Columnista invitadoHoy hablamos de violencias, ¿en plural?

Editor07/02/2020
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Por Guido Vernet (*)

La violencia espanta, horroriza, interroga. El psicoanalista rosarino Guido Verne nos arroja algunas luces sobre hechos actuales que conmueven enormemente, pero desde una mirada psicoanalítica en torno al goce y la pulsión (energía o empuje) para poder captar lo que está en juego en las violencias. Nos advierte acerca dos destinos que puede tener la pulsión de muerte, lo que podría orientarnos a comprender qué sucede cuando no hay ley. Allí surge lo que el autor señala como Real, eso que no ha pasado por la cadena simbólica y la ley del inconsciente. Nos abre interrogantes muy precisos con enormes connotaciones: ¿Hay violencia por placer? ¿Hay rechazo al otro…? ¿Hay una causa que nos permita dar un sentido o comprender hechos humanos tan aberrantes?

María Juliana Bottaini

 

Hoy hablamos de violencias, ¿en plural?

Porque no es lo mismo la violencia que se produce como sustituto (Erzatz) de la pulsión tánatos (la pulsión de muerte) rechazada, de aquélla que es sólo la expresión de este tánatos por sí misma.

La violencia es la que es. La rosa es porque es, no tiene causa. Es solo el placer de la violencia, el “goce”  de la misma hasta la muerte propia o la del semejante, como sucede en los femicidios o en las salidas de los boliches. Esa violencia que mata, ES ella para gozar, distinta a aquélla donde ese “goce”, queda prohibido, interdicto, reprimido y puede simbolizarse en el lenguaje, que ha hecho factible la aceptación de esa violencia en algo humano con mayor o menor grado de aceptación social.

Goce rechazado, rechazo del “goce” en lo Real, efectuado por la ley del deseo. En este punto, se trata de un síntoma, pero cuando no es erzatz, sustituto, entonces no nos encontramos con un síntoma, sino con un acto: la violencia, no como retorno de lo reprimido, sino como un acto terrible, con consecuencias judiciales en las personas involucradas, que se encuentran más allá de la ley del deseo. Es  violencia sin palabras, no hay ficción judicial-penal que la frene.

El periodista Samuel Gelblung, refiriéndose a los derechos de las mujeres, siempre comenta: “una penalidad de restricción, es una amenaza de muerte”. Quiere decir que no alcanza la ley,  y que recurrimos a la ley para la distribución de los derechos, a gozar, y en definitiva, del derecho al goce de la cosa.

La contradicción surge cuando queremos aplicar la ley a sujetos sin ley, es decir, recurrir a la ley para estos individuos sin ley y para quienes no existe el concepto de penalización.

Desaparecidas las grandes guerras humanas, como consecuencia del fracaso del capitalismo, es que se debe considerar una sola guerra separada por un lapso de tiempo prolongado, con sus números millonarios en muertos. Hay un paso que va de la guerra de trinchera, a la tecnología de las fábricas de la Solución Final del nazismo, que deja el Holocausto con sus muertos, judíos, gitanos, discapacitados, negros brasileños, etc.

Hoy nos encontramos que las nuevas formas de la violencia se encuentran en la epidemia de conductas adictivas, actos violentos por doquier y sin motivo en cualquier esquina, en cualquier peaje, en Villa Gesell, en asesinatos para robar bicicletas o celulares.

Y esto ocurre ante padres y madres, todos atónitos, incapacitados, sobrepasados, demandados por una economía del 50% de impuestos, en un capitalismo global que ha producido la caída de las brújulas que nos orientaban en las antiguas creencias, las viejas tradiciones…caída de ideales cuyos semblantes pierden su eficacia, en la elección del lazo social que nos liga a los otros.

El Rugby era violento dentro de la cancha y SOLO con la guinda (ovalada) en la mano, esto era importante, era ley, pero se fue perdiendo. Existían formas compensatorias de esta violencia en el tercer tiempo, lugar para la fraternidad, para recuperar el lazo social. 

¿Hoy se puede recuperar un lazo social? cuando  en algunos jugadores solamente, no en todos, solo se privilegia ¡la violencia porque sí!, ¡La rosa es rosa porque si!

 

(*) Psicoanalista, médico psiquiatra.

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