El estado de la ruta nacional 33 es aberrante, una permanente invitación a la tragedia con pozos, banquinas descalzadas o directamente anuladas por pastos altos que nadie corta, huellas profundas que dificultan la circulación. Y ni hablar los días de lluvia, donde esas huellas se llenan de agua y los vehículos van patinando, sin posibilidad de realizar maniobras seguras. Además los pozos quedan invisibles, ampliando el riesgo de tomarlos y generar daños en el vehículo y -peor aún- algún siniestro con la pérdida del control.
Esta descripción no es novedosa. Los reclamos sobre el estado de la ruta 33 se acumulan desde hace años. El origen del problema hay que buscarlo en 2018, cuando el entonces presidente Mauricio Macri anunció la conversión de la ruta en autopista, decidiendo eliminar el cobro del peaje a partir de agosto de ese año. Así, el mantenimiento de la traza recaía sobre un consorcio encabezado por la constructora Helport, que se iba a hacer cargo de la construcción de la autopista en el tramo entre el acceso a San Eduardo y la ruta A012.
Ni hace falta recordar que la obra nunca empezó, a pesar que se colocó un cartel muy vistoso con el anuncio junto a la rotonda y que incluso la empresa constructora llegó a instalar el obrador en jurisdicción de Venado Tuerto. Después de haber funcionado durante 27 años, la ruta 33 se quedó sin peaje y virtualmente sin mantenimiento, con un deterioro progresivo.
Con el cambio de gobierno, la inoperancia de la gestión de Alberto Fernández también se trasladó al mantenimiento de las rutas nacionales. La 33 fue una clara muestra de ello, con Vialidad Nacional debiendo hacerse cargo de sostener una transitabilidad segura, algo que nunca ocurrió y sólo aumentó la crisis. Otra vez, la promesa de la autopista se hizo presente y hasta comenzaron algunos trabajos mínimos en cercanías de Rufino, con idéntico resultado al anterior.
La llegada de Javier Milei a la presidencia ni siquiera generó expectativas. La anunciada eliminación de la obra pública, la jactancia del déficit cero sin inversión, dejó a la ruta 33 en el peor estado de su historia. Ni tapar pozos, ni cortar el pasto ni siquiera una preocupación mínima por el estado de la traza. No es una lectura, así lo llegó a decir el mismísimo Manuel Adorni (hoy jefe de Gabinete) cuando todavía era vocero. En este caso la promesa es la privatización, que está muy verde. Ya pasaron dos años y no hubo ningún avance.
Lo que todos ven
Esta descripción no es caprichosa ni tendenciosa. El repaso por las noticias es elocuente. En noviembre de 2020 el entonces senador Lisandro Enrico “volvía a reclamar” reparaciones urgentes en la ruta 33. Al año siguiente, presentó en Vialidad Nacional “proyectos para garantizar la seguridad en la ruta 33 en Venado Tuerto”.
En marzo de 2023, Enrico, que seguía siendo representante del departamento General López, le pedía una vez más a Vialidad Nacional que “se intervenga de manera inmediata sobre los sectores más críticos de la ruta nacional 33” con más obras de mantenimiento, puntualizando en algunos tramos como el sector de Seguridad Vial donde funcionaba el peaje en Venado Tuerto.
Ya como ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico no sólo siguió reclamando por el estado de las rutas, sino que además junto al gobernador Maximiliano Pullaro pidió decenas de veces que se le ceda su mantenimiento al gobierno de Santa Fe, con permanentes negativas de Nación. La gravedad es tan notoria que en julio de este año Enrico instó a los vecinos del sur provincial a utilizar la ruta provincial 90 (recientemente repavimentada) como alternativa para viajar a Rosario, para evitar a la 33.
Con todo esto, queda en claro que el Estado santafesino considera que las condiciones de seguridad y transitabilidad de la ruta 33 son pésimas. A esta altura, muchos sufrieron o conocen a alguien que reventó un neumático, sufrió deformación de una llanta o se quedó sin amortiguadores por culpa de un pozo (o varios) en esta ruta.
