julio de 1993, cuando Venado Tuerto vivía el apogeo del Banco BID, llegó lo que parecía ser la gran oportunidad.

Reapertura del Verdi en 1981, nota del semanario La Ciudad. Gentileza Archivo Histórico Digital

La Fundación del Banco Integrado Departamental anunció que se haría cargo de la reconstrucción del teatro. El plan era ambicioso en una escala que hoy cuesta imaginar: según alguna leyenda nunca confirmada oficialmente, se llegó a contactar a Carlos Spadone, reconocido empresario teatral marplatense que por entonces era asesor del presidente Carlos Menem -y que quedaría años después en el centro de una investigación periodística conocida como “el caso de la mala leche“- para que, una vez terminada la obra, se hiciera cargo de la programación de la sala. El Verdi, en esa visión, iba a convertirse en un destino cultural de primer nivel nacional.

Hubo incluso, según la misma versión, un proyecto para construir un hotel de lujo frente al teatro. La lógica era simple y audaz a la vez: si el Verdi iba a recibir producciones de envergadura, la ciudad necesitaba infraestructura para alojar al público que llegaría de otros lados. Era, en definitiva, una apuesta a que Venado Tuerto podía ser algo más que escala en la ruta.

Semanario La Ciudad- Gentileza Archivo Histótico Digital

El sueño terminó en abril de 1995, cuando el BID se derrumbó en una de las crisis financieras más dolorosas de la historia nacional. La Fundación no fue arrastrada formalmente a la quiebra, pero su suerte estaba sellada: sin los aportes del banco, su proyecto más ambicioso se disolvió junto con el optimismo de toda una época.

Encima, la tarea comenzada por la mencionada Fundación había avanzado sobre la remoción de lo viejo, pero nunca comenzó la restauración. Mientras tanto, quedaron varados en la Aduana equipos de aire acondicionados y otros elementos que nunca pudieron ser recuperados.

El Verdi volvió a quedar a la espera y se convirtió por años en una triste imagen en el centro de la ciudad, con su fachada invadida por palomas que dejaban sus huellas.

La Municipalidad entra en escena

Diario El Informe. Gentileza Archivo Histórico Digital

El siguiente capítulo llegó en 1999, durante la gestión del intendente Roberto Scott. El municipio suscribió un convenio con la Asociación Italiana y se hizo cargo de una remodelación parcial del edificio. La intención era genuina: devolver al Verdi alguna forma de vida pública. Y en parte lo logró. Se rehabilitaron el hall de acceso y una sala del primer piso, que durante años albergaron conferencias, presentaciones de libros, muestras de artistas plásticos y talleres municipales de tango, folclore, teatro y fotografía. Para muchos venadenses de esa época, esos talleres fueron el único vínculo sostenido con el edificio histórico.

Sin embargo, la recuperación tuvo límites evidentes. Más allá de la buena voluntad política y del esfuerzo realizado, nunca se logró avanzar hacia una restauración integral capaz de resolver los problemas estructurales que arrastraba el edificio.

Con el paso del tiempo comenzaron a aparecer diferencias respecto del futuro del teatro. El punto de quiebre llegó en 2011. Una vez regularizada gran parte de la compleja situación judicial que durante años había condicionado a la Asociación Italiana, la entidad decidió recuperar el control total del inmueble y dar por finalizado el convenio que mantenía con la Municipalidad. El corte fue abrupto, según reconoció el propio director de Cultura municipal de entonces, Andrés Pieli, quien admitió que el acuerdo había vencido y que no había habido acercamientos para renovarlo. “Esa medida obedece a un posicionamiento de la actual comisión directiva de la entidad, pero no esperábamos que todo esto fuese tan rápido“, señaló el entonces funcionario en nota reproducida por el diario La Capital de Rosario.

En realidad, más allá de las diferencias circunstanciales, ambas partes compartían un mismo diagnóstico: el Verdi necesitaba una intervención mucho más profunda que las realizadas hasta entonces.

Desde la Asociación Italiana, anunciaron entonces un plan de obras para “la recuperación total del teatro” e informaron que la situación judicial que pesaba sobre el inmueble estaba llegando a su fin. Prometieron reapertura a los artistas venadenses, talleres, un grupo teatral. La intención era clara. Los fondos, insuficientes. Posteriormente, se llegó a implementar la Escuelita del Verdi, que logró darle vida al espacio, pero tampoco duró demasiado. El teatro volvió a esperar.

Imagen de 1982 con su cartelera de cine a pleno

El corazón de la ciudad

La futura puesta en valor del teatro se complementará con otra intervención estratégica para el centro de la ciudad: la remodelación integral de calle Belgrano, cuyo inicio fue anunciado para los próximos meses.

