Tomás LüdersEl Fasito y la copa menstrual al Poder

Tomás Lüders06/11/2020
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En Hegemonía y Estrategia Socialista de 1985, texto escrito casi preludiando el colapso del Bloque Soviético, el argentino Ernesto Laclau y su compañera belga Chantal Mouffe se entusiasmaban con un socialismo posmarxista, asentado en la “radicalización de la democracia”…

¿De qué se trataba?  De la posibilidad de que una “demanda democrática” particular “equivalenciara” a otras para poner de manera transitoria en cuestión “al sistema”. Lo transitorio no quitaba, sin embargo, lo permanente. Demanda radical a demanda radical, ruptura parcial a ruptura parcial llegaría la emancipación, nunca estable, nunca definitiva, pero que se ahorraba los costos de la revolución total.  En el proceso estaba la cosa, no en el fin.

Era el adiós definitivo a la “lucha final” encabezada por el proletariado y un “bienvenida” al ecologismo, el feminismo, las luchas antirracistas y demás “significantes” de las identity politics –mientras se rotaran entre sí para encabezar el combate contrahegemónico, cualquier reclamo era bienvenido por la dupla intelectual–. Sin una “lucha final” posible, bien valían mil diarias para que el “discurso hegemónico” (sic) no se pudiera quedar tranquilo.

Años después, Laclau volvería a defender al populismo como forma emancipatoria, tal como ya lo había hecho desde el exilio en los setentas (aunque en esta oportunidad se tratara de un populismo sin marxismo, pero nuevamente asentado en un antagonización del tipo pueblo-antipueblo antipluralista). Luego, una Mouffe ya viuda abandonaría también su pluralismo radical para pedir por “un populismo de izquierda” (sic).

Pero si nos quedamos con aquel texto que para muchos continúo siendo el libro de referencia más importante del posmarxismo (y como ya dijimos para el propio Laclau la cosa fue así hasta entrado el siglo XXI y Mouffe, hasta casi ayer) uno puede ver que no previeron que lo mínimo de una demanda podría quedar así, reducido a lo mínimo. Tal como les sucede a las militancias –así en plural, como es todo ahora–que todavía se inspiran en ese tipo de posicionamiento. Sin poner en cuestión nada y todo a la vez, cada demanda puede ser entonces deglutida tanto por una publicidad de jabón de tocador –ver foto 1–, cómo volverse “la Causa” para la izquierda popular o el trotskismo.

Resulta sin embargo compleja la crítica, pues lleva a quien pone en cuestión el desplazamiento de planteos más estructurales por la elevación de lo mínimo a “El Combate” a tener que explicar que no es el enunciado lo que se discute, o que al menos que ése no es el punto central de la crítica: por caso, el derecho a “menstruar dignamente”, o sin gastar en y tirar apósitos no me parece algo a lo que oponerse –ver foto 2–…. aunque lo de celebrar el fumar marihuana por el solo hecho de fumarla –ver foto 3–, como si viviéramos en el marco de una sociedad en la que somos todos bourgeois bohemes que reclaman por el inocuo derecho a vapear cannabis después de tomar un buen cabernet o una IPA fría me parece más problemático: después de todo, vivimos en el marco de una sociedad real en la que, yuxtapuestos a los hispters vapeadores hay cada vez más adolescentes melancolizados o de vida marginal recurriendo al “porro” y otras drogas, no como disfrute burgués casi inofensivo (o como experiencia de rebeldía al estilo sesentas) sino como forma de anestesiamiento permanente ante una vida que no les ofrece horizonte alguno. Pero bueno, parece que el hecho de que Del Caño haya cobrado un salario nivel magisterio mientras era diputado no le permitió ponerse en el lugar de los docentes que vemos día a día los efectos reales que las adicciones tienen en los estudiantes del secundario e incluso el primario (aclaro que, a diferencia de Nico, yo desconozco cómo es la situación en New Jersey o Arizona).

Pero, racapitulando, el punto no es poner en cuestión cada demanda particular, aunque algunas como la celebración del “fasito para todos” bien valen ser discutidas en su contenido. Se trata de discutir el lugar enunciativo que ocupan: el reclamo particular parece volverse el Absoluto y, entre queja y queja, nos despreocupamos por la trabajosa pero necesaria tarea de proyectar un horizonte mejor, posible o radicalmente diferente, pero mejor al actual “desierto de lo Real”. Y aquí en Argentina lo Real incluye un incremento de la pobreza que ya está alcanzando al 50 por ciento de la población.

Sin despreocuparnos por lo que sucede allá al Norte, en todo caso habría que preguntarle a Nico por el estado de la cuestión en Dakota del Sur o Arizona, es de suponer que no será ni la marihuana ni el reemplazo de apósitos por copas lo que habrá de generar sino cambios estructurales o al menos algo parecido a una reforma en serio.

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