“Un honor acompañar a nuestro gobernador, Maximiliano Pullaro, en el acto oficial por el Día de la Bandera en Rosario, el lugar donde Manuel Belgrano izó por primera vez nuestra enseña patria. La celeste y blanca nos representa en cada rincón del mundo. Es nuestra identidad, nuestra historia y la que nos une como argentinos. Una jornada que contó con la presencia del presidente de la Nación, Javier Milei, y la vicepresidenta, Victoria Villarruel“.
De esta manera, el intendente de Venado Tuerto y presidente nacional de la UCR, Leonel Chiarella, eligió describir en redes sociales (ese espacio en el que se siente tan cómodo) su participación en el acto patrio realizado bajo el Monumento Nacional a la Bandera, a la vera del Paraná, en Rosario. No es un dato menor el orden de las menciones: Chiarella se cuidó de remarcar primero su acompañamiento al gobernador santafesino y recién en el último párrafo, casi al pasar, sumó al presidente y a su vice.
Como sea, el mandatario local fue uno más de los que sufrieron la incomodidad de un acto patrio cargado de tensiones internas. Una incomodidad que se notó en las maniobras de unos y otros para no quedar pegados en determinadas fotos. El capítulo más bizarro fue protagonizado por el propio Milei y Villarruel, que se cuidaron de no aparecer uno al lado del otro en toda la jornada. Ni hablar de la presencia del “impresentable” jefe de Gabinete Nacional, Manuel Adorni, al que buena parte de los dirigentes presentes esquivó con disimulo.
Menuda tarea tuvieron los encargados del protocolo ante semejante desaguisado. De hecho, una de las imágenes más comentadas fue la que mostró a Villarruel junto a la presidenta de la Cámara de Diputados santafesina, la socialista Clara García. Queda flotando la pregunta: ¿fue adrede o una desgraciada coincidencia? Como sea, es una muestra más de los sapos que sigue tragando la tropa socialista.
Lo cierto es que Chiarella logró que su imagen volviera a trascender en los medios nacionales, casi siempre al lado de Pullaro. Aunque alguna que otra foto cerca de Milei también terminó circulando. Las fotos son solo eso, fotos, pero su simbolismo y su peso a futuro nunca son gratuitos.
Dos miradas sobre Belgrano, una sola foto compartida
Más allá del juego de las cámaras, el acto en Rosario también dejó en evidencia que la convivencia institucional entre Pullaro y Milei tiene límites evidentes. El Presidente, en su discurso casi escolar, reivindicó a Belgrano como un precursor libertario, asociando la bandera a “la causa de la libertad” en su dimensión económica. Pullaro, en cambio, eligió subrayar la lectura del prócer ligada a la igualdad y al desarrollo colectivo, una libertad que -dijo- es inseparable de la igualdad de oportunidades. El gobernador también marcó diferencias de fondo en torno al federalismo y la obra pública, reclamando que los recursos que genera Santa Fe vuelvan a la provincia en infraestructura productiva.
En ese terreno minado, Chiarella optó por el silencio. No hizo declaraciones propias sobre el contenido de los discursos. Una estrategia que le permite capitalizar la jornada sin exponerse a una interna que no es la suya, pero que tampoco le resulta del todo ajena.

Un camino difícil de precedecir
No hay dudas de que el intendente venadense empezó a transitar un camino difícil de anticipar. Su juventud sigue siendo su principal activo: con solo 37 años, se convirtió en el presidente más joven en los 134 años de historia del radicalismo. Tiempo para hacer carrera política, le sobra.
El 2027 será trascendental para su futuro. Ahí tendrá que elegir o, en todo caso, especular con el espacio que le quede para competir. Todo indica que cumplirá con su promesa de no ir por la reelección en Venado Tuerto, una ciudad que parece haber quedado por debajo de la dimensión que hoy adquiere su proyección política. La incógnita es cuál será el lugar más conveniente para su salto político. Obturada la posible candidatura a gobernador por la casi segura decisión de Pullaro de ir por la reelección, en la provincia le quedará la opción de la senaduría departamental, aunque ahí deberá esperar primero la definición de su padre y mentor político, Lisandro Enrico. A nivel provincial, podría aspirar a una candidatura a diputados, un lugar que difícilmente potencie su proyección. Integrar la Cámara baja provincial no parece abrirle puertas más grandes.
A nivel nacional, la opción más probable es una candidatura a diputado nacional, un terreno donde es difícil lucirse salvo que cuente con un sostén mediático y de recursos del que, por ahora, no parece disponer.
Como sea, no hay dudas de que Chiarella se convirtió en el dirigente preferido de Pullaro, con todo lo bueno y lo malo que ese lugar conlleva. Fue el propio gobernador quien lo bendijo para encabezar la UCR a nivel nacional, además de acompañarlo con cuantiosa obra pública para Venado Tuerto junto al ministro Enrico. Si a Pullaro le va bien y consigue la reelección, Chiarella quedará en un lugar expectante. Si no sucede, tendrá que buscar la forma de despegarse rápido, una tarea nada sencilla a juzgar por sus últimas apariciones siempre a la par del gobernador.
Esa cercanía, sin embargo, convive con una responsabilidad de otra escala: la conducción de un partido que atraviesa una de sus repetidas crisis desde el retorno de la democracia. Tras las elecciones legislativas de octubre de 2025, la UCR pasó de 26 a apenas seis diputados nacionales, el número más bajo de su historia.
En el corto plazo deberá enfretar un nuevo y díficil dilema. Como presidente del partido, Chiarella deberá fijar postura sobre la moción de censura contra el jefe de Gabinete nacional, Manuel Adorni. Lo que en principio parece una decisión sencilla -pocos discuten que Adorni debería dejar el cargo- se complica por la rebuscada argumentación con la que Pullaro y otros gobernadores radicales ya anticiparon su rechazo a votar la moción, escudados en supuestas razones institucionales. En el fondo, como tantas otras veces, los mandatarios radicales buscan evitar quedar pegados a una decisión impulsada por el bloque kirchnerista, aun cuando compartan cuestionamientos hacia el oficialismo nacional. La tensión entre identidad partidaria y conveniencia política volverá así a quedar expuesta.
Claro que los caminos de Chiarella también pueden volverse impredecibles. Parafraseando a Vicentico, “los caminos de la vida (y de la política) no son siempre los que pensamos, ni los que creemos, ni los que imaginamos”. Y, en todo caso, “son muy difíciles de andar y de caminar”.
El intendente venadense tiene hoy una vidriera nacional como pocos dirigentes locales tuvieron en la historia de la ciudad. Le sobra tiempo. La pregunta, como con la propia UCR, es si sabrá usarlo con inteligencia política.







