Mauro CamillatoOpiniónLas paradojas del “maldito bicho”

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Ese maldito bicho sigue haciendo de las suyas. Cada vez son más las personas que me rodean que lo padecen o lo padecieron. Algunos se lo quitan de encima sin demasiados problemas, otros lo sufrieron o lo siguen sufriendo con picos de fiebres y dolores en el cuerpo indescriptibles, otros culminaron internados asistidos con respiradores, y el querido Pablo no pudo superarlo.

El virus acecha, está ahí, cerca, donde menos lo imaginamos. Con el hospital y los sanatorios locales al borde del colapso, médicos y enfermeros exhaustos.

Por ahora no hay otra “cura”, ni los remedios que se prueban en el mundo (los antimaláricos: cloroquina e hidroxicloroquina; el antiviral, remdesivir; y los antirretrovirales: lopinavir y ritonavirs), ni los “criollos” (ibuprofeno inhalado o plasma) han demostrado ser eficaces. En todo caso, pueden ayudar, pero no han mostrado ser la esperada “cura”. Un dato fáctico al respecto, es que el ninguno logró bajar el índice de mortalidad de los pacientes.

Lo que queda es el barbijo, el alcohol en gel y la distancia social, nada más. Son las únicas medidas conocidas para combatirlo y deberíamos seguir respetándolas.

Mientras los números fríos asustan, hasta ayer sábado dicen que en Venado Tuerto hay 810 personas transitando la enfermedad, 60 de los cuales están internados en salas clínicas, 25 en terapia intensiva, 21 en el Centro de Aislamiento y 704 en sus domicilios. Ya son 78 las personas que fallecieron con Covid -19 desde el comienzo de la pandemia. Claro que detrás de cada número hay nombres y apellidos, con sus historias a cuestas, con sus sueños que se frustran. Y por supuesto, también queda gente que los quiere y los extraña.

Paradójicamente, mientras eso nos sucede, por acá todo se abre, la cuarentena ya no existe y por ende pareciera que el bicho tampoco existiera.

Pero el bicho ahí está, anda por las calles de Venado Tuerto cómo si nada, haciendo daño.

¿Es necesario abrir todo?

La pregunta es difícil de responder, aunque como ya dijimos en columna anterior, la dicotomía entre salud y economía, se definió a favor de esta última. Por eso la opción de extender una rígida cuarentena ya no era posible.

Pero, ahora: ¿es necesario abrir todo aún más en el medio del pico de la pandemia?

Los números de Venado Tuerto en la última semana asustan. Sin embargo, presionados por los comerciantes el Municipio decidió este finde demarcar espacios sobre el asfalto y hasta realizar cortes de calles para ampliar la capacidad de los locales gastronómicos.

Más allá de la discusión sobre si el virus se contagia en los bares o no, lo que importa acá es lo simbólico que significa ver dichos lugares atestados de gente disfrutando de la noche mientras el bicho sigue haciendo de las suyas. Por si acaso, vuelvo a aclarar: no estoy en contra del disfrute de la gente, y menos aún, de las necesidades que tienen los comerciantes de tratar de recuperarse económicamente, todo lo contrario. Estoy hablando de otra cosa.

Es decir, la ciudad está en el tan citado pico de la pandemia y sin embargo desde el Estado parece querer mostrarse lo contrario.

Foto: gentileza Santiago Córdoba

De hecho en otro importante acto simbólico el Municipio, después de siete meses, decidió esta semana abrir su puerta principal de ingreso sobre calle San Martín.

Es más lejos quedaron aquellos días en los que estábamos encerrados en nuestras casas, atemorizados, mientras al bicho lo mirábamos por TV.

He aquí otras de las paradojas más flagrantes de la pandemia argenta: cuando el coronavirus explotaba en la Ciudad y en la provincia de Buenos Aires, por acá estábamos todos encerrados, con los locales gastronómicos que ni miras tenían de abrir. Ahora que se baten récords diarios de casos y de muertes en Venado Tuerto, en Santa Fe (también en otras provincias) por acá estamos como si nada y encima el gobierno nacional anunció la vuelta del fútbol, aviones y colectivos.

Paradojas de una Argentina centralista y unitaria. Lo que en ensayista, oriundo de la vecina localidad de San José de la Esquina, Ezequiel Martínez Estrada calificó en 1940 como “La cabeza de Goliat”.

 

Fotos de portada: gentileza Juan José López

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