Mauro CamillatoOpiniónA 30 años de la caída del BID: la conmoción en Venado Tuerto y el anticipo del saqueo de los ’90

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En Semana Santa de 1995, la ilusión del Banco Integrado Departamental (BID) comenzó a desmoronarse. Fue el Viernes Santo, que en la oportunidad que, por caprichos del calendario, coincidía con un 14 de abril, cuando el Banco Central de la República Argentina anunció su suspensión por 30 días, aprovechando el feriado largo y la parálisis de la actividad bursátil. La medida fue presentada como temporal, pero el 24 de abril de 1996 el juez venadense Marcos Ferrarotti dictaría su quiebra definitiva.

Gentileza Archivo Histórico Digital de Venado Tuerto

El impacto en Venado Tuerto fue enorme, el lunes posterior a la suspensión, el semanario La Ciudad esperanzaba a un Venado Tuerto desolado y titulaba en tapa “El Banco BID encontró solución”, con la foto de entonces poderoso gerente, Roberto Venancio Cataldi. Además, se anunciaba que la entidad se iba a convertir en sociedad anónima y que contaba con el apoyo del BCRA. Y, cerraba la bajada del título diciendo: “En definitiva, un fin de semana en vilo de toda una ciudad y hoy, volviendo a creer y a confiar”. En su interior sumaba, además, una nota al entonces intendente de Venado Tuerto, Ernesto De Mattía, que se solidarizaba con el suspendido banco y los alababa recordando que “es una de las instituciones que han sido dinamizadoras de las economías de la ciudad que nos permitió mostrarnos como una de las más progresistas de la provincia de Santa Fe”.

Gentileza Archivo Histórico Digital de Venado Tuerto

En la edición posterior del mismo semanario, la realidad era otra, la ilusión empezaba a derrumbarse, el título de la tapa y de la nota interior era contundente “A Dios rogando”. En la misma daba cuenta de una enorme manifestación frente a la sede del BID en 25 de Mayo y Belgrano, que incluyó una misa llevada a cabo por el hoy arzobispo de Rosario, Eduardo Martín. Por otra parte, se informaba de despidos en empresas satélites del banco y en sucursales de otras localidades. Aquella manifestación luego trascendió nacionalmente porque se difundió que había una pancarta que decía, “Cataldi es Dios”, en realidad la leyenda era: “Dios necesitamos al BID” (ver foto).

Gentileza Archivo Histórico Digital de Venado Tuerto

La debacle era inminente y su posterior quiebra dejó a 137.000 ahorristas con sus ahorros evaporados y una deuda total estimada en 700 millones de pesos/dólares, una cifra monumental en la economía de los años ’90. Se perdieron 2300 fuentes de trabajo en todo el país, la entidad tenía numerosas sucursales desparramadas en la extensa geografía Argentina. A 30 años de aquel estallido, el caso del BID es considerado el fraude bancario más grande de la historia argentina por el número de damnificados y el monto involucrado. Pero además de su dimensión económica, el BID fue también un emblema del entramado de complicidades políticas, financieras y judiciales que caracterizaron la convertibilidad y el menemismo.

Hoy, el caso Vicentín, la agroexportadora con sede en Avellaneda (Santa Fe), resuena como un eco del BID. En cesación de pagos desde 2019 y con una deuda de más de u$s 1.500 millones, ya hay directivos detenidos por delitos económicos. El final puede no ser muy distinto.

Un banco regional que se convirtió en gigante… y estalló

El BID nació en 1978 a partir de la fusión de once cajas de crédito cooperativas del sur santafesino. En pocos años, se transformó en una entidad con más de 140 sucursales en todo el país. Tenía una fuerte presencia en la economía de Venado Tuerto: financiaba pymes, comercios, clubes y hasta actividades culturales y deportivas. Su caída fue, por eso, un terremoto social y simbólico para toda la región.

Pero lo que parecía un banco solvente y regional, era en realidad una fachada.

