Mauro CamillatoOpiniónPandemia y escuela presencial: una falsa dicotomía

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Los contagios de coronavirus subieron un 65% en la última semana en la Argentina, pero el dato más preocupante es que dichos contagios se incrementaron exponencialmente en la franja etaria de 0 a 9 y de 9 a 18. De ahí se puede inferir claramente que la vuelta a clases presenciales es uno de los factores que tienen que ver con el progresivo incremento de casos en nuestro país.

De hecho, por acá el dato certero lo difundió la delegación de Amsafé General López. Así informaron que en la semana que pasó en un relevamiento realizado en 30 escuelas estatales, detectaron que hubo aislamiento de burbujas en 10 de ellas.  Algo similar sucedió en todo el país.

La realidad le da un cachetazo de frente a todos los que militan la vuelta a clases presenciales  al 100%.

Ahora no hay dudas que seguir sin clases presenciales produce un fuerte prejuicio que tiene como principal víctima a los más desvalidos de la sociedad. Es que las desigualdades socioeconómicas preexistentes entre instituciones escolares, docentes y alumnos se profundizaron. Además se visibilizó algo poco tenido en cuenta anteriormente: la brecha digital.

Clases presenciales y pandemia

Lo cierto, que a pesar de que ya pasamos un año de pandemia nuestros dirigentes siguen sin poner en el centro de la escena el tema educativo. En este sentido vale tener en cuenta que a diferencia de lo que ocurrió en la mayoría de los países la suspensión de clases presenciales durante el 2020 en la Argentina alcanzó al ciclo lectivo completo.

Sin embargo, más allá de establecer enmarañados y necesarios protocolos para las vueltas a las aulas, mucho no se hizo.

Un ejemplo es lo sucedido en nuestra provincia, donde el gobierno conducido por Omar Perotti eligió aprovechar el año pandémico para ahorrar.

De hecho, según el informe oficial del propio Ministerio de Economía que conduce Walter Agosto el 2020 cerró con un superávit financiero de más de 18 mil millones de pesos. Este dato no es menor si se tiene en cuenta que este ahorro” se produjo en un periodo donde asediada por la pandemia la economía argentina combinó una caída superior al 10% e inflación del 36,6% en Santa Fe según la medición del IPEC.

No hay dudas que esto fue el resultado de una clara decisión del gobierno provincial que, entre otras cosas, subejecutó el presupuesto para Gastos de Capital. Así de un presupuesto de 57 mil millones con ese destino, se ejecutaron apenas 21.881 millones (14.960 de inversión real directa).

Los Gastos de Capital incluyen entre otras cosas: la compra de insumos como computadoras y/o pupitres para los establecimientos educativos, la construcción o refacción de nuevas aulas y escuelas.

En otro rubro importante donde el Estado santafesino ahorró fue en el de sueldos, ya que la partida de  remuneraciones de personal solo creció un 27%, muy por debajo de la inflación del año.

Pero “el ahorro” parece continuar en un 2021 con clases presenciales, ya que desde Amsafé General López también denunciaron que la Provincia definió no reemplazar a asistentes escolares que por ser personal de riesgo no pueden acudir a las escuelas. Según el gremio, hay establecimientos educativos de la región están sin porteros en algunos de los turnos o en todo caso tienen menos que los que corresponden (cada escuela debe tener por lo menos un portero cada 100 alumnos, hoy hay en la región 40 que no cumplen con este precepto).

Por eso, a pesar que estamos en un país donde todo se simplifica y se convierte a la lógica de la grieta, la discusión no parece tan simple, no es clases presenciales sí o no. El tema a tener en cuenta es: en qué condiciones se está produciendo esa vuelta a las aulas.

Y aquí las respuestas pueden variar, pero en primera instancia no se aprendió demasiado de lo sucedido en el 2020, es más parece que se apostó por esperar el milagro del “fin de la pandemia”.

Mientras tanto, esta pandemia ha demostrado la importancia de la escuela presencial como espacio de enseñanza/aprendizaje, de socialización y de desarrollo socio-emocional. Pero además la escuela es una institución donde niños y adolescentes reciben asistencia sanitaria y alimentación. Es decir, la escuela “presencial” es una institución fundamental e irremplazable.

Por eso hoy más que nunca, cuando todavía no podemos ponderar el daño que la “no presencialidad” provocó a los actuales alumnos, es necesario que el Estado empiece a dimensionar dicha importancia de la escuela presencial. Esto significa entre otras cosas, que revalorice (con reconocimiento de salario y mejora en las condiciones laborales, entre otros) el rol de los docentes.

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