Voy a contrariar al director de este medio y afirmar que este sábado, entre la lluvia y el calor, el evento público más importante no fue la inauguración de la polémica pista de tartán en el Parque Municipal, sino el casamiento del “jefe”, es decir, del intendente Leonel Chiarella. Digo “el Jefe” porque la diputada provincial Sofía Galnares lo llamó así sin disimulo, mientras lucía un rojo vestido de chifón (“se casa el jefe y nos ponemos pitucos”, dixit). Por un segundo traté de pensar que habla del jefe de su bancada, pero no, revisé y éste no se casó. Galnares es muy joven, no debe saber que en los 90s un famoso libro sobre Carlos Menem se llamo así: “El Jefe”. No subo la foto de Galnares por pudor ajeno, pero parecía tomada de un cumpleaños de quince. No tendría nada que decir sobre el amor por la moda de la diputada si ella no mezclara su actividad personal con la pública en sus redes. Pero lo hace y lo hace todo el tiempo. Seamos justos: también sabemos de la dieta y la ortodoncia de Chiarella, obviamente, su casamiento, el gusto por el boxeo en cueros del enjuto gobernador “Maxi” Pullaro, la vasectomía del diputado “Leo” Calaianov, etc., etc. , etc….. y mientras subo esto, intendente y esposa nos comunican de su patrio viaje de Bodas (¡vaya a Instagram ya!)
Para referirme al casamiento de “El Jefe” dije evento público, aunque para hablar de lo “público” tendría que haber algo “privado” de lo que aquello se diferencia. Y lo que hubo fue un evento del poder político que se hizo público sin pudor por todas las redes posibles, usando ahora público en el sentido más lato del término. Porque del sentido de República como Res Pública, latinismo de donde viene la famosa concepción, por estos lares, hay poco y nada. Y eso que nos gobierna una coalición que une a todas las fuerzas que hicieron alarde de republicanismo frente al “feudal” peronismo.
Pero parafraseando al gran historiador Tulio Halperín Donghi, todos somos peronistas. O en todo caso el peronismo y su culto a la lealtad y su desprecio por las formas republicanas es común a todos. Solo que el coronel obrerista se animó a blanquear que la forma de democracia que le interesaba era la plebiscitaria y no la liberal-republicana, y por eso le puso su nombre a su partido y chau pinela. Con todo lo que he criticado desde esta columna al peronismo, hay que reconocerle a éste que al menos siempre fue sincero.
Pero no nos quedemos con la pobre diputada y su vestido, boxeos y vasectomías. Porque lo de Galnares es una inocentada casi estudiantil al lado de otras prácticas. Tuvimos este fin de semana, además de en la muy difundida fiesta, a la concejal Micaela Meinero presentado las ventajas de la pista de tartán en un video de su autoría. Antes o un poco después (las redes marean) se filmó corriendo por ahí su esposo, el diputado provincial Leonardo Calaianov. Por allí ya desfiló también la senadora en funciones Leticia Di Gregorio, que hace lo mismo en cuanta obra pública provincial aparezca (¿habrá llevado al casamiento los mismos tacos que usó para pararse en los baches de la Ruta 33?). Parece que el concepto de división de poderes que le están enseñando a mi hijo en tercer grado (¿se acuerdan: Ejecutivo, Legislativo….etc) no figura en el manual de instrucciones del Frente Oficialista.
Uno podría tratar de pensar que son las formas actuales de la política. Hace no mucho publiqué en la Revista Ají una breve genealogía de cómo la forma publicitaria se había devorado a la forma pública sin más (discúlpese el enredo de palabras, es que todo se ha mezclado demasiado ya). Así tuvimos a líderes como Macri, Scioli o el ya casi dueño de Carrefour Argentina, De Narváez (¿se acuerdan del Colo?) construyendo sus carreras políticas mostrando esposa, hijos, jardines, livingis y cocinas, huertas: lo público, lo privado, lo íntimo, todo mezclado (¿qué será ahora de los tomates y la rúcula que Juliana Awada sembró en Olivos). Como contraste, trate el lector, por caso, de recordar la cara de la esposa de Raúl Alfonsín o de buscar imágenes de su hijo Ricardo comiendo asado con él. O vaya más atrás y vea de qué manera se construían públicamente los matrimonios presidenciales como los de Perón-Duarte o Alvear y la soprano Regina Pacini: claramente muy disímiles entre sí, lo común y evidente era que lo íntimo en estos quedaba a lo sumo al costado, solo se difundía la actividad pública de ambas parejas.
Pero volviendo a los tiempos de la política-espectáculo, en paralelo se fortalecía aquí en Argentina y Latinoamérica un populismo al que se llamó de izquierda por sus políticas redistributivas, políticas que no dejaron de mezclar bienes públicos con privados en todos los niveles, de ahí cierta justicia en llamar a este modo de gobierno “feudal” -porque, y anoten alumnos Calaianov, Meinero, Galnares y Di Gregorio-, el feudalismo nace del ocaso de las formas republicanas que habían sobrevivido aún durante el bajo Imperio Romano. El gran politólogo y sociólogo alemán Max Weber, sigan anotando legisladores, llamó a la pervivencia de esto en la modernidad “patrimonialismo”.
Frente la concupiscencia patrimonialista del populismo kirchnerista, el Pro era entonces una “propuesta republicana” y Elisa Carrió su Cicerón. Macri presidente se esforzó, sin embargo, en que su Propuesta Republicana fuera solo PRO (un acrónimo tan vacío como los globos amarillos) y los radicales aceptaron el convite sin chistar. Juntos por el Cambio se terminó pareciendo más a Juntos por el Cargo que a otra cosa.
Pero todo colapsó a nivel nacional con el ominoso interregno del autodenominado gobierno científico-feminista de Alberto Fernández y lo que de esa descomposición nació fue La Libertad Avanza, que nunca se autodenominó republicana, porque odia lo público, pero de lo liberal que dice ser ha demostrado poco y nada, y eso tanto en lo político como lo económico: las cajas del estado con las que se están quedando los cuadros de la también “jefa” Karina Milei hacen languidecer a las de Sergio Massa y no recordemos ahora lo que hace este gobierno en materia judicial, por no mencionar los grotescos raptos autoritarios de un presidente al que parece que debería comentársele que existe el clonazepam.
Ahora bien, el poderío que todavía mantiene el actual presidente durará lo que le dure el control de la inflación y la inexistencia de una oposición orgánica a nivel nacional (por ahora Kicillof huele a aumento de precios e impuestos, a Cristina Kirchner solo le llega su 17 de octubre en microdosis al piso de Recoleta mientras que la UCR se concentra en lo que mejor o lo único que sabe, controlar distritos donde pueda sin lograr ofrecer nada si quiera interesante a nivel país).
Lo que sí se mantiene en Formosa, pero también acá en Venado Tuerto, zona núcleo, zona en la que el empleo privado y la economía privada todavía le ganan a la injerencia del estado sobre la sociedad civil, es la concepción patrimonialista del poder. ¡Quedate, Gildo, te perdonamos!
(*) Fotos: gentileza Revista Caras.