El entonces “todopoderoso” gerente del BID, Roberto Cataldi

La complicidad del poder: el rol del Banco Central

Una parte crucial del caso BID es que no se trató de un hecho aislado ni imprevisto, sino que contó con la participación directa de las más altas autoridades financieras del país. Según revelaron distintos medios en mayo de 1996, en la estafa estuvieron involucrados el presidente del BCRA, Roque Fernández (luego fue ministro de Economía, reemplazando a Domingo Cavallo y reapareció en agosto del 2023, mostrándose como uno de los asesores de Javier Milei); el superintendente de Entidades Financieras, Eugenio Pendás y el director del BCRA, Pedro Pou.

El BCRA obligó al BID a absorber, por resolución escrita, a dos bancos quebrados: Aciso y De la Ribera, lo cual agravó su situación patrimonial. “Me obligaron por escrito a quedarme con los dos bancos… si no lo hacíamos, nos liquidaban, declaró Cataldi pocos días después de decretada la quiebra en un raid que realizó en medios nacionales.

Además, otros bancos se beneficiaron directamente del desguace del BID. El BCRA otorgó al Banco de Galicia 50 millones de dólares sin interés a 54 meses para quedarse con 40 sucursales del ex BID. También intervinieron los bancos Río y Francés, que cobraron operaciones de canje de valores usando la red del Banco Nación.

Gentileza Archivo Histórico Digital de Venado Tuerto

El BID se presentaba como un banco al servicio de la comunidad, apoyando a productores, comerciantes y empresas (fueron innumerables las empresas “salvadas” por el banco). Incluso, en 1994, había alcanzado su máximo de depósitos ofreciendo tasas superiores a la media del mercado, gracias a una imagen de gran solidez institucional.

De hecho, hasta el propio Carlos Menem, en aquel momento presidente de la Nación, había declarado sólo un año antes de su caída, que dicha entidad era un ejemplo y había alabado en diversos lugares la capacidad de su gerente Roberto Cataldi (luego detenido por un breve periodo en el marco de la causa).

Esta imagen contrastaba con la realidad de su operatoria. El BID también otorgaba préstamos millonarios a sociedades anónimas sin garantías reales significativas. Muchas de estas sociedades eran consideradas “tramposas” o “inexistentes” y acumularon grandes deudas.

Sin embargo, la situación era compleja. Se hablaba de la dificultad de la banca privada para absorber una entidad tan grande como el BID, especialmente por la mala calidad de sus activos y la falta de garantías sólidas en muchos préstamos. Las negociaciones con bancos como el Banco de Boston para la adquisición del paquete accionario no prosperaron debido a las exigencias que comprometían los depósitos de los ahorristas.

Gentileza Archivo Histórico Digital de Venado Tuerto

Cinco meses antes de la caída, en diciembre del 94, cuando el BCRA autorizó al BID la absorción de los bancos Aciso y De La Ribera, un exultante Cataldi declaraba a los medios locales que el banco se convertía en unos de los primeros en el país en cuanto a cantidad de sucursales.

El mismo BCRA le otorgó al BID la friolera de 171 millones de dólares de redescuentos, un 10% de lo que recibieron los otros bancos de todo el país. Y si algo faltaba para confirmar la trama de complicidades que envuelven este caso el hijo de Manuel Domper, uno de los directores del BCRA era el abogado del BID en Capital Federal. Pedro Pou, otros de los integrantes del directorio del BCRA, y que luego de la asunción de Roque Fernández al frente del Ministerio de Economía, ocupó la presidencia de la máxima entidad bancaria, le habría recomendado a Cataldi en el medio de la crisis del BID que les responda a los reclamos de los ahorristas: “Alpiste perdiste por depositar en este banco”.

