Mauro CamillatoEl Flaco y don Nicanor

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Por Mauro Camillato

Lo que voy a escribir poco tiene que ver (o sí)  con las notas que publicamos “normalmente” en Venado 24, pero es verano y viene bien tomarse una licencia de vez en cuando.

Es que el último martes (23 de enero) parece que el cosmos nos jugó una nueva treta e hizo coincidir que en la misma fecha se celebraba un aniversario más del nacimiento de Luis Alberto Spinetta  (y por ende se conmemora el Día del músico argentino) y a la vez falleciera “el gran” Nicanor Parra.

El Flaco y don Nicanor, un dúo que de una u otra manera marcaron mi vida y en todo caso la impregnaron  de la particular belleza del arte (de esa belleza que solo el arte puede otorgar).

El Flaco y don Nicanor, creo que nunca se cruzaron, es más ni siquiera recuerdo que alguno de ellos haya nombrado al otro en algún momento. Sin embargo, ambos tenían muchas cosas en común. Don Nicanor se decía el creador de la antipoesía, El Flaco nunca lo dijo pero de alguna manera podría ser el creador de la “antimúsica”. La intención de  don Nicanor fue quitarle el carácter serio, solemne a la poesía. Si los surrealistas terminaron con la rima y el corsé de los géneros, Parra dio un paso más y acercó a la poesía al pueblo, reemplazado el lenguaje solemne por un lenguaje de la calle, cotidiano, jocoso e irónico.

El Flaco también con su música y su poesía escapó al corsé de los géneros. En sus temas se pueden encontrar rock, tango, folclore, jazz, bossa nova, etc, pero sobre todo tenía un estilo propio, único e irrepetible que se vislumbraba en esos acordes raros que nadie sabía de donde sacaba. Encima, no se quedaba quieto y en sus distintas producciones discográficas fue variando completamente de formato. Y sus letras eran pura poesía (algunas cercanas a la anti poesía), de esas que tienen vida propia y no solo acompañan el ritmo de una partitura.

El Flaco

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Mi historia con El Flaco ya la conté en una nota escrita enero del 2012, solo voy a recordar que  me acerqué a él, creo que tenía entre 14 o 15 años, cuando salimos con un amigo que recién se había comprado un “doblecasetera” a buscar algo para escuchar. Así casi, de casualidad descubrimos en una vieja disquería que ya no existen los casetes (era un álbum doble) del reencuentro de Almendra en Obras. A partir de ese día no dejé de comprar toda producción que apareciera del Flaco y sin darme cuenta mi vida, mis amistades, mis amores, fueron acompañados con su música.

Don Nicanor

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A Don Nicanor llegué un poco después, ya alcanzando los 16, un amigo algo mayor que yo (Leandro o Boris, no recuerdo)  me pasó el libro Obra gruesa. Reconozco que me lo quedé por demasiado tiempo, es que mi sorpresa fue mayúscula cuando ojeé esas “antipoesías” que no se parecían a nada de lo (poco) que había leído hasta ese momento. Era repasarlas una y otra vez con esa sensación extraña de la sonrisa permanente ante las ocurrencias de don Nicanor.  Nicanor nos lo advertía:

Durante medio siglo
la poesía fue
el paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
y me instalé con mi montaña rusa.

Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
echando sangre por boca y narices.

En esa misma época en el (en ese momento) Colegio Nacional 1,  con el Centro de Estudiantes que habíamos formado realizamos una revista que se llamaba “Búsqueda”, que intentaba ser una provocación a la educación del fin de la dictadura. Allí publicamos un antipoema del genial autor chileno que resumía nuestros pesares en el colegio secundario, “Los profesores”. De hecho recuerdo mi discusión con la profesora de lengua y literatura del momento que nos endilgó que eso no era poesía.

Desde aquel momento mantengo mi admiración hacía el genial don Nicanor, que se acaba de ir con sus 103 años a cuesta.

………

Más allá de las diferencias entre ambos, don Nicanor trascendió fronteras (un par de veces fue candidato al Nobel) mientras El Flaco, es sobre todo reconocido en Argentina (quizás en Latinoamérica) pero no hay duda que ambos dejaron su impronta. En el caso del Spinetta es evidente que su figura se agiganta con el paso del tiempo, de hecho la decisión de nominar como el Día del Músico Argentino su fecha de nacimiento demuestra esta realidad.

La figura de  Nicanor Parra seguramente también crecerá aún más con los años.

Pero al fin y al cabo los dos lograron poder hacer realidad el sueño de todo mortal, esto es hacerse “inmortales” a través de sus obras. Encima don Nicanor estuvo a punto de alcanzarlo en todo sentido….llegó a los 103.

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