Tomás LüdersYo, docente, acuso

Tomás Lüders10/11/2024
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A vos te digo, burócrata autopercibido progre lector de Paulo Freire, papi-mami que piensa que los maestros y profesores tenemos 3 meses de vacaciones…

La docencia se ha vuelto una de las profesiones más duras posibles. La paga siempre fue pésima, pero hoy, además de cobrar miseria, desde arriba nos presionan para que atendamos la particularidad de cada uno de los (¡y las!) niños (¡y las niñas!) mientras los “particulares” siguen siendo cientos de chicos a cargo. Es decir, el burócrata freireista demanda la atención sobre cada alumno, alumna y alumne que uno solo podría ofrecer en una escuela Montessori de cuotas astronómicas. Se multplica así la labor, siempre impaga, que se realiza fuera del aula, sumando horas y horas de planificaciones inaplicables a las horas y horas de correcciones. Por su parte los/les “mapadres” exigen cada vez más confiando cada vez menos.

El viejo normalismo era una vara demasiado dura, pero suponía a un estudiante que tenía que adaptarse a condiciones de masividad. En parte, ayudaba a darle a entender al niño o al adolescente que el mundo no estaba hecho a su medida (lo que no está tan mal). Pero sobre todo era el precario dispositivo posible para que un docente se hiciera cargo de cientos de chicos.

Hoy el burócrata lector de Freire comienza culpabilizando al docente, desde el comienzo de su formación (le anticipa la culpa antes de entrar aula, cual viejo cura reprendiendo a un prepúber por los deseos que habrá de sentir en unos años) del pecado original de querer imponer un mismo estándar a todos y todes a la vez que el ministerio que le paga su jugoso sueldo no se encarga de que los presupuestos se adecuen a una educación menos “masificante” y repetitiva. Al mismo tiempo, mamis y papis exigen que a “su” hijo, hija e hije se lo trate con el supuesto elevado amor que se le da en la casa… pretensión puramente narcisista, porque si vamos a la generalidad, “les” papis y mamis apenas si pasan unos segundos enfocándose en el precioso tesoro que supuestamente es su hijo/hija/hije.

¿Qué hacer? Si no se está dispuesto o no se tiene el tiempo (como no lo tenemos los enseñantes) para abocarse a una reforma radical del sistema, aceptar que el 90 por ciento de los maestros hacen lo mejor que pueden en las peores condiciones posibles (digo 90 por decir una cifra, porque como en cada profesión, en la docencia también se encuentra gente mediocre, pero ya hablando en primera persona, la mayoría de los docentes conocidos por mí son personas altamente comprometidas con una labor cada día más ingrata).

Entonces, mami y papi acepte el hecho e intente ser el mejor padre posible para compensar las carencias. Por su parte, a los burócratas sin aula que empanadan de progresismo el viejo dispositivo normal les recomiendo que se den una vueltita a las 10 am por un aula de 5to año en una escuela pública. Ni los soldados que pelearon en las trincheras de Verdún padecen semejante tensión nerviosa.

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