Mauro CamillatoOpiniónEl opaco personaje que pasó por Venado Tuerto y sembró zozobra en el gobierno provincial

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El último martes irrumpió la noticia en los medios rosarinos: renunció el director de Análisis Criminal Estratégico del Ministerio de Seguridad de Santa Fe, Horacio Lucchini, luego que apareciera mencionado por Mariana Ortigala, una testigo clave del caso Esteban Alvarado (uno de los narcos más importantes de Rosario) por presuntas maniobras de tráfico de influencias que incluía el ofrecimiento de favores a Guillermo Cantero, líder de la banda de Los Monos.

Pero, además, las distintas crónicas agregaban un dato: dicho funcionario antes de asumir en la repartición provincial, trabajó en el Juzgado Federal de Venado Tuerto. Más precisamente, señalaban que Lucchini hasta hace poco fue secretario del Juez Federal, Aurelio Cuello Murua. En realidad, aunque él se presentaba como secretario y casi funcionaba como tal, su cargo era oficial notificador.

“La reunión fue en el mes de octubre del 2021. En esa reunión Lucchini me manifestó que era secretario de un Juez Federal de Venado Tuerto y que iba a ascender como viceministro de seguridad de Santa Fe” (textual de la declaración de Ortigala)

Lo cierto es que, más allá de las llamativas características del personaje involucrado, el caso reviste una grave institucional importante, es la primera vez que un funcionario político del área de Seguridad aparece directamente vinculado a una causa de narcotráfico. Encima, las pruebas serían contundentes, ya que más allá del relato de la testigo habría grabaciones de video al respecto.

“La idea era mediar entre las dos bandas de Rosario, este la banda de Alvarado y la banda del Guille Cantero. Me contó que hizo muchos arreglos con Esteban Alvarado y que él no iba a ver a la cárcel de Urdampilleta. Cuando digo arreglos me refiero a arreglos económicos, por ejemplo que le conseguía beneficios, etc a cambio de plata” (Ortigala)

Hasta ahora lo más lejos que llegaron las investigaciones judiciales de casos narco era a jefes policiales. Después siempre fueron lógicas especulaciones, pero nunca se había comprobado la remanida complicidad política.

De hecho, todavía retumba en los corrillos políticos santafesinos el discurso inaugural del mandato de Omar Perotti, cuando posterior a su juramento prometió: “basta de vínculos entre política y delitos. Es más, en dicho discurso realizado frente al saliente mandatario Miguel Lifschitz, acusó que el narcotráfico se expandió en Santa Fe “al amparo de la desidia y la ignominia estatal”. También habló de “vista gorda política” y de complicidad asentada en “un pacto de gobernabilidad directo o indirecto con el delito“.

¿Quién es Horacio Lucchini?

No aparece una sola respuesta para el interrogante, de hecho, para la gran mayoría del campo periodístico/político, era un verdadero desconocido. Sin embargo, su nombre ya había aparecido otras veces, hay un viejo artículo que data del 2009, en un no demasiado conocido sitio web, donde se hablaba de su posible llegada al Ministerio de Seguridad de Santa Fe.

Pero, fue posterior a la derrota electoral del oficialismo provincial del año pasado donde comenzó a sonar seriamente como un postulante al cargo. Finalmente, arribó a la cartera sobre el cierre del 2021, pero en un cargo de segunda línea. Aunque según el testimonio de Mariana Ortigala su objetivo era alzarse con el lugar de Jorge Lagna.

“Matías Herrera y Lucchini en la reunión me dijeron que Lagna, o sea el ministro de seguridad es muy endeble, que él aspira a ese puesto, o sea que Lucchini lo quiere sacar a Lagna y quedarse él. Cuando digo endeble quiero decir frágil, débil, permeable, se le ríen, se le cagan de risa, o sea como que lo pueden manipular” (Ortigala)

En tanto, rastrear su paso por el juzgado Federal de Venado Tuerto es más complicado. Solo se sabe que arribó junto al juez Aurelio Cuello Murúa, quien por ahora eligió permanecer en silencio y no responder a las consultas periodísticas al respecto.

Y como dijimos líneas atrás, a pesar de que no era secretario del magistrado, se presentaba como tal. Tan es así, que en la mayoría de las oportunidades aparecía a su lado en todas las reuniones oficiales (y no oficiales) que Cuello Murúa tuvo con dirigentes políticos locales por el tema seguridad. En esos encuentros fue que cultivó una relación especial con el entonces secretario de Gobierno de la Municipalidad de Venado Tuerto, Jorge Lagna.

Así, se convirtieron en asiduas sus visitas al despacho del entonces funcionario local, que no pasaban desapercibida por su especial porte (“parecía un personaje de una película de Quentin Tarantino”, rescata un empleado municipal). También compartían jornadas en una mesa de café de un bar céntrico.

