Tomás Lüders2 de abril, un aniversario triste, no un día de orgullo nacional

Editor02/04/2019
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Hubo gente, mucha gente, que hace 37 años salió a la calle a festejar con banderas el comienzo del último gran delirio de la Dictadura, ese que terminó mandando a morir a pibes bajo esa bandera, la agitada por tantos y con tanta euforia, no solo en la Plaza de Mayo porteña, sino también por la calle Belgrano y la Plaza San Martín de Venado Tuerto.

Izquierda y derecha, conservadores y liberales, millones festejando que los generales de la dictadura homicida, ya fracasada, mandaran a morir de frío, hambre y balas a miles de chicos. Pero era “por la Patria”. Por la Patria la sangre corre heroicamente. La mayoría de los designados mártires eran más que pobres, muchos de ellos changarines analfabetos que jamás habían salido de su pago –los Corderos Sacrificiales fueron estratégica y convenientemente seleccionados por la dictadura embanderada de nacionalismo, no había que perturbar la tranquilidad y comodidad de la gente de bien–.

Los “pibes de Malvinas” debían matar al Enemigo. El Altar de la Patria lo Demandaba. Solo que la mayoría del enemigo también eran pibes bajo bandera –lejos de los crueles gurkas descriptos por la mitología nacionalistoide, muchos de los soldados “británicos” era jóvenes inmigrantes pobres inscriptos en las Fuerzas Armadas del Reino Unido para poder obtener su ciudadanía, otros tantos, la mayoría, simplemente desocupados irlandeses, galeses o escoceses que encontraban ahí un ingreso relativamente estable y seguro–.

Pero cuando Galtieri cantó “truco” (el ebrio general designado para encabezar el comienzo del fin de un gobierno militar que ya no se sostenía más) Margaret Thatcher cantó “quiero retruco”. Ella también necesitaba tirar kerosene al fuego nacionalista para disimular las nefastas consecuencias de unas políticas de ajuste y desregulación de las que el ahora país enemigo había sido un (pésimo) laboratorio.

Pero de nada de eso se acordó hoy en la radio el relator de mitos Felipe Pigna, que aunque sabe que es el Día de los Veteranos y Caídos, asume que cada 2 de abril celebramos una supuesta gesta heroica y justiciera por “nuestros derechos soberanos” –la reivindicación de nuestros de derechos tiene su día, se conmemora el 10 de Junio y haríamos bien en distanciarlo lo más posible de este tristísimo aniversario–.

Pero no seamos tan duros con el gran divulgador de relatos autocomplacientes. Son mayoría los que todavía insisiten en vivir el día con engreimiento patrio. Se olvidan que los únicos que tienen derecho a sentir orgullo fueron los mandados a morir en nombre de esa vanidad homicida.

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