A dos semanas de las elecciones legislativas nacionales, el clima político en Santa Fe se resume en tres palabras: incertidumbre, territorio y desgaste. Lo seguro, la vuelta del escenario de tercios, que tanto imperó en la provincia en las últimas décadas y que el oficialismo provincial con la formación de Unidos pretendió desterrar.
En ese sentido, aunque el oficialismo provincial llega con el envión de sus triunfos locales, la variable nacional vuelve a poner todo en duda. La historia reciente demuestra que gobiernos santafesinos sólidos en el plano interno no siempre logran trasladar ese respaldo cuando la disputa es por bancas en el Congreso Nacional.
Además, ninguno de los cabezas de lista de los tres principales espacios son figuras reconocidas en toda la bota santafesina. De ahí que el “cuerpo a cuerpo” vuelve a ser la herramienta central para retener y ampliar el voto.
No por casualidad, el gobernador Maximiliano Pullaro recomendó en una reunión con mandatarios locales oficialistas imitar al intendente de Venado Tuerto, Leonel Chiarella, que en ocasión de la PASO de 2021 —que definía el candidato a senador nacional por Santa Fe— repitió en una entrevista radial 26 veces su nombre. El mensaje fue claro: salir a pelear cada voto y corear hasta el hartazgo el nombre de Gisela Scaglia.
Así, en un escenario de tercios y figuras poco conocidas, la construcción territorial vuelve a ser, una vez más, un factor decisivo.
Provincias Unidas: gestión, territorio y la apuesta de Pullaro
La vicegobernadora Gisela Scaglia, primera candidata de Provincias Unidas, encarna esa idea: recorrer, mostrarse y convertir la gestión en argumento electoral. Es que, a pesar de ser la segunda en el gobierno provincial, su figura sigue siendo desconocida para una parte importante de la población santafesina. De todos modos, su ventaja es institucional: puede moverse amparada en la gestión y exhibir resultados.
El oficialismo diseñó una campaña con dos pilares —producción y obra pública— que busca contrastar con los extremos de la grieta.
Esa táctica se refuerza con el apoyo de jefes territoriales del propio espacio y de algunos intendentes peronistas referenciados en el cordobés Martín Llaryora, que en los hechos actúan como aliados pragmáticos de la Casa Gris. Pullaro apuesta a que esa red de intendentes y comunas funcione como su verdadera maquinaria que le permita a Provincias Unidas ganar la elección en Santa Fe.
El oriundo de Hughes tiene claro que, para que la novedosa construcción de Provincias Unidas tenga futuro en el escenario nacional es necesario imponerse en todas las jurisdicciones donde sus lideres gobiernan. Santa Fe es uno de esos casos. Pero, además, como lo demuestra su reciente raid por medios nacionales en la semana que pasó (estuvo hasta en la mesa de Mirtha Legrand) también especula con su posicionamiento personal. Aunque, aclare una y otra vez que no va a ser candidato a presidente en el 2027, no hay duda que está apuntalando una construcción de su figura a nivel nacional (no necesariamente para el próximo turno presidencial).
Fuerza Patria: unidad forzada y perfil ciudadano
En el otro extremo, el peronismo santafesino, bajo la denominación Fuerza Patria, intenta sostener la unidad alcanzada tras semanas de tensiones internas. La lista es encabezada por Caren Tepp, dirigente de Ciudad Futura, acompañada por Agustín Rossi en el segundo lugar. La elección de una figura extrapartidaria al frente buscó renovar la identidad del espacio, aunque expone su principal debilidad: el bajo nivel de conocimiento de Tepp fuera del Gran Rosario.

La estrategia de campaña tiene como eje principal “esconder” lo más posible la marca kirchnerista y mostrarse como una fuerza ciudadana con anclaje territorial. Tan es así, que, en los carteles de Fuerza Patria y el colectivo con el que recorren la provincia, la foto de Tepp aparece junto a Juan Monteverde, su pareja y referente principal de Ciudad Futura, mientras que el rostro de Rossi brilla por su ausencia. El objetivo es claro: retener al votante progresista sin perder independencia del peronismo tradicional.
A su vez, en la disputa de ese votante progresista aparece el Frente Amplío por la Soberanía, que pretende inmiscuirse en la pelea de los tercios y quedarse con una de las nueve bancas que renueva Santa Fe en la Cámara de Diputados Nacional. Ahí la figura que surge con cierta expectativa es quien encabeza dicha lista, el reconocido diputado provincial y periodista, Carlos Del Frade.
Milei y el voto libertario: sin figuras, sin gestión
El caso del oficialismo nacional es aún más complejo: La Libertad Avanza llega con candidatos casi desconocidos y con una gestión nacional en caída libre, más allá del “salvataje” de último momento del “amigo” Donald Trump. Agustín Pellegrini, primer candidato, intenta capitalizar el voto libertario duro, pero la decisión del Gobierno nacional de no realizar obra pública desarmó la posibilidad de exhibir argumentos territoriales. Herramienta con la que si cuenta Provincias Unidas (espacio con el que se disputan el mismo electorado). De hecho, Scaglia recorre la provincia mostrando las obras que el gobierno tiene en marcha en distintos lugares de la geografía santafesina.

Además, las estructuras locales libertarias son débiles o inexistentes, y eso puede ser determinante en una elección donde la cercanía y la movilización vuelven a tener peso.
La importancia del voto a voto
La hístoria reciente demuestra que: el electorado santafesino no se mueve principalmente por consignas nacionales, sino por confianza y presencia. En ese sentido, desde el oficialismo provincial apuesta a mantener a los números locales, militar el voto a voto y caminar casa por casa.
En un contexto de abstencionismo alto y de apatía ciudadana, la capacidad de las fuerzas políticas para movilizar a su electorado se convierte en un diferencial. Santa Fe no solo elegirá nueve diputados nacionales, pondrá a prueba la potencia de sus territorios, la resistencia de sus estructuras y la habilidad de sus líderes para conectar con la gente.
Porque en una provincia que ha demostrado una y otra vez su autonomía política, los votos se construyen. Y se construyen con militancia, presencia y nombre propio.
En definitiva, en un escenario de tercios y figuras poco conocidas, la militancia territorial parece volver a ser la llave.