Lucchini es un hombre alto, panzón, pelado y piel oscura bronceado, tiene una forma extraña de hablar” (Ortigala)

De todos modos, lo que más sorprendió a aquellos que tuvieron contacto con él fue su hermetismo y principalmente su facilidad para obtener datos. “Él decía que tenía ciertos vínculos con la Agencia Federal de Inteligencia (AFI)”, nos cuenta otro venadense que lo conoció, pero que se niega a dar su nombre.

En una oportunidad estaba tomando mate con mi familia en la costanera de Rosario y me mandó un mensaje diciéndome que sabía que estaba en ese lugar”, completó el sorprendido vecino, remarcando que era su costumbre enviar ese tipo de mensajes para demostrar la información con la que podía contar.

En un momento me dice que él podía “conseguir beneficios” para Guille Cantero. Por ejemplo los beneficios serían, frenar requisas, que le habiliten 24 horas de teléfono fijo y la posibilidad de que Guille tenga un teléfono celular. Todo esto me lo decía para que yo se lo transmita a Cantero” (Ortigala)

Anécdotas similares son contadas por los pocos que llegaron a conocerlo por acá. En tanto, dirigentes políticos de todos los colores también lo describen como un personaje extraño, pero a la vez con fluidos contactos con el poder de turno. “Recurríamos a él cuando necesitábamos comunicarnos con algún funcionario nacional y no sabemos como hacía, pero siempre lograba el cometido”, relata un dirigente local en estricto off the récord.  Además, nos aclara que a pesar que Lucchini manifestaba ser peronista, sus contactos iban más allá de dicho espacio. “Tenía amplío conocimiento de los movimientos de las fuerzas de seguridad nacional y sabía todo lo que sucedía en la justicia”, nos agrega.

“Lucchini dice que es muy amigo de Malala que es María Laura Garrigós, la interventora del Servicio Penitenciario. Cuando estuve con Lucchini hablaba por teléfono con ella, entre otros llamados” (Ortigala)

Como si esto fuera poco, él mismo se encargaba de ventilar a diestra y siniestra su árbol genealógico resaltando la figura de quien decía que era su abuelo, Rolando Gaspar Lucchini. Este último tiene entre sus laureles haber sido el abogado de Juan Galiffi, alías Chicho Grande, un siciliano que copió los métodos de la mafia italiana de los EEUU y lo puso en práctica en Rosario. Fue la época en la que la localidad ubicada a la veda del Paraná se ganó el nombre de “la Chicago Argentina”. Chicho Grande culminó siendo deportado en 1933 a Italia, pero antes dejó como encargada de la organización a su hija Ágata Califfi. Esta se casó con el abogado de su padre, Rolando Lucchini (quien además era el administrador de los bienes de la familia en el país), y ambos fueron detenidos en 1939 en Tucumán por traficar billetes falsos.

“Me dijo que podía haber beneficios mayores como un traslado, que él estaba gestionando los hilos para subir al gobierno y que para eso, necesitaba un par de “golpes sociales” (…) Concretamente me pidió que Guille mande a balear distintos lugares o que le entregue a él datos de donde estaban las cocinas de droga para hacer que las descubre él y beneficiarse” (Ortigala)

Responsabilidades

Así las cosas, habrá que dilucidar si nuestro personaje es solo un hábil embustero, un encantador de serpientes delirante con pretensiones de emular a protagonistas de esas series narcos que proliferan en las plataformas, o es realmente un osado delincuente que usufructuó la justicia federal y luego el gobierno provincial para hacer de las suyas. Como sea, las responsabilidades sobre su acontecer son variadas y atraviesa los dos poderes del Estado. En este caso, la Justicia Federal y del gobierno provincial.

“En las conversaciones que adjunto Matías Herrera me cuenta como Lucchini está gestionando negocios, dinero a cambio de información de allanamientos, dinero a cambio de traslados de detenidos, engarronamientos a cambio de dinero, o sea poner algo trucho para imputar a alguien” (Ortigala)

Y a pesar que el gobernador Omar Perotti intentó desvincularse del tema, y en todo caso dejar pegado solo a Jorge Lagna, (“El ministro tiene la libertad de buscar sus asesores, para sumarlos o para desprenderse de ellos, de cambiarlos. Y el ministro ha tomado una decisión en esa línea”, declaró ante los medios), no hay dudas que el máximo responable sigue siendo él.  De todos modos, por si acaso, el mismo mandatario se encargó de respaldar al venadense y confirmarlo en su cargo.

Mientras tanto, la paz y el orden sigue sin aparecer y menos aún se cortaron los vínculos entre la política y el delito.

 

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