Mauro CamillatoOpinión2020, andate a la mierda

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Antes que nada, perdón por el improperio en el título, pero no se me ocurrió otro que resumiera en pocas palabras lo que fue este año de mierda (perdón de nuevo).

Para colmo, reviso mi nota de fin del 2019 y muy optimista decía: “La esperanza de 2020 mejor está abierta, sobre todo porque será muy difícil que sea peor que el 2019”. Antes en las primeras líneas describía lo sucedido en los últimos días del año anterior: “los casi 150 milímetros de lluvias que se registraron en un poco más de un par de horas hizo que los venadenses termináramos con el agua hasta el cuello. Lo dramático del caso que culminó con casas inundadas, calles anegadas y más de 100 vecinos que tuvieron que ser evacuadas (…)”.

Después de describir tal panorama, nada parecía que podía ser peor, sin embargo llegó el 2020 y a poco de andar nos trajo el maldito bicho. Por supuesto, no fue lo único malo del año, aunque todos los gobiernos terminaron utilizando la pandemia como excusa para justificar la inoperancia. El 2021 no podría ser peor, aunque, por si acaso, ahora no me animo a asegurarlo. De todos modos, la vacuna por lo menos abre la esperanza de culminar con la pandemia.

Pero volvamos, para no hacerla muy larga, solo vamos a hablar de nuestro “micromundo”, nuestra aldea: Venado Tuerto.

Por acá, después de 24 años de gobierno de un mismo color político y familiar, estrenamos una administración nueva.  A su vez, no nos faltó nada, un breve repaso a “mano alzada”, más allá del bicho, comenzamos con la inundación y los vecinos del asentamiento Villa Moisés reclamando en la sede municipal, tuvimos enfrentamientos a los tiros de bandas narcos, escraches a contagiados de coronavirus, trifulcas entre gobierno provincial y municipal, un joven muerto y otro gravemente herido por gatillo fácil, escrache al gobernador Omar Perotti que trascendió las fronteras, una inentendible visita del presidente Alberto Fernández, y cerramos con tres casos que conmocionaron a la ciudad: un niño de 9 meses intoxicado con cocaína, un bebé de 8 meses intoxicado con marihuana y un homicidio con aparente origen familiar.

Inundación, Villa Moisés

Las copiosas precipitaciones de los últimos días del 2019 y los primeros del 2020 desnudaron las serias falencias urbanas de la ciudad y provocaron airadas protestas. Así, una gestión que apenas comenzaba a andar se encontró de golpe con un panorama desolador, hubo evacuación de vecinos, propiedades destruidas y el consecuente reclamo.

De hecho, el 15 de enero vecinos del barrio San Vicente decidieron cortar la ruta 8 en el cruce con calle Aufranc. Pero eso fue solo un aviso porque la situación más complicada se vivió en el asentamiento Villa Moisés, quienes pocos días después (el 21 de enero) decidieron irrumpir en la sede municipal para reclamar, entre otras cosas, que se reconozca el asentamiento como barrio y por lo tanto se les permita poder mensurar los terrenos apropiados. La situación fue tensa, pero finalmente se pudo disipar.

Lo cierto es que lo sucedido culminó evidenciando una problemática estructural de la ciudad: los graves problemas de acceso a la vivienda. Pero además nos mostró a todos los venadenses que existen cerca de 500 vecinos que acá nomás viven en condiciones infrahumanas. En ese momento dijimos: “Los habitantes del Villa Moisés están ahí a la vista de todos, y lo peor que se les puede hacer es negarlos” o en todo caso no hacer nada con el tema. De hecho, desde aquel momento, poco se hizo al respecto.

Coronavirus y escraches

Pensar hoy que una persona contagiada de coronavirus pueda ser escrachada y procesada por la justicia suena a insólito, sobre todo porque parece que ya nos acostumbramos a la enfermedad. Sin embargo, al principio de la pandemia en Venado Tuerto la paranoia ciudadana estuvo al orden del día provocando daños colaterales que se podrían haber evitado.

Fue el 25 de marzo la fecha que nos enteramos que el maldito virus llegó a nuestra comarca. El primer caso fue el de una mujer que concurrió a la ciudad de Buenos Aires a despedir a su hijo que, junto con una delegación de 20 personas volvían a Alemania. Así, rápidamente se logró encontrar el nexo epidemiológico en el contacto que había tenido la mujer con ciudadanos de Europa, que en ese momento era el centro de desarrollo de la pandemia.

La primera infectada de la ciudad junto a su hijo

Continuando con la misma ruta epidemiológica la pareja de esta mujer culminó siendo el segundo caso. Y a pesar de la sobreactuación de la justicia (fogoneada por la política), que hasta imputó y le dictó prisión domiciliaria a éste por la presunta propagación de una enfermedad peligrosa, no hubo más contagios. Pero el daño colateral estaba hecho, por el escrache público esa persona que es cuentapropista le costó mucho tiempo lograr que lo vuelvan a contratar.

A los tiros

Una bomba molotov de fabricación casera que explotó contra la puerta del Ministerio Público de la Acusación en la madrugada del martes 9 de junio. Posteriormente en la tarde de ese mismo día, se produjeran tres ataques con arma de fuego con objetivos bien claros: no fueron intentos de robo, sino mensajes con destinatarios elegidos previamente. Estos hechos estuvieron precedidos por otras balaceras ocurridas en semanas previas.

Lo cierto es que, más allá de escaramuzas cruzadas entre políticos y miembros del poder judicial en esas aciagas jornadas venadenses, luