Tomás LüdersOpinión: se fue Isela, se fue Prat-Gay y habló Marcelo. Otro fin de año pa’ creer y reventar

Tomás Lüders28/12/2016
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Mientras Isela y Prat-Gay se van por ser sospechosos de heterodoxia, Marcelo Tinelli vuelve aprovechar la voleada para jugarla de opositor moral. El candidato a presidir la AFA se sirve del temor social para fusionar su causa con la de todos los argentinos.

El conductor y socio de Cristóbal López le recuerda al gobierno sobre las importantes “ funciones sociales que cumplen los clubes de la AFA”. Para eso, recurre al lugar común que sostiene que aunque el barril tenga manzanas podridas es en esencia un contendor de frescos frutos. “Hay chorros”, pontifica, pero la mayoría de los dirigentes futbolísticos son un conjunto de hombres sacrificados que, como él, hasta “ponen plata de su bolsillo” (dixit). Más entrega, imposible.

De acuerdo al último sermón del casi mártir, el ahora malísimo Macri buscaría reemplazar entidades y dirigencias solidarias por negocios para angurrientos empresarios. Lo segundo, no cabe duda, es efectivamente uno de los objetivos del gobierno. Después de todo, nadie niega que se puede mentir diciendo la verdad. Basta ver los “nuevos” nombres que puso el oficialismo para “normalizar” el fútbol. Ahora bien, si no fuera por la brevedad de nuestra memoria, lo primero sería poco efectivo incluso como chiste. Demasiado obvio para ser irónico. Pero, asombrosamente, no es una nueva jodita de Marce. Lo dice para que lo creamos convencido de tal cosa. Marcelo realmente piensa que su rating viene de su credibilidad. Y quién sabe, en estos tiempos hasta quizá tenga razón. ¿Acaso no es Trump presidente de la primera potencia mundial?

Aclarado esto, debemos convenir que no es novedoso el oportunismo disfrazado de conciencia militante de quien supo ser la cara más sonriente del menemismo. Pero también debemos convenir que tampoco ésta es una potestad exclusiva suya.

tinelli

Néstor Kirchner asumió en 2003 proclamando que debía terminarse con la histórica pendulación “mercado” versus “estado”. Proponía en su lugar un “Estado Inteligente” (dixit), un “Estado maduro” (dixit de nuevo). Tan bien aprendido habría de estar ese Estado Nuevo que durante su gobierno sería lo suficientemente desprejuiciado para dejar actuar al mercado cuando generara riqueza y a la vez lo suficientemente lleno de convicción para frenarlo cuando comenzara generar desigualdad.

Pero a las palabras se las llevó la realidad efectivamente existente. Ahora bien, después de 12 años de (supuesto) estatismo, Macri todavía no terminaría de blanquear que llegó para llevar el péndulo hacia el otro extremo, aunque ahora tiene la franqueza o el valor para expulsar a Prat-Gay e Isela por haberse quedado (supuestamente) demasiado cerca del (supuesto) lado opuesto.

Y sin embargo… ¿ha balanceado el péndulo? ¿Los Kirchner nos habrían terminado “llenado” de Estado? ¿Hemos tenido esa omnipresencia, virtuosa o aplastante de lo público, y entonces ahora sería el tiempo de lo contrario? ¿Han llegado los CEOs para depredarlo todo o hacer todo más eficiente y mejor para el bienestar de “la gente”?

La respuesta, me parece, debería seguir sin pasar por agarrarse de un lado u otro de un país que bambolea. Y no porque haya que recuperar la via media que presentó el improvisado Kirchner de 2003 (fórmula que, recordemos, Alfonsín fracasó estrepitosamente en volver realmente efectiva).

Si seguimos definiendo lo que hace nuestra dirigencia, y le pasa a nuestra tierna y victimal sociedad, a partir de entidades idealizadas, sin dudas vamos a seguir oscilando entre fantasmagorías. Y mientras tanto las cosas nos seguirán pasando. Y no porque la realpolitik tenga razón. Las cosas no nos pre-existen.

Los hechos de lo humano, deberíamos saberlo ya, no son esas entidades naturales cuyas leyes debemos escuchar aunque nuestros caprichos nos tienten de lo contrario. Son construcciones, y como tales, dependen de nuestras ideas y valores para efectivizarse. Pero así como está lo que una sociedad puede construir, también está lo que una sociedad está dispuesta a creer.

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