Columnista invitadoOpiniónAnálisis: La urgencia de una real y efectiva defensa del consumidor

Editor18/04/2019
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Por Pablo Nirich (columnista invitado)

El capitalismo, que es el sistema que hoy organiza la economía en casi todo el mundo, tiene sobre sí una trágica espada de Damocles, que necesariamente habrá de estallar o llevar, tarde o temprano, a una solución: la distancia entre los más pobres y los más ricos del sistema es cada vez más grande; o sea,  que la situación es cada vez más injusta y más lejana de la idea básica de que lo bueno es el bienestar general de la totalidad de la sociedad.

Hace unos pocos días se publicaron los balances  de los bancos radicados en nuestro país, y todos ellos exhiben ganancias exorbitantes durante  el año 2018 que fue muy duro para el resto de la sociedad. Es evidente que el sector bancario es el que más ventajas sustrajo de la actual crisis argentina, con tan altos beneficios que linda lo obsceno.[¿Cuál fue su reacción ante las justas críticas que ello generó? Que van a tratar de que en  el futuro no trasciendan al público esas ganancias].

Es evidente que el sector bancario es el que más ventajas sustrajo de la actual crisis argentina, con tan altos beneficios que linda lo obsceno

Desde su consolidación, allá por los comienzos del siglo pasado, los economistas ideólogos del capitalismo sostenían que para su legitimidad y buen funcionamiento, el capitalismo  debía cumplir con dos requisitos básicos. Por un lado una eficiente ley antimonopolios o anti trust; la cual por ejemplo en E.E.U. U., se aplicó con rigor durante varias décadas, con ejemplares fallos de su Suprema Corte, como el que obligó a desintegrar en numerosas empresas de distintos propietarios a la entonces poderosa “Bell”, que había monopolizado el sistema de comunicaciones telefónicas de todo el país.

El otro requisito esencial para el que llamaban el “buen capitalismo”, era la defensa del consumidor, tema en el que particularmente en Argentina se hace muy poco desde las instituciones  que más deberían preocuparse por ello; en primer lugar, el estado desde sus tres poderes, pero fundamentalmente desde el poder judicial, luego los partidos políticos, las organizaciones sociales y los sindicatos, cuya razón de ser debería estar consustanciada con la defensa del consumidor y con la lucha por el salario real basado en el nivel general de los precios. Sin una real y efectiva defensa del consumidor, el capitalismo se deslegitima y no se hace creíble ni aceptable.

Sin una real y efectiva defensa del consumidor, el capitalismo se deslegitima y no se hace creíble ni aceptable

La concreta y verdadera defensa de los intereses de los mas débiles de la sociedad, se concreta protegiéndolos de los grandes grupos monopólicos, que actúan en forma ilegal y cartelizada, o sea acordando entre sí los precios de los productos básicos de consumo, como alimentos, medicamentos y servicios bancarios, para ejemplificar solo con algunos. Hoy, y desde hace décadas, el consumidor argentino está indefenso y desprotegido ante los muy organizados monopolios y cárteles proveedores de insumos fundamentales, de modo que los sectores más débiles de la sociedad no pueden atender sus necesidades, ni mantener un mínimo de bienestar y dignidad. La luchas contra ese flagelo egoísta y especulativo, es muy difícil y dura, y pone en valor el apotegma de que los argentinos somos gente solidaria.

[Valga un ejemplo, o testimonio, de cómo pueden defenderse los intereses de los consumidores, en este caso del país hermano de México. Allí con el objetivo de proteger a los usuarios de instituciones financieras, con el apoyo del nuevo presidente, el socialdemócrata Andrés Manuel López Obrador, el senador Ricardo Monreal, presentó en estos días a la legislatura, un proyecto de ley para modificar la Ley Para la Transparencia y Ordenamiento de los Servicios Financieros  -que los argentinos no tenemos-,  a fin de que se regulen los precios e intereses que cobran los bancos por la prestación de sus servicios, estableciendo prohibiciones al cobro de ciertas comisiones y límites a los intereses que se pueden fijar. ¿Qué sucedió? El poderoso lobby bancario inició una campaña muy fuerte contra ese proyecto, poniendo sobre la mesa con claridad, quién es quién y cuáles son los intereses en juego por un lado y cuáles son las prioridades de un estado que protege a sus ciudadanos consumidores].

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