Mauro CamillatoOpiniónEl desierto opositor: Venado Tuerto y la consolidación de una hegemonía sin contrapesos

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El pasado 10 de diciembre, cuando asumieron los nuevos concejales en Venado Tuerto, quedó confirmado un mapa político que ya venía insinuándose desde hace tiempo: un oficialismo claramente hegemónico y una oposición dispersa, debilitada y con escaso protagonismo real. Un escenario que, más allá de las simpatías partidarias, interpela a la calidad del funcionamiento democrático local.

La postal del nuevo legislativo es elocuente: siete bancas oficialistas que operan como una maquinaria aceitada, mientras que del otro lado se acomodan tres concejales de la oposición que apenas logran incomodar al oficialismo. Y hay una novedad que marca un quiebre histórico: por primera vez en décadas, el peronismo no tiene representación legislativa en Venado Tuerto. Ese dato, que hace cinco años hubiera sonado a ciencia ficción, hoy es una realidad que refleja el derrumbe de una fuerza política que alguna vez controló la ciudad durante 24 años consecutivos.

El peronismo: de la gloria al ostracismo

La caída del justicialismo local no fue un accidente. Fue el resultado de una combinación letal: divisiones internas, ausencia de liderazgos renovados y una incapacidad manifiesta para conectar con el electorado. Desde que José Luis Freyre dejó la intendencia en 2019, el partido quedó huérfano de referentes claros. Los que fueron concejales se dispersaron: algunos se convirtieron en empleados municipales, otros se retiraron a la actividad privada, y los que quedaron no lograron construir un proyecto político convincente.

La estrategia electoral del peronismo en 2025 fue, lisa y llanamente, suicida. En lugar de unificarse ante la evidencia de su debilidad, el partido se presentó dividido en dos listas diferentes, con sellos distintos, compitiendo entre sí por lo poco que quedaba. Sebastián Roma culminó cuarto con 2.700 votos, mientras Janina Ferreyra apenas superó los 900. La cuenta es simple: si hubieran ido juntos, probablemente hoy tendrían al menos una banca (aunque en política 1+1 no siempre es 2). Pero prefirieron seguir alimentando sus rencillas internas antes que defender el espacio que durante décadas fue el principal protagonista de la política venadense.

Como sea, su ausencia en el Concejo no es únicamente un problema del PJ: es una carencia objetiva para el pluralismo político de la ciudad.

Ciudad Futura: el crecimiento que no fue

En este contexto, Ciudad Futura (CF) continúa siendo -por persistencia y por descarte- el principal espacio opositor. No obstante, su desempeño electoral estuvo lejos de las expectativas previas. El crecimiento que muchos anticipaban no se concretó y el espacio solo logró sostener su caudal histórico de votos, sin dar el salto que le permitiera consolidarse como una alternativa real de poder.

La alianza sellada a nivel provincial (no en lo local) con el peronismo parece haber tenido más costos que beneficios. Lejos de ampliar su base electoral, esa estrategia generó tensiones internas y confusión hacia afuera. El no triunfo, pese a las expectativas instaladas, dejó huellas visibles y abrió interrogantes sobre el futuro de ese acuerdo. Lo sucedido en Rosario, donde la alianza se rompió rápidamente y derivó más en reproches que en proyección política, funciona como un espejo incómodo. No es un dato menor: CF estuvo a un paso de quedarse con la intendencia rosarina y hoy esas expectativas parecen haberse diluido considerablemente. Aunque, claro está, en política todavía falta mucho y todo puede pasar, la sensación es que el casamiento con el PJ dejó más cicatrices que réditos.

