Mauro CamillatoOpiniónPandemia: liderazgos y mezquindades

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Necesitamos desesperadamente el liderazgo de políticos que se tomen en serio la covid”, reclamó el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, en una nota publicada en el diario El País de España.

Por supuesto se refiere a la realidad de su país, EEUU, y critica tanto “el desastroso liderazgo de Donald Trump”  como al libertarismo que hace una mala interpretación de lo que es la libertad. En ese sentido reflexiona que existe “mucha charla sobre la libertad y la responsabilidad personal. Hasta los políticos dispuestos a decir que las personas deberían taparse la cara y evitar las reuniones en espacios cerrados se niegan a utilizar su poder para imponer normas a tal efecto, e insisten en que debe ser una decisión individual. Lo cual es una tontería”.

En síntesis lo que Krugman hace es un urgente llamado a la clase política a “ponerse los pantalones” y abandonar su predisposición a estar tan atentos a “la demanda de la gente”.

No hay dudas que en el marco de una pandemia, no se puede dejar todo librado a las decisiones individuales.

En el marco de una pandemia, no se puede dejar todo librado a las decisiones individuales.

Al respecto advertimos en nota anterior que por acá “el virus acecha, está ahí, cerca, donde menos lo imaginamos. Con el hospital y los sanatorios locales al borde del colapso, médicos y enfermeros exhaustos”. Y en ese contexto, parece que el venadense, amparado por un Estado que “no utiliza su poder para imponer norma”, anda por ahí como si nada, contagiándose. Un claro ejemplo fue lo ocurrido en la madrugada del domingo donde hubo tres accidentes de tránsito en las calles de Venado Tuerto de jóvenes presuntamente alcoholizados y que circulaban en horario prohibido.

Las cifras lo demuestran, la curva de contagio no baja y encima la de las muertes sigue en ascenso.

Ahora bien, en el medio de este panorama en las últimas jornadas volvieron las trifulcas políticas y las extrañas operaciones. Los cañones apuntaron contra el gobierno municipal, su predisposición a liberar actividades y sobre todo a la escasez de control en bares y locales gastronómicos. Hasta salió publicada una nota en un importante diario digital rosarino, sin firma alguna. (Demasiada similitud con la opereta anterior que encabezó Alejandro Fantino).

A esta altura, no hace falta decirlo, aquí mismo venimos sosteniendo una posición crítica sobre el proceder municipal. Pero lo llamativo es que estos sectores que aparecen realizando fuertes reproches al gobierno local, son los mismos que apoyan a los gobiernos de la Provincia y de la Nación, olvidando que estos últimos tampoco tienen un claro éxito para exhibir en el manejo de la pandemia.

Es más, habría que recordar que más allá de las decisiones locales, quienes dispusieron las distintas etapas del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio fueron la Nación y luego la Provincia. Además, al casi inexistente control municipal también se le suma el “casi inexistente” control provincial (las fuerzas de seguridad tienen potestad para realizarlo).

La necesidad de un liderazgo político

Lo cierto es que a pesar de las mezquindades de algunos que intentan aprovechar este momento para sacar ventajas, pensando más en las elecciones que se vienen antes que en el bien común, la necesidad de un liderazgo político es imperioso.

Paul Krugman destaca que dicho liderazgo es necesario para imponer el uso de barbijo y el respeto al distanciamiento social, únicas herramientas de comprobada eficacia para controlar la pandemia. Dejar librada a la responsabilidad individual la adopción de tales conductas puede ser suicida.

El liderazgo es necesario para imponer el uso de barbijo y el respeto al distanciamiento social, únicas herramientas de comprobada eficacia para controlar la pandemia. Dejar librada a la responsabilidad individual la adopción de tales conductas puede ser suicida.

Aunque, todo liderazgo requiere de la legitimidad necesaria para ejercerlo (Weber dixit). En estos tiempos vertiginosos, mediados por las tecnologías de la comunicación, dicha legitimidad no sólo se obtiene con el voto sino que es necesaria construirla día a día.

Así las cosas, lejos de tener líderes a la altura de las circunstancias, es imperioso conseguir consensos en el manejo de la pandemia. Para que ello suceda a la vez es necesario que la clase política deje de lado sus mezquindades y priorice el bien común. El estado de emergencia que vivimos, acechados por el maldito bicho, lo demanda.

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