Tomás LüdersBrexit, populismo y fin de la historia

Editor31/01/2020
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Hoy se produce el Brexit. Y nos seguimos preguntando de qué fosa séptica salen a flote tipos como Boris Johnson. Por qué ese olor repugnante a algunos les resulta fascinante ¿Es el populismo de derecha lo reprimido? ¿Los asqueados tendremos que ir hasta el fondo del inconsciente para interpretar que ciertos olores que hoy nos generan civilizado rechazo en realidad siguen fascinando a nuestro yo “más primitivo”? ¿El fin del proceso de civilización nos alcanzará a todos? (Nota: digo Brexit, digo “nosotros”, porque las narrativas siguen siendo globales, y quizá siempre lo hayan sido, solo que ahora lo podemos leer todo en tiempo real)

Las respuestas no aparecen, salvo en los enunciados mortificados, aquellos a los que no les queda más que recuperar el pasado (la UE tiene cosas que resolver, pero…, la globalización trajo sus problemas, pero…) o los enunciados de quienes celebran con cinismo ese pasado tan reciente, como si un montón de enceguecidos no hubieran podido ver que estábamos en la Panacea. La misma proyección puede hacerse para nuestra región. Aunque aquí los intentos de salida hayan sido “por izquierda”.

Las respuestas, claro, nunca están. Se construyen. Pero ya no aparecen los relatos que supieron darles sentido, eso que llamábamos ideología. Aparece allá y aparece acá eso que llamamos populismo y que nos cuesta tanto definir, venga de un lado o venga del otro: ¿es fascismo lo de Europa y Estados Unidos? ¿Es stalinismo lo de Venezuela? ¿Fue Néstor Kirchner un Perón y Cristina Fernández una Evita según el ideal de la Juventud Maravillosa? No son lo mismo los Johnson y Trumps que los Kirchner, tampoco los Kirchner que los Maduro. Pero el hecho de que cueste tanto definirlos los termina asociando en sus peores rasgos.

Mientras tanto, la academia y algunos intelectuales (desde Lacan, desde Laclau, desde el posestructuralismo, etc.) parecen celebrar a la bartola la revelación “de la dimensión afectiva” de la política. ¡Al fin entendemos de que se trataba! Era eso, deseo, pasión, antagonización. Que salga, que salga todo a flote. Ahí estaría la verdad, no en los “contenidos programáticos”…

El problema es que lo que flota a veces tiene un penetrante olor a mierda. Y, como ya se sabe, el olor a mierda fascina a los coprófagos que ya son legión pero, también, a los que aunque no se nos caiga una idea, nos definimos como asqueados.

 

TL

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