Tomás LüdersLa Contradicción de lo no binario

Tomás Lüders15/08/2018
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La pretensión, autoproclamada progresista, de una crianza de género neutral sobre los y las hijas es, de mínima, contradictoria. En segundo orden, se puede sostener lo mismo para la imposición de un lenguaje autoproclamado como inclusivo: la famosa “e” en lugar de la “o” no marcada genéricamente.

Estas posiciones sostienen que el género es una construcción discursiva, pero pretenden a la vez que las mujeres y varones que somos padres (en la combinación de géneros que sea) nos relacionemos con nuestros hijos sin que actúe la discursividad que nos ha perfomado. ¡Pero en ese caso estaríamos viviendo de manera directa lo Real!. Eso sería vivir en un universo psicótico, ya que no hay manera subjetiva de “ir a las cosas” separados de nuestras categorías culturales. Por suerte la psicosis no se auto-induce.

Por eso, decir que todo es discursivo (performativo) y, entonces, negar la propia “subjetividad discursivada” en pos de lo que se entiende como libertad, no deriva en psicosis, sino en auto-imposición y autoritarismo. Por suerte, la diferencia sexual, se sea hetero, homo o trans, es algo que está más acá y más allá del discurso. No se demuele como quien demuele una casita de paja o madera. La diferencia sexual es lo que le sucede al sujeto sobre lo que trae biológicamente, que es un “real” que no se borra, más allá de la tibia bisexualidad de la composición corporal heredada biológicamente.

Entender que lo “simbólico”, así dicho muy general, es constitutivo de la condición humana –como entendieron teóricos como Derrida o Lacan sobre todo desde de Nietzsche– no implica al mismo tiempo que esa construcción es el resultado de la acción voluntaria de los actores sociales. Justamente ésta es la cuestión que la posición que criticamos aquí entiende bien: que lo discursivo es parte de procesos de hegemonía que han naturalizado sus sentidos, en términos nietzscheanos, la verdad es una cuestión de poder. Pero justamente si se habla de hegemonía estamos frente a “productos” que no se modifican de un día para el otro y, mucho menos, a partir de una decisión individual o familiar (muy a la europeo-occidental por otro lado). Sus productos son, en parte, lo que somos como sujetos.

De mi parte, considero necesaria la lucha por la igualdad de derechos. Pero considero imposible e indeseable la eliminación de la diferencia sexual (se sea heterosexual, gayo trans) y, de hecho, nadie cree más en ella que una persona trans –supuestamente la principal beneficiaria de una crianza no binaria–. Otra cuestión es reproducir roles machistas en la educación e imponer estereotipos de manera deliberada. Pero entendamos una cosa, un niño o una niña no se va a identificar con lo que nos autoimpongamos, sino que se va a identificar con “el encuentro” de sus dos padres con sus deseos, con lo que logran querer para sus vidas en el marco de un espacio social que no construyen solos.

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