Mauro CamillatoOpiniónLa pista de atletismo: una obra con historia, polémicas y un debate que sigue vigente

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Finalmente, luego de haber atravesado varias polémicas, en un evento repleto de público se inauguró la tan postergada nueva pista de atletismo “Profesora Yolanda Cantoni” en el Parque Municipal General Belgrano. Una pista de tartán que posiciona a la ciudad como una de las pocas del país con esta infraestructura, y que permitirá la homologación para competencias nacionales e internacionales de atletismo.

Más allá de las polémicas, sobre las que nos explayaremos luego, no hay duda de que el gran hacedor de esta obra es el actual ministro de Obras Públicas, el venadense Lisandro Enrico. Y esto no se debe a que durante su gestión al frente de la cartera provincial se concretó la obra, sino a que mucho antes de ocupar ese espacio ya venía impulsando el proyecto. De hecho, fue el propio Enrico como senador departamental quien promovió la remodelación integral del Parque General Belgrano, que se comenzó a llevar a cabo durante el gobierno de Miguel Lifschitz en 2018 y culminó su primera etapa sobre el cierre de 2019, poco antes del cambio de mando. En aquel momento, su pedido quedó trunco: la pista de tartán no ingresó en esa primera etapa, aunque el proyecto contemplaba avanzar sobre ella en una segunda.

El cambio de signo político en la provincia en el 2019, con la llegada de Omar Perotti, frenó esa continuidad. El rafaelino decidió no seguir con la obra, a pesar de que su secretaria de Obras Públicas, Leticia Battaglia, visitó Venado Tuerto poco después de asumir para auditar los trabajos inconclusos  (entre ellos el Parque Municipal y el Centro de Justicia Penal) y prometió que la pista de tartán se iba a realizar. La historia, ya es conocida: la iniciativa quedó en pausa durante toda esa gestión. En paralelo, la obra pública en Venado Tuerto fue muy escasa.

Recién en la campaña que llevó a Maximiliano Pullaro a la Gobernación, el proyecto volvió a tomar impulso. La promesa de concretarlo y la posterior designación de Enrico como ministro terminaron de alinear las condiciones para su ejecución.

Las polémicas del camino

La primera y de mayor repercusión ocurrió en los inicios de abril del año pasado, cuando un grupo de vecinos salió a cuestionar y hasta intentó impedir el derribo de 40 plantas previstas en el plan de remodelación. Lo que algunos denominaron un ecocidio encendió los ánimos contra el intendente Leonel Chiarella, quien, en primera instancia, justificó la tala señalando que elevar la pista a estándares internacionales requería su ampliación, y que la resina de los pinos podía perjudicar el nuevo solado sintético.

La polémica se disipó cuando Chiarella se comprometió a no remover más árboles y a revisar la obra. Pocos días después, la provincia presentó un nuevo proyecto que permitió continuar sin extraer más ejemplares del predio. Superado ese escollo, la obra avanzó hasta su inauguración.

El debate que quedó

Pero más allá del conflicto ambiental, otra discusión siguió dando vueltas en parte del imaginario social: la de la prioridad o no de la obra, y si realmente valía la pena realizarla teniendo en cuenta la cantidad de habitantes que efectivamente disfrutarán de una pista de tartán en la que se invirtieron recursos importantes. El mismo debate, por otra parte, que obligó a replantear la remodelación de la plaza San Martín.

Detrás de ese cuestionamiento aparece el clásico análisis utilitarista: ¿es este el mejor uso posible para ese dinero, comparado con todas las demás opciones? Para el utilitarismo, la pregunta no es si la pista es “buena” en abstracto, sino si maximiza el bienestar del mayor número de personas posible.

Desde esa perspectiva, la defensa de la obra es clara. La pista puede generar beneficios en términos de salud pública, al fomentar la actividad física; puede convertirse en un espacio de uso comunitario durante décadas; puede impulsar el desarrollo deportivo y hasta producir un efecto económico indirecto a través de eventos o turismo. En ese cálculo, la inversión no se mide solo por cuántos atletas la usan hoy, sino por su potencial impacto acumulado en el tiempo.

Pero el mismo enfoque abre la puerta a la crítica más dura: el costo de oportunidad. ¿Qué otra cosa se podría haber hecho con ese dinero en un momento de crisis como la que atravesamos? Si la respuesta favorece a esas alternativas, la pista podría considerarse una decisión cuestionable. 

La respuesta, en todo caso, depende de variables concretas: si el acceso es verdaderamente masivo o queda reservado a un grupo reducido de atletas, y si las necesidades básicas de la ciudad están razonablemente cubiertas. Y, en todo caso, si hay otras obras prioritarias que se podrían haber realizado con esos fondos. También, en el mismo sentido, podría incluirse la crítica del colectivo docente que acudió al evento del viernes a manifestarse. El argumento, por demás válido, es que este tipo de obras la provincia la realiza a costa del deterioro de los sueldos de los docentes activos y jubilados. “Pista de atletismo: corte de cinta con recorte de salarios y jubilaciones, expresaron desde el gremio en sus redes sociales.

Finalmente, desde una visión más técnica y contemporánea, aparece la pregunta por la sostenibilidad: ¿podrá la ciudad mantener esta infraestructura en el tiempo, o correrá el riesgo de convertirse en uno de esos “elefantes blancos” que generan más deuda que beneficio?

Lo certero es que no hay una respuesta definitiva. La pista de tartán del Parque General Belgrano es, al mismo tiempo, una obra largamente postergada y finalmente concretada, un logro de gestión, una fuente de polémica ambiental resuelta a medias, y el disparador de un debate sobre las prioridades del Estado que excede con creces a Venado Tuerto.

Lo que sí es claro es que la discusión sobre qué hacer con los recursos públicos escasos no termina con el corte de cinta. Empieza ahí.

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