La Libertad Avanza: el nuevo actor en escena

La gran novedad del mapa político local es la irrupción de La Libertad Avanza (LLA), que logró meter por escaso margen a Marisel Fabiani en el Concejo. Su presencia es simbólica de un fenómeno nacional que finalmente aterrizó en Venado Tuerto, aunque todavía es prematuro evaluar qué capacidad de construcción territorial tendrá en la ciudad. Por ahora, Fabiani se alineó con CF en la votación por la presidencia del Concejo, negándole la unanimidad al oficialismo, lo que marcó al menos una voluntad de diferenciarse del oficialismo.

Sin embargo, por ahora, como sostuvimos líneas atrás, la aparición de LLA en la ciudad responder más al clima político nacional que a una construcción territorial sólida, y está por verse si logrará transformarse en una fuerza con capacidad de incidencia sostenida o si quedará limitada a una expresión testimonial dentro del legislativo local.

La hegemonía del oficialismo

Volviendo al oficialismo, la situación es clara: Leonel Chiarella no solo tiene el control absoluto del Concejo Municipal con sus siete bancas, sino que además acaba de ser elegido presidente de la UCR Nacional. Ese plus de poder le otorga al intendente una proyección que trasciende lo local y que inevitablemente tendrá su repercusión en la política venadense.

Y acá es donde volvemos al punto inicial: la inexistencia de una oposición con protagonismo no es algo para celebrar, ni siquiera para el propio oficialismo. Como ya escribimos en junio de 2022, la oposición es un elemento básico y esencial en cualquier democracia. Es el factor de control y limitación necesario de los gobiernos de turno. Su ausencia no habla bien de la actual gestión municipal, sino de una anomalía democrática donde el poder se ejerce de forma casi monopólica.

El dato que el oficialismo repite con orgullo (que el 98,9% de los proyectos presentados fueron aprobados por unanimidad) no es necesariamente virtuoso. Puede ser el síntoma de un Concejo sin debates profundos, sin tensiones productivas, sin contrapesos reales.

Venado Tuerto tiene por delante un desafío complejo: la construcción de una oposición con capacidad de propuesta, con liderazgos claros y con un proyecto alternativo de ciudad. Eso no se logra de un día para el otro, pero es urgente que los espacios opositores entiendan que el pluralismo y el disenso no son molestias, sino valores fundamentales de la democracia.

El reconocido politólogo argentino Guillermo O’Donnell fue contundente al respecto cuando desarrolló su concepto de accountability horizontal: sostuvo que la rendición de cuentas a través de instituciones que puedan examinar, cuestionar y sancionar actos del Ejecutivo es característico de las democracias representativas, mientras que su ausencia o extrema debilidad define a las democracias delegativas. En estas últimas, advirtió O’Donnell, las instituciones de control son vistas como estorbos innecesarios para la “misión” del líder, generando un ejercicio del poder que, aunque electo democráticamente, carece de los contrapesos necesarios para garantizar la transparencia y la responsabilidad gubernamental.

El peronismo deberá decidir si quiere seguir revolcándose en sus miserias internas o si está dispuesto a reconstruirse desde las ruinas. CF tendrá que evaluar si la estrategia de alianzas con el PJ fue el camino correcto o si necesita redefinir su identidad. Y LLA deberá demostrar si vino a quedarse o si solo fue un fenómeno electoral pasajero cimentado en su emergencia a nivel nacional.

Mientras tanto, el oficialismo seguirá gobernando con comodidad. Y aunque muchos lo celebren, la advertencia de O’Donnell resuena con claridad: las democracias sin mecanismos efectivos de control institucional, por más legítimas que sean en su origen electoral, corren el riesgo de convertirse en regímenes donde el poder se ejerce sin los límites y balances que todo gobierno necesita. La historia demuestra que las hegemonías sin contrapesos terminan siendo perjudiciales para todos. Incluso para los propios vencedores.

En Venado Tuerto, por ahora, la oposición sigue en deuda. Y esa deuda no es solo de los partidos que no logran construir una alternativa: es del sistema político en su conjunto, que necesita pluralismo, disenso y competencia real para seguir siendo plenamente democrático.

 

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