Tomás LüdersOpinión: ¿Por qué Pullaro puede hacer que tus hijos vayan a una escuela de mierda y que a vos no te importe?

Tomás Lüders23/02/2025
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Ninguna escuela de la ciudad o la provincia, ninguna, está preparada para que los chicos, del primario o secundario asistan a clases en verano. Ninguna, tampoco, está preparada para que, de acuerdo a su antigüedad, los docentes tengan que comenzar a cumplir horarios a fines de enero o comienzo de febrero. Y sin embargo las clases comienzan mañana y desde enero o febrero tenemos docentes yendo a edificios escolares (de privadas o públicas) a “marcar tarjeta” para no hacer nada que no podrían hacer en sus casas.

¿Por qué? Porque a diferencia de lo que pasa en las admiradas escuelas del mundo desarrollado en las argentinas no hay salas, ni equipamiento para que los profesores trabajen fuera del aula. Bien instalado el mito de que los docentes tienen tres meses de vacaciones, se los hace ir, para el aplauso de casi todos los papis y mamis y como dicen que decía el Perón sobre los milicos, “al pedo pero temprano”.

La negada contradicción de exigir, de forma totalmente innecesaria este acortamiento del receso escolar, es que los docentes de todos los niveles trabajan cientos de horas no pagas fuera de las escuelas (cómo hacerlo allí donde no hay lugar) planificando clases y corrigiendo cientos y cientos de trabajos prácticos y exámenes. Es decir, sumamos crueles reglas kafkianas a docentes que ya trabajan horas que no se les pagan.

A esto hay que sumarle que para hacerse de algo parecido a un salario, un docente debe tener, al menos, más de 44 horas de aula. El lector ajeno al mundo educativo dirá: bueno, eso es aproximadamente la cantidad de horas que labora un trabajador promedio. Y está en lo cierto. La diferencia es que, además de la enorme cantidad de horas fuera del aula que el docente no cobra, una hora de aula equivale a una hora que le demanda constante trabajo intelectual, constante atención para intentar impartir una lección a niños y adolescentes cada vez menos atentos, más dispersos y con menor respeto por la autoridad pedagógica. Hice lo propio durante más de 20 años, incluidas clases en un varios quintos años del secundario. No se me ocurre experiencia más desgastante y frustrante.

La situación es así desde hace ya mucho tiempo, la diferencia es que desde la administración Perotti en adelante la caída del salario docente fue abrupta, con paritarias que están muy por debajo de la inflación. Solo durante el ahora reivindicado menemismo se vivó algo parecido con lo niveles salariales. Ah, pero por suerte para “compensar”, su sucesor, el todavía autoproclamado progresista gobernador Maximiliano Pullaro trajo de nuevo el presentismo docente de Carlos Reutemann. Complemento que acerca un poquito más el salario a algo relativamente digno. Claro, se trata de una medida reñida con la ley y los derechos laborales más básicos porque obliga al maestro o al profesor a tener que trabajar enfermo. ¡Todo hecho con el acompañamiento de un sector del Socialismo!: Esto último no son ironías de la vida, es el punto de acierto del draconiano Javier Milei cuando se refiere a que los políticos son una casta: “estos son mis ideales, pero si no le gustan (y me mantienen el cargo) tengo otros”. Si Binner no hubiera sido ateo, se revolcaría en su tumba.

Mientras tanto, los gremios docentes se siguen caracterizando por su economicismo: jamás discuten las condiciones laborales de sus representados. Solo miran (cuando la administración no es de su agrado, claro) cuánto dice el recibo de sueldo. ¿La cantidad y calidad de las horas trabajadas? Bien, gracias. Y claro, cómo no va a suceder esto cuando los gremialistas ya no tienen que pisar un aula durante los años y años que suelen durar sus mandatos. No sé si Sonia Alesso es docente de matemáticas o historia, pero si lo fuera no se acordaría cómo enseñar la regla de tres simple ni la diferencia entre el 25 de mayo y el 9 de Julio, según el caso (sobre Alesso yo mismo realicé un pedido de paradero durante la administración Perotti, por suerte fue localizada sana y salva mirando Gran Hermano en su casa de Buenos Aires, mientras los ingresos de sus representados se derrumbaban: qué se le va hacer, antes el partido que la representación sindical)

Así las cosas, mañana cientos de miles de millones de alumnos irán a aulas-sauna a ser educados por docentes cada vez más desmotivados y, en muchos casos, cada vez peor preparados (sobre esto último, por si faltara aclararlo, a diferencia del admirado mundo desarrollado de Pullaro y compañía, aquí un docente no recibe ningún tipo de curso de actualización, salvo el que paga con su bolsillo).

No tengo estadísticas, pero como docente puedo asegurar que el éxodo de muchos de los mejores colegas ya comenzó hace rato. Horas mal pagas, cientos de trabajos para corregir (un docente de primaria tiene que hacer dos turnos si quiere tener un sueldo, uno de secundaria tener un promedio de casi 200 alumnos repartidos en diferentes cursos y escuelas) y, como si fuera poco, realizar hojas y hojas de planificaciones empanadas de progresismo antinormalista exigidas, valga la paradoja, desde la más férrea disciplina militar. Dicho sea de paso, el normalismo debería ser algo superado, pero como supo decir Beatriz Sarlo no hace mucho antes de su partida, una cosa es que un niño motivado por un hogar con gran capital cultural pueda aprender a sumar usando su intuición, capacidad de inducción o deducción y otra que lo haga un niño en cuya casa no existe ni un libro ni un padre o madre capaz de estimular la autonomía de su hijo a la hora de educarse….. como es el caso de lo que sucede en casi todos los hogares argentinos (no solo los más pobres).

Ahora bien, ¿por qué esto, y perdonen mi francés, esto le resbala a la mayoría de los papis y mamis? En primer lugar, porque la escuela hace rato que es la guardería más barata posible en un mundo donde ambos padres tienen que trabajar para generar un ingreso (dicho sea de paso recordemos que casi el 90 por ciento de los salarios docentes del sector privado son pagados por el estado; dicho sea de paso también, el agregado de una hora extra en la escolarización se opone a todos los manuales de pedagogía más sensatos del mundo, pero, nuevamente, hablamos de escuelas guardía). En segundo lugar, porque la docencia, como viene demostrando la administración Milei sobre cualquier trabajo público, es percibida como parte de “la casta”. Argentina pasó en pocas décadas de creer que la maestra era una segunda madre que todo lo podía y el profesor un señor al que mirar desde abajo a asumir que su lugar fue ocupado por cuasi-parásitos que se dedican a mirar el techo.

¿Hay transgresiones y caída promedio de las cualidades de los docentes? Sin dudas, pero es lo mismo que sucede con todo trabajo que exige mucho y paga mal. Y esto solo se va agudizar si, a contrario de lo que dijo el gobernador cuando estaba en campaña, el trabajo docente sigue perdiendo el prestigio simbólico de otras épocas, además de su nivel salarial.

Hago una nota personal: como profesor del nivel superior, pero también del secundario, los únicos casos de abuso de licencias que conozco son de profesores y profesoras que llegan demolidos a los últimos años de su carrera y en ningún ambiente laboral me tocó ver tanta dedicación y sacrificio como en la escuela secundaria durante la que trabajé por varios años.

¡Buen comienzo de clases para todos y todes!

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