La coincidencia de ambos proyectos promete revitalizar uno de los sectores más emblemáticos del casco urbano. Si el Verdi constituye el corazón cultural de esa zona, la renovación de Belgrano permitirá potenciar su integración con el espacio público y consolidar un corredor histórico, comercial y turístico de enorme valor para la ciudad.

Además, la recuperación del Verdi aparece como la culminación de un proceso más amplio de reconstrucción de la infraestructura cultural de Venado Tuerto.

No se trata de un hecho aislado. Por el contrario, forma parte de una secuencia histórica que tuvo distintos hitos a lo largo de las últimas décadas.

Uno de los antecedentes más significativos fue la restauración del Centro Cultural Provincial Ideal, que volvió a abrir sus puertas el 17 de agosto de 1989, recuperando para la ciudad uno de sus espacios culturales más emblemáticos.

Más recientemente, el 26 de abril de 2022, se concretó la reapertura de la Sala 1 “Jorge Luis Borges” del Centro Cultural Municipal, devolviendo actividad plena a uno de los principales ámbitos culturales públicos de Venado Tuerto.

A esa recuperación se sumó la reciente reapertura de la Sala 2 del mismo edificio.

En ese contexto, la restauración del Teatro Verdi adquiere una dimensión todavía mayor: se consolida como el capítulo más reciente de un proceso de recuperación de espacios culturales que atraviesa distintas gestiones, instituciones y generaciones

Un proceso colectivo, no un decreto

El modelo de financiamiento elegido para la restauración es, en sí mismo, una declaración de principios. Una primera etapa con fondos del gobierno provincial -presupuesto oficial de 1.500 millones de pesos, con siete ofertas presentadas que van desde los 1.415 hasta los 1.766 millones- se combinará con una segunda etapa que dependerá del compromiso de la comunidad: empresas, comercios, instituciones, vecinos que puedan y quieran aportar podrán hacerlo a través de la Ley de Promoción Cultural recientemente reglamentada por el gobernador Maximiliano Pullaro.

El Teatro Verdi representó durante casi un siglo mucho más que una sala de espectáculos: un espacio donde la comunidad italiana de Venado Tuerto no celebraba solamente su identidad de origen, sino también la identidad nueva que había construido en esta tierra

Y también resume la lección aprendida de todos los intentos anteriores: cuando la responsabilidad recae sobre un solo actor -sea un banco, sea un municipio, sea una institución sola- el proyecto tarde o temprano se agota. La única garantía de permanencia es el compromiso distribuido.

El cierre de un ciclo, el inicio de otro

Durante años, el Verdi resistió. Resistió el cierre en los 80. Resistió la ilusión trunca del BID en 1995. Resistió la gestión municipal que llegó con buenas intenciones y terminó en un entredicho institucional. Resistió el deterioro lento y silencioso que sufren los edificios cuando los proyectos superan a los presupuestos disponibles. Resistió, gestionado por la Asociación Italiana, como centro vivo de talleres y actividades culturales. Y en los noventa resistió incluso la amenaza de remate (y la cercana posibilidad de convertirse en un centro evangélico), cuando los vecinos se movilizaron y el Concejo Municipal le otorgó la protección patrimonial que merecía.

Gentileza Archivo Histórico Digital

Ahora, con la apertura de sobres del viernes y la reapertura de la Sala 2 del Centro Cultural el sábado anterior, Venado Tuerto cierra un largo ciclo de demoras y abre uno nuevo. Un ciclo donde recuperar los espacios culturales ya no es una promesa sino un proceso en marcha, con licitaciones abiertas, fondos comprometidos y voluntad política visible.

Las ciudades construyen su futuro también a partir de la manera en que preservan su pasado. Y pocas construcciones representan mejor la historia, la cultura y la identidad de Venado Tuerto que este teatro declarado patrimonio histórico.

Después de décadas de espera, el Verdi parece estar más cerca que nunca de volver a ocupar el lugar que siempre le correspondió: el de gran faro cultural de la ciudad.

Allí donde alguna vez resonó la voz de Gardel, donde generaciones enteras descubrieron el cine, el teatro y la música, comienza ahora una nueva etapa.

La reapertura de la Sala 2 del Centro Cultural Municipal, la inminente remodelación de calle Belgrano y el inicio de la recuperación integral del Verdi no son hechos aislados. Forman parte de una misma fotografía: la de una ciudad que vuelve a apostar por sus espacios públicos, por su patrimonio y por su cultura.

Y eso es, quizás, lo más importante de todo. Porque recuperar el Verdi no significa restaurar un edificio: significa devolverle a Venado Tuerto una parte de su memoria. Y las ciudades que conservan su memoria son las únicas capaces de construir un futuro con identidad.

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