Mauro CamillatoOpiniónLos desafíos de Fernández, Perotti y Chiarella en épocas del coronavirus

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La pandemia del coronavirus desnudó como nunca a nuestros líderes políticos. Algunos como Donald Trump, Boris Johnson y Jair Bolsonaro, mostraron sus miserias y la pobreza intelectual. A otros les permitió salir del ostracismo y darles una oportunidad que parecía que se les escapaba. De todos modos, todos serán evaluados a futuro según cómo atraviesen la emergencia sanitaria producida por la pandemia.

Así, refiriéndonos a nuestros casos más cercanos, no hay dudas que a Alberto Fernández, Omar Perotti y Leonel Chiarella la pandemia les cambió 180 grados sus performances en los distintos gobiernos.  

Fernández: ¿apareció un líder?

De pronto Fernández ahora sí parece emerger como un líder más allá de la sombra de Cristina. Cuando su gobierno parecía tardar en arrancar, seguía sin encontrarle “la vuelta” a la economía con un acuerdo con los acreedores que parecía cada vez más lejano, apareció la pandemia y todo parece cambiar.

El mandatario decidió tomar el toro por las astas, más allá de la demora en algunas decisiones basadas en la subestimación sobre el virus que venía haciendo su ministro de Salud, Ginés González García. Así sus anuncios del domingo y del jueves pasados (en los que se cuidó de estar rodeado hasta de referentes opositores) fueron un antes y un después en su gestión. De golpe parece que apareció el líder que todos esperaban, logró manifestarse de manera firme pero a la vez, utilizó sus años de profesor, para demostrar templanza en su discurso.  Y hasta logró despegarse de Cristina, quien volvió a mostrar su egocentrismo extremo “rajando” para Cuba en medio del arranque del problema.

De todos modos, Fernández también sabe que todavía falta mucho y hay que ver cómo termina la historia. Sobre todo porque es imposible predecir si las medidas tomadas por el gobierno lograrán controlar la pandemia, o al menos que Argentina tenga proporcionalmente menos casos que otros lugares del mundo. Pero también sabe que habrá un después, y ese después va a ser el de una profunda crisis (mayor aún de la que vivimos ya) que tendrá que afrontar.

Perotti: ¿Arranca o no arranca?

“¿Y, arranca o no arranca? siempre arranca con bujías….” es el pegajoso eslogan que repiten comentaristas y relatores de fútbol en los partidos del campeonato mayor de la Argentina. Lo cierto es que la primer parte del eslogan, que consta de una pregunta, se podría trasladar directamente hasta hace pocos días al gobierno de Omar Perotti. Hasta que la pandemia finalmente lo obligó a arrancar.

Mientras tanto perdió los primeros 100 días de su gobierno (los que algunos llaman ‘luna de miel’) encerrado en la porfía de lograr que la Legislatura le apruebe la vidriosa Ley de Emergencia (o ahora rebautizada Ley de Necesidad Pública). A la vez, se enmarañó en una discusión sin fin sobre el verdadero estado de las cuentas con su antecesor, el perspicaz Miguel Lifschitz, y priorizó ante todo ”la caja” y ralentizó hasta casi paralizar la obra pública (dejando a miles de santafesinos sin trabajo).

De hecho, ahora se enfrentaba a una paritaria bastante complicada con los gremios estatales (los mismos que lo apoyaron durante la campaña), principalmente con los docentes a los que les ofreció “migajas” de aumento salarial. Encima de esto, el récord de homicidios en las ciudades de Santa Fe y Rosario le propinó otro golpe a un gobierno que llegó al poder con el lema “orden y paz”.

Lo cierto es que la pandemia le dio una nueva oportunidad política que Perotti, que parece haber logrado capitalizar. Al menos por ahora. Así comenzó a mostrarse más activo y todos los días brinda dos conferencias de prensa para anunciar la situación epidemiológica de la provincia. Además, en una decisión aplaudida por propios y extraños, convocó a ex ministros de los gobiernos del Frente Progresista para que se sienten a la mesa de las decisiones. Y hasta llamó a Lifschitz para acordar una futura aprobación de la Ley de Emergencia.

Claro está, que todo esto puede derrumbarse rápido si no atempera a su ministro de Seguridad, Marcelo Sain, quien a pesar de su reconocido prestigio no sólo no logró bajar el índice de homicidios, sino que además se la pasa provocando en las redes sociales. En estos últimos días tuvo un desafortunado cruce con la intendenta de Ceres, y ahora trascendió un nuevo audio en donde se quejó de todos los intendentes santafesinos por la forma de enfrentar la emergencia sanitaria, afirmando que “dejan mucho que de desear, son de cuarta categoría en términos generales”. Y salvando solamente al jefe comunal de Melincué (Silvio Garbolino), sostuvo que “el resto son especuladores y son los primeros que se van a la lavar la pija con nosotros: Javkin (Pablo, intendente de Rosario), Jatón (Emilio, intendente de Santa Fe) ya se lavaron la pija hoy con nosotros” (sic).

Los desafíos de Chiarella

No son pocos los desafíos que tuvo que enfrentar el joven intendente de Venado Tuerto en sus primeros 100 días de gobierno. A poco de andar lo recibieron  un par de cruentas tormentas que culminaron con vecinos evacuados, la mayoría del asentamiento Villa Moisés. Los mismos vecinos que posteriormente irrumpieron en la sede municipal y provocaron que el novel mandatario cometiera su visible primer error de gestión (ver nota de opinión anterior: Villa Moisés, la necesidad de un urgente plan de abordaje integral”).

Posteriormente, logró el acompañamiento de la población con su decisión de expulsar a un grupo de empleados municipales que “no trabajaban. Y su primer éxito parcial  de gestión lo tuvo con la campaña del uso del casco, que rápidamente logró sus primeros y precoces resultados (aunque falta mucho para poder discernir si finalmente logrará el difícil cometido de torcer una arraigada cultura venadense). Algo similar sucedió con los operativos realizados en comercios locales, en los cuales se logró secuestrar gran cantidad de alimentos en mal estado.

Claro está, de todos modos, todavía le queda mucho camino  para andar y apenas pasaron cien días de su gobierno, y si bien se puede decir que el joven radical (a diferencia de Perotti) intentó aprovechar “la luna de miel” con sus votantes, le quedan muchos desafíos para terminar de arrancar. Ahora la emergencia sanitaria también lo pone en el centro de las miradas y deberá prepararse, al igual que le sucede a Fernández y a Perotti, para gobernar en la escasez (mayor de la que ya existe).

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