Mauro CamillatoOpiniónArgentina en su laberinto: “Lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no termina de morir”

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Las elecciones legislativas de octubre ya tienen sus listas definidas y, más allá de los nombres propios que empiezan a recorrer el escenario, la fotografía política vuelve a mostrar un dato que parece inalterable: la grieta sigue siendo el eje ordenador de la política argentina. Oficialismo y oposición mayoritaria se retroalimentan en su enfrentamiento, mientras el electorado observa con creciente escepticismo la imposibilidad de consolidar una tercera vía competitiva.

En los papeles, “Provincias Unidas” aparecía como la construcción destinada a ocupar ese lugar. Sin embargo, en el armado de las listas terminó reproduciendo los mismos vicios de la “casta” que sus impulsores prometían combatir. En la provincia de Buenos Aires, lejos de renovar la oferta, recurrieron a una figura desgastada como Florencio Randazzo, lo que no solo generó ruido interno sino que abrió la puerta a la dispersión del voto con otros espacios menores que apuntan al mismo electorado. Peor aún, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ni siquiera consiguieron armar una lista propia: sus referentes se desperdigaron en distintas boletas, diluyendo cualquier posibilidad de mostrarse como una alternativa real.

En paralelo, el gobierno nacional llega a este proceso en estado de crisis. Javier Milei no logra exhibir un programa económico consistente y, en vez de despejar dudas, acumula denuncias por corrupción que erosionan su credibilidad. El Presidente confiaba en que un resultado robusto en octubre le garantizara al menos el tercio de diputados necesario para blindar sus vetos y protegerse de un eventual juicio político. Pero incluso con ese número, lo que le falta es capacidad para tejer acuerdos y avanzar en las reformas comprometidas con el Fondo Monetario.

La crisis, además, ya no se limita al terreno económico. Las denuncias de irregularidades golpean el corazón mismo del poder libertario. Karina Milei, la hermana del Presidente y su principal sostén político, quedó en el centro de acusaciones sobre cobros indebidos y tramas de corrupción que van desde los negocios con la criptomoneda $Libra hasta las denuncias por un sistema de sobornos ligado a medicamentos en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). A esto se suman las múltiples acusaciones sobre venta de candidaturas y cobros por audiencias con el Presidente.

Párrafo aparte: estos no son los únicos escándalos que atraviesan al joven gobierno. Vale recordar, por ejemplo, la denuncia por la retención de alimentos destinados a comedores comunitarios en el Ministerio de Capital Humano o el caso de las valijas que se saltaron controles de aduana por orden política, traídas desde EE.UU. por allegados al presidente. Y ni hablar de lo que podría destaparse a futuro con lo ocurrido con el fentanilo contaminado que dejó más de 100 muertos. En primera instancia, ya está más que comprobado que la falta de control del gobierno nacional es uno de los factores que explican semejante desastre.

Pero, volviendo a Karina, vale recordar que en ningún caso puede ser un fusible para detener la crisis. Karina es “El Jefe” y, por tanto, es intocable. Distinto es el caso de la crisis económica: Luis “Toto” Caputo, más allá de que el propio Milei lo tilde como “el mejor ministro de Economía de la historia”, sigue siendo una pieza a reemplazar en cualquier momento.

Mientras tanto, el deterioro social y la recesión siguen haciendo estragos. Sin embargo, por ahora, la oposición todavía no logra canalizar el desencanto, y las terceras vías fracasan en articular un relato creíble. El resultado es una ciudadanía cada vez más incrédula, con un número creciente de indecisos que amenaza con un abstencionismo que podría ser histórico en las elecciones que vienen.

El recorrido hacia octubre tampoco será lineal. La elección en Corrientes (el 31 de agosto elegirá gobernador) promete ser adversa para La Libertad Avanza, y el resultado del 7 de septiembre en la Provincia de Buenos Aires aparece abierto, en medio de un oficialismo golpeado por los escándalos y una oposición fragmentada. Todo, mientras persiste el interrogante central: ¿será posible en Argentina construir una alternativa que supere la lógica de la grieta, o estamos condenados a repetir la polarización entre dos polos que se necesitan mutuamente?

Por ahora, los hechos son contundentes: la grieta sigue firme, el tercer espacio no termina de construirse y el oficialismo se interna en un laberinto con una economía que no arranca y con el fantasma de la corrupción que amenaza con devorar a su propio núcleo de poder.

Como alguna vez dijo Antonio Gramsci (y retomó luego Bertolt Brecht): “Lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no termina de morir”.

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