Columnista invitadoAnálisis: Llenar un vacío

Editor21/12/2018
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Por María Juliana Bottaini (*)

 

En lugar de vivir el mandato superyoico que versa: “¡debo ser feliz y gozar!”, es necesario detenerse unos instantes e intentar formularse la siguiente pregunta: “¿cómo vivo?”. Vivir sin tiempo, sin pausas, sin los límites de una cotidianeidad regulada por el tiempo y el placer, estar tomado por el goce del desenfreno, de gozar de los excesos: en el juego, en el consumo de algunas sustancias, en el trabajo, en comprar objetos. Vivir a los saltos, en una montaña rusa, vivir con esa consabida sensación infantil de tener un tobogán en la boca del estómago. Esto es el imperio de la fugacidad y lo efímero. “Quiero sentir la adrenalina todo el tiempo”, y así nos encontramos con sujetos que no paran de contraer deudas, de comprar, vender, perder lo que no se tiene, mentir, prometer y volver a caer en el mismo circuito pulsional. “Quiero todo, puedo todo”. El mercado ofrece todas las posibilidades, sin restricciones. Hasta pareciera que la época genera la ilusión de sujetos absolutamente empoderados.

 

Los avances de la ciencia, nos hacen creer que esto es posible. Paradojas, trampas solapadas en las que las personas caen, en la búsqueda de algo que las satisfaga, que las llene, buscando la plena felicidad, a contrapelo del aburrimiento, y la angustia. Se valoriza la eficacia, la optimización, la celeridad sin medias tintas, sin palabras, se vive al todo o nada.

 

Desubjetivados. Época de nuevos síntomas, de sujetos desregulados, sin el deseo como eje de sus vidas. El motor es el consumo, el juego, el sentir en el cuerpo que se está al borde de un abismo, que se puede evitar el vacío (existencial?) saltando hacia otro vacío. Es en los juegos en red donde podemos encontrar esta doble trampa claramente evidenciada: finaliza un juego y automáticamente invaden la pantalla ofertas de otros juegos listos para ser descargados, y el individuo compra y juega, uno tras otro. El engranaje del consumo está hecho para que un sujeto ficcione que gana si compra al cliquear más rápidamente sobre alguna promoción. ¡Cómo perdérsela! La misma lógica que en el casino, cuanto más gana un jugador, más gana el casino. El verdadero objeto del mercado es entonces el sujeto, y su vacío queda aún sin poder conformar una pregunta, un sentido, un borde.

 

Es necesaria una escucha y oferta psicoanalítica, para poder transformar -de ser posible- el vacío en falta, pasar de la dispersión e inconsistencia radical de un sujeto, a comenzar a dar un nombre a esa angustia, un sentido. Que haya una detención, una pausa, en esa pulsión loca y maniaca en la que se encuentra abrochado, es imprescindible para que logre armar otra pregunta que tenga más relación con su existencia y su modo de vivir. Camino cuyo destino será ir trazando un borde que hará síntoma, bajo transferencia. Habrá que ver si es posible abandonar esa carrera loca de llenar vacíos jugando, endeudándose, trabajando, viviendo al límite de todo, para enfrentar una pregunta que le concierne más como sujeto, una pregunta por la propia falta. Encontrar alguna responsabilidad que oriente a ese sujeto desbrujulado.

 

(*) Psicoanalista, miembro de la Red Ludopatía Rosario
Redludopatiarosario@gmail.com.ar

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