Es más, la senadora Leticia Di Gregorio recurrió a la Justicia Federal y obtuvo una medida cautelar de parte del juez Aurelio Cuello Murúa para ordenarle a Vialidad Nacional que intervenga sobre las rutas nacionales que atraviesan el departamento General López. En los planteos, se habla de “pavimento agrietado y con baches profundos en múltiples sectores, lo que hace imposible transitar de forma segura”; también remarca “la señalización horizontal y vertical insuficiente o inexistente, las banquinas están descalzadas y sin mantenimiento, lo que aumenta el riesgo de accidentes, y además, cerca de ella en el asfalto se forma un ‘borde ballena’ que es casi imposible tocar con cualquier vehículo”.
Marche preso
La cautelar fue dictada en marzo de 2025 y ahora será nuevamente extendida, dado que pasan los meses y no se completan estos trabajos mínimos requeridos. El tramo más afectado sigue siendo desde Firmat hacia el sur, y uno de los puntos sumamente críticos está frente a la sede de la Policía de Seguridad Vial de Venado Tuerto, donde antiguamente estaba el peaje. Allí, los pozos tienen dimensiones de cráteres lunares, camiones y autos van jugando a la ruleta, tirándose a un costado y al otro de la cinta asfáltica para tratar de esquivarlos con suerte dispar.
Anécdota personal: el miércoles 31 de diciembre no pude evitar la sorpresa cuando un agente de la Policía de Seguridad Vial me solicitó la documentación del auto y me invitó a tirarme hacia un costado para labrarme la infracción por tener la Verificación Técnica Vehicular (VTV) vencida.
Obediente, esquive uno de los tantos pozos y estacioné, todavía incrédulo por el planteo que escuchaba. El mismo Estado que no atiende las rutas, que se desentiende de la vida de quienes deben transitarlas me obliga tener un certificado que dice que tengo el vehículo “en condiciones”. El mismo Estado que reclama desde hace ¡más de seis años! porque la ruta 33 es un desastre, en este caso personificado en un agente de la Policía de Seguridad Vial, me dice que me va a sancionar por no tener la VTV al día.
Lo llamativo es que no tuve que dar argumentos lejanos o narrarle que en determinado kilómetro la ruta tiene un pozo para hacerle saber mi descontento. No. Alrededor nuestro la ruta es intransitable, entonces mientras el agente redactaba la infracción me bajé y saqué fotos.
No tuve que caminar demasiado, tan solo un par de metros alrededor del auto para dejar en evidencia lo que todos veíamos: pedir la VTV a alguien que circula por esa ruta es un absurdo que sólo sirve para engrosar la estadística de infracciones labradas.
Esta nota ni siquiera apunta a discutir la utilidad de la VTV ni su carácter monopólico (ambas cosas cuestionables), sino la ficción de que alguien está contribuyendo a prevenir un accidente en la ruta pidiendo un certificado mientras el auto se va rompiendo pozo tras pozo. No digo esto porque me toca una multa, el archivo me avala y además -debo admitir- estaba esperando el momento en que esto ocurra para dejar el absurdo en evidencia. Aunque albergaba la esperanza de que a nadie le daría la cara para tanto.
En estos días, la Municipalidad de Venado Tuerto está avanzando con la creación de una playa de camiones para solucionar un viejo problema del tránsito de la ciudad. Vehículos de gran porte estacionados en los barrios generan diferentes problemas, pero los inspectores no aplican sanciones porque no hay (hasta ahora) un espacio donde albergarlos. No hay sanción porque no hay solución: el camión está mal estacionado pero no hay donde dejarlo. La VTV fue instaurada por la ley 24.449 (Ley Nacional de Tránsito) con el objetivo de contribuir a la seguridad vial, que en esta ruta claramente no existe. Por sentido común, por lo menos en esta arteria, no se debería exigir mientras el auto se rompe kilómetro a kilómetro.
Nunca tuve problemas en realizar la VTV. Sé que la tengo vencida pero es por los motivos expuestos, porque considero que una ley absurda es una ley que no debe cumplirse. El policía me dio la razón cuando le dije que “me voy a matar por el estado de la ruta y no por no contar con la técnica al día”. Sí, ahora tengo razón y una multa, mientras seguimos esperando la próxima tragedia.











