“Con el campo”, fue el lema que surgió desde Venado Tuerto, y marcó a fuego la disputa que en 2008 enfrentó al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con las entidades agropecuarias, un conflicto que tuvo en vilo a toda la Argentina. En aquel momento, el mensaje era claro: estar con el campo era estar en contra del gobierno nacional.
Aquella pulseada por la Resolución 125 —que establecía retenciones móviles a la soja y otros granos con una fórmula que aumentaba el porcentaje de retención en función del precio internacional de los granos— no solo derivó en un conflicto de 129 días, cortes de rutas y una histórica votación en el Senado que el entonces vicepresidente Julio Cobos definió con su ‘voto no positivo’. También inauguró una grieta política que nunca cerró: desde entonces, en la llamada zona núcleo (sur santafesino, sudeste cordobés y norte bonaerense) le resultó complicado imponerse en las elecciones a cualquier candidato que tuviera un mínimo perfil kirchnerista. Sin embargo, Milei ya recibió un llamado de atención en las elecciones de este año, los libertarios perdieron en la Cuarta y Séptima sección electoral de Buenos Aires —zonas agroindustriales—, y en Santa Fe su espacio fue derrotado quedando tercero en las constituyentes de abril.
A su vez, las exposiciones rurales (esas muestras que alguna vez fueron espacios de exhibición productiva y hoy se reconvirtieron en eventos populares, el ejemplo más cercano es lo que ocurre en Venado Tuerto) pasaron a funcionar como verdaderas tribunas opositoras, donde el kirchnerismo fue condenado a silbidos y abucheos, y cualquier dirigente opositor recibía aplausos fáciles. Así ocurrió con Mauricio Macri, aun cuando su gestión dejó poco y nada en materia de beneficios para los productores. Lo mismo acaba de suceder con Javier Milei: aplaudido de pie en la última Exposición de Palermo, aunque nunca cumplió con su promesa de eliminar las retenciones.

Milei, entre la afinidad ideológica y los negocios multinacionales
El vínculo entre Milei y el sector agropecuario es contradictorio. En lo discursivo, hay sintonía: el Presidente se muestra como un cruzado contra el “Estado saqueador” y cultiva el mismo anti-kirchnerismo visceral que domina en la ruralidad. En lo concreto, sin embargo, las políticas aplicadas generan entusiasmo fugaz y posteriores desilusiones. El caso más reciente fue la eliminación transitoria de las retenciones hasta completar un cupo de 7 mil millones de dólares en exportaciones.
De hecho, la mayoría de los representantes del sector salieron inocentemente a aplaudir la medida transitoria de Milei de suspender todo tipo de retención. Es más, en claro error de diagnóstico, fueron pocos los que llegaron a anticipar lo que finalmente ocurrió. La medida solo fue funcional a las grandes exportadoras, que hicieron un gran negocio, y dejaron afuera a los verdaderos trabajadores del campo, esto es: los productores agropecuarios.
De hecho, la tregua, que debía extenderse hasta el 31 de octubre, duró apenas tres días y terminó en lo que especialistas ya califican como “uno de los fraudes más importantes” de los últimos tiempos. El mecanismo fue diseñado por el propio gobierno a la medida de una docena de grandes cerealeras.
El mecanismo del negocio
Distintos economistas vinculados al sector resaltaron que las empresas agroexportadoras registraron Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE) en tiempo récord, incluso sin tener todavía la mercadería. Se llegó a declarar un 29% de soja que ni siquiera había sido sembrada. De esa forma, se aseguraron vender a futuro con retenciones cero.
La consecuencia inmediata fue que, cuando compren efectivamente la soja a los productores, les descontarán el 26% correspondiente a retenciones que ya no deberán pagar. Resultado: el Estado resignó unos 1.500 millones de dólares y los productores tampoco vieron un peso de esa diferencia.
“Un afano a mano armada con aval del Estado”, sintetizó el reconocido periodista agropecuario, Matías Longoni (Bichos de Campo).
Vale recordarlo: es el mismo gobierno que resignó semejante cantidad de dinero el que se niega a acatar las decisiones del Legislativo Nacional que tras el rechazo al veto presidencial piden que se imponga un fondo de emergencia para la Discapacidad y se aumente el presupuesto para el Hospital de Niños más importante del país, y para las Universidades.
Los ganadores y los perdedores
De este modo, los ganadores de la medida transitoria tienen nombre y apellido. Son doce empresas, la mayoría dominadas por capitales foráneos, las que se repartieron el botín:
Bunge: USD 305 millones
LDC (Louis Dreyfus Company): USD 298 millones
Cofco Intl: USD 238 millones
Viterra: USD 185 millones
Cargill: USD 179 millones
Molinos: USD 106 millones
En total, se estima que esas firmas se apropiaron de unos 1.500 millones de dólares.

Los grandes perdedores fueron los productores agropecuarios, que volvieron a quedar fuera de juego. El Estado argentino, por su parte, resignó fondos estratégicos en un contexto de ajuste brutal. Y también hubo ruido internacional: los productores estadounidenses denunciaron que la maniobra presionó a la baja el precio de la soja en Chicago, complicando aún más su puja comercial con China.
No es casual que, tras el salvataje financiero de Estados Unidos a Milei, la primera orden haya sido clara: restablecer de inmediato las retenciones. Washington no va a financiar a un presidente argentino para que abarate impuestos a granos que compiten contra los suyos.
Una base electoral incómoda
El episodio expone otra vez la tensión entre Milei y el sector agropecuario. La historia se repite: el campo aplaude a presidentes que le prometen alivio fiscal y castiga al kirchnerismo sin matices. Pero al final, los productores quedan atrapados en la misma trampa: las ganancias extraordinarias van para las multinacionales, los Estados extranjeros imponen condiciones y ellos terminan con la bronca a cuestas.
Diecisiete años después, aquel eslogan surgido desde Venado Tuerto sigue planteando interrogantes. ¿Qué significa realmente estar ‘con el campo’? ¿Alcanza con enarbolar un discurso anti-K? Y, en todo caso, ¿hasta cuándo la dirigencia rural seguirá siendo funcional a gobiernos que, en los hechos, solo benefician a los grandes jugadores del comercio exterior?







