Columnista invitadoOpiniónInseguridad en Venado: supresión o aprendizaje social

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Por Andrés Sarlengo (columnista invitado)

Hace días que se vienen publicando informaciones y declaraciones de funcionarios políticos acerca de la “delincuencia, trifulcas, peleas” y el riesgo que tras levantarse la “cuarentena” se incremente la “inseguridad”.

Pregunto: ¿no es “inseguridad” que en plena cuarentena muchas familias, para no decir miles, no tienen los recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas como alimentarse, vestirse, pagar alquileres y calefaccionarse en plena pandemia? ¿No es inseguridad que la Argentina llegue casi a 50 % de su población empobrecida? Toda “bala” u “disparo” (que como fantasma resuena en cada tarde u noche de los barrios venadenses) tiene un sentido político, social, subjetivo y no solo “policial/delincuencial”.

La pedagoga Ana Campelo se preguntaba: ¿cómo promover vínculos solidarios, pluralistas y basados en el respeto mutuo? Y yo me pregunto –complementando esa inquietud-: ¿cómo promover el aprendizaje social para que las palabras y el diálogo desplacen al accionar violento? Antes que nada vale traer nuevamente las reflexiones de Campelo: “La consecuente desigualdad económica y social tuvo como correlato el desmantelamiento de los mecanismos solidarios de protección social, lo cual provocó la ruptura de los lazos sociales indispensables para hacer comunidad”.

A nuestro entender no vale (y científicamente menos) mirar el “acto violento” por fuera de ese proceso socioecónomico y sus implicancias subjetivas. Si creemos que los “delincuentes u negros chorros” (como le dicen) eligieron ser eso y no otro cosa: es un enfoque que termina en la pura represión, castigo y hasta la supresión de las personas. Se termina cayendo en un enfoque individualista y defensivo: los otros son nuestros enemigos. Otra vez Campelo nos enseña a pensar: “Así, los dispositivos que se crean para abordar la violencia – en las escuelas y también en la sociedad- parten de una lógica de defensa. Sin embargo, nos encontramos ante una paradoja, la paradoja de la seguridad, ya que lejos de defendernos, estos dispositivos aumentan el circuito de la violencia”.

Sintetizamos: los funcionarios que hoy se preocupan por las “balas y los disparos” y “la delincuencia” en los barrios con su decir y políticas refuerzan este esquema: desigualdad socioeconómica=fragmentación del lazo social= violencia=miedo y desconfianza en los otros=dispositivos de represión que fragmentan más aún los lazos= más violencia y miedo= más dispositivos de represión (y en muchos casos de supresión). En resumen: así aborda la “inseguridad” la plutocracia. En vez de apostar al aprendizaje social (que no implica dejar impunes los delitos sino abordarlos de otro modo) se estigmatiza a los barrios, a los pobres…como si el origen fáctico de los delitos no tuviese en estos momentos participación judicial, policial, económica y política.

Ana Quiroga también aporta su escritura para copensar esto que llaman “delincuencia”: “Fracasada la supuesta utopía del nuevo orden, los hechos devastan a los sujetos y la vida social. A la vez que el discurso, como hemos dicho, sentencia: “éste es el único mundo posible”. La máscara cae, desnudando la crueldad de las relaciones de poder y su presencia en el plano de lo interpersonal. La situación de desamparo que esto genera, daría lugar a diversas respuestas. Una de ellas es la sobre-adaptación, que lleva a la construcción de un falso self, una falsa identidad, en la que el sujeto se aliena, se desconoce en sus necesidades. Asume entonces, como conducta espontánea, lo que es mandato y discurso de otro, en una relación de sumisión. Otra forma de respuesta es la personalidad light, en la que el sujeto pareciera dispersarse en la superficie de las cosas, en una relación de exterioridad y banalización, hacia sí mismo y hacia los otros. La vivencia de futilidad y vacío, que subyace a esa conducta puede ser signo de una depresión silenciosamente instalada.

Otros, ante la imposibilidad de simbolizar y elaborar su angustia, de dar la respuesta supuestamente adecuada, descargan la frustración e ira que les invade, en la acción destructiva, buscando aniquilar la fuente de ansiedad en el mundo externo, situación en la que fracasan una y otra vez, pero que no cesarán de repetir, yendo de víctima en víctima. En tanto han registrado y asumido, desde los inicios de su vida, la desvalorización social de su existencia, de su condición humana, buscarán hacer experimentar a otros su propio pánico, en un fallido intento de desprendimiento del mismo. Su refugio es la droga y la banda, que acompañan y potencian esta conducta de daño hacia sí y el otro. La violencia sin sentido, cruel, criminal, presente en nuestra cotidianidad, tiene una de sus causas en este proceso (2)”.

En otros términos: la violencia, la “delincuencia” tienen sus condiciones de producción y posibilidad en el orden social e histórico que configura la plutocracia. ¿Entonces quiénes son los delincuentes? O supresión o aprendizaje social. Va depender mucho la respuesta que empujemos desde abajo.

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