Casi exactamente un año atrás (un 24 de noviembre de 2024) escribíamos en este mismo espacio una columna titulada “El eterno retorno de los errores argentinos: Charly García, Milei y las ollas Essen”. Aquella nota comenzaba evocando José Mercado, el tema de Charly García incluido en el álbum Peperina (1981) de Serú Girán, donde el músico retrata a una clase media fascinada por el espejismo de la apertura: importaciones baratas, viajes a Miami y una sensación de prosperidad tan súbita como frágil, mientras la industria nacional se desmoronaba en silencio.
Usábamos entonces esa alegoría para advertir sobre las medidas anunciadas por el gobierno de Javier Milei: eliminación del Impuesto PAIS, flexibilización del cepo y una apertura acelerada de importaciones. Señalábamos que ese combo podía detonar un impacto serio en la industria. Y escribíamos que la liberación de compras externas sin una estrategia para fortalecer la producción nacional podía “llevar a una nueva ola de desindustrialización similar a la vivida en décadas pasadas”.
Recordábamos también que nada de esto es nuevo: la experiencia de Martínez de Hoz (quien dejó su cargo en 1981 en medio del derrumbe industrial que arrastró a toda la primera Junta Militar) y el ciclo Cavallo-Menem en los 90 son ejemplos sobradamente documentados de lo que ocurre cuando se sobrevalúa la moneda, se abarata la importación y se sacrifica empleo local en nombre de déficit cero.
Hoy, un año después, la realidad empieza a demostrar que aquella advertencia no era exagerada.
Essen como símbolo

En los últimos días, medios nacionales volvieron a poner el foco en Venado Tuerto por las bajas recientes en Essen. La información circularía como “despidos masivos”, pero el secretario general de la UOM local, Diego Olave, aportó datos concretos: fueron 34 bajas en la última tanda (17 trabajadores de planta y el resto eventuales) y 58 en total en tres meses, producto de una caída de ventas y un proceso de achicamiento que se profundiza mes a mes.
Pero lo significativo no es únicamente lo ocurrido en la reconocida empresa local, sino lo que Olave subrayó a continuación: “En los últimos seis meses superamos las 200 bajas en la seccional”. La UOM Venado Tuerto agrupa a más de 2.000 trabajadores. Que el 10% haya perdido su trabajo en medio año es un indicador estructural, no un episodio aislado.
El cierre y achiques de empresas medianas y pequeñas de la región muestran un proceso que excede por mucho a la tradicional fábrica de cacerolas y sartenes. Y aunque es cierto que la buena campaña agrícola amortigua parcialmente el impacto, el panorama sigue siendo adverso y no hay señales de que la tendencia pueda revertirse mientras continúe el combo de apertura irrestricta de importaciones y caída del consumo.
Algo de eso advirtió en los últimos días el ministro de Desarrollo Productivo de Santa Fe, Gustavo Puccini, quien destacó que el “2026 será un año complejo” en materia laboral.
Por su parte, la frase del secretario de Coordinación de Producción nacional, Martín Lavigne: “La mejor política industrial es la que no existe”, grafica sin eufemismos la estrategia económica de un gobierno que renuncia a sostener la industria nacional. El mensaje es claro: no habrá correcciones de rumbo.
Cuando el viento de afuera sopla más fuerte que el esfuerzo local
En ese contexto, un empresario de la región del rubro construcción viajó recientemente a China buscando nuevas oportunidades. La información podría haber pasado por una anécdota más, hasta que empezaron a conocerse casos de empresas santafesinas que montaron galpones completos importados desde el gigante asiático, listos para ensamblar en destino.
Lo que parecía aislado empezó a mostrar otra lógica: importar estructuras completas resulta, para algunas firmas, más barato que producirlas localmente. Y no se trata de una tendencia marginal: es un síntoma de época que se traslada a otros productos y sectores.
La advertencia es simple: mientras las reglas incentiven comprar fuera lo que antes se producía adentro, la capacidad de sostener empleo será cada vez más limitada. Y cuando las empresas eligen importar y ensamblar, lo que se deteriora no son solo los puestos de trabajo: se erosiona la base productiva que sostiene a las ciudades del interior. Por si acaso, vale aclarar, la solución mágica no parece ser solo una reforma/flexibilización laboral, como pretende instalar el gobierno nacional.
Más allá de esto, no es necesario esperar a que “sea demasiado tarde” para advertir que la ola se acerca.
El espejo local
Argentina y Venado Tuerto, específicamente, ya conocieron una coyuntura muy parecida y fue en ese momento donde la clase política junto con las instituciones de la ciudad intentaron ensayar alternativas comunes.

En un contexto similar, en octubre de 1994, en plena recesión producto de la convertibilidad, se decidió conformar la Mesa de Consenso para el Trabajo y la Producción: un espacio institucional donde el Municipio (encabezado entonces por el intendente Ernesto De Mattía), el Concejo (representado por Haydeé “Chola” Guaci), el Centro Regional para el Desarrollo (Ángelo Sabini era su presidente), la CGT Regional (con la recordada María del Carmen Goniel) y funcionarios provinciales (entre ellos el abogado venadense Juan Di Paolo, entonces secretario de Trabajo de Santa Fe) se unieron para coordinar acciones frente a una crisis que ya golpeaba a empresas y comercios locales. Más allá de los resultados, fue una buena señal para la sociedad ver a actores diversos compartir diagnóstico y objetivos mínimos.
Hoy, frente a un escenario donde cada mes hay nuevas bajas, con una política económica que promete no modificarse y mientras una parte del empresariado local ensaya estrategias para adaptarse a un mundo que les ofrece productos listos para reemplazar lo que aquí se fabrica, la peor decisión sería no actuar.
Si algo expuso 1994 es que la respuesta no puede ser individual. En ese sentido, hoy el Municipio de Venado Tuerto ha mostrado eficiencia en políticas activas desde la Dirección de Empleo, pero la dimensión de la coyuntura demanda ampliar esa intervención y articular con instituciones de la ciudad y la región para adelantarse a lo que viene.
Porque esta vez es necesario anticiparse a una problemática que escala día a día. Y aunque es cierto que el gobierno de Milei es quien define los lineamientos de la política económica y productiva macro, parafraseando al propio funcionario nacional, si “la mejor política industrial es la que no existe”, entonces la peor política local sería no intentar nada.