En el mito popular aparecen, además, variados nombres paradigma de la década menemista vinculados de una y otra manera al caso, por ejemplo, la familia Yoma, el sindicalista oriundo de San Nicolás, Naldo Brunelli, Domingo Cavallo, el empresario teatral Carlos Spadone que tenía especial interés en la sala del teatro Verdi (relacionado también al caso conocido periodísticamente como el de la mala leche), el inefable líder radical Coti Nosiglia, Augusto Alasino… y siguen los nombres.

¿Y la justicia?

Aunque la causa judicial pasó por manos de jueces federales como Claudio Bonadío, Rodolfo Canicoba Corral y Julián Ercolini, ninguno de los responsables fue condenado. La causa prescribió en enero del 2006. Roberto Cataldi, Miguel Arduino (presidente del BID), luego de haber estado detenidos por la lapso de casi tres años, quedaron libres . El entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, también fue mencionado por su rol en la desregulación del sistema financiero y el uso discrecional de fondos del Banco Nación para maquillar las cuentas fiscales.

A nivel local, el impacto fue devastador: comercios cerrados, familias sin ahorros, industrias sin financiamiento y un desempleo creciente. Incluso el Club Olimpia, que había sido emblema deportivo y social de la ciudad gracias al financiamiento del BID, fue arrastrado al abismo. Hoy, gracias al trabajo de un grupo de vecinos y al apoyo del gobierno de Santa Fe logró encaminarse y hasta salvó el imponente estadio que estuvo a punto de ser rematado

Las huellas del BID

Mientras tanto, la arrasadora historia del BID dejó sus huellas que todavía persisten en la ciudad.  Ahí está todavía el imponente edificio de su sede en 25 de Mayo y Moreno donde ahora funciona una mutual local. A solo una cuadra, en 25 de Mayo 1088, la casa antigua rescatada por el BID y convertida en la sede de la Fundación, donde actualmente están las lúgubres oficinas del ANSES.

También persisten las 150 cuadras de pavimento realizadas por Consolid, empresa satélite del BID. Esa obra, que formaba parte de un ambicioso proyecto de 400 cuadras lanzado por el gobierno de De Mattía. Relacionado con esto quedó una cuantiosa deuda con la entidad que lograron abonarle a la Sindicatura recién en noviembre del 2018 mediante ventas de terrenos propios, entre ellos el histórico del Belgrano y 25 de Mayo, donde décadas atrás se emplazaba la casa de la familia Andueza, que fue adquirido por un grupo empresario local. Por ahora, sigue siendo un baldío frente a la plaza San Martín.

Otra huella la encontramos en Belgrano al 300 donde se erige el Teatro Verdi, que todavía sufre las consecuencias de una remodelación de la Fundación del banco, que nunca llegó a realizarse.

Más allá, permanece el denominado complejo habitacional BID, un proyecto de viviendas que llegó a culminarse en el barrio San Cayetano. Ahí nomás, como una mancha dentro de la plaza del Docente, en la esquina de SIgal y Barberis, quedó una grotesca construcción con paredes de más de un metro de espesor, que iba a ser el Centro Asistencial de Alta Complejidad que la Fundación anunció a fines de marzo del ’94, poco antes de caer.

Y, también en Uruguay 400, como mencionamos líneas atrás, quedó el imponente estadio del Club Olimpia.

Hay otras marcas que quedaron para siempre en una ciudad que vivió el sueño de tener una de las entidades financieras más importantes del país, que protegía a empresas e instituciones y brindaba apoyo a proyectos comunitarios. Ese sueño se convirtió, luego de la Semana Santa de 1995, en una pesadilla.

Un espejo de la Argentina neoliberal

Treinta años después, el caso BID sigue siendo símbolo del saqueo neoliberal: bancos usados para vaciar, reguladores cómplices, justicia ausente.

El BID, con su red de complicidades, impunidad judicial y devastación económica local, es una advertencia latente para quienes aún creen que estas historias no se repiten. Un espejo incómodo donde podría reflejarse el caso Vicentín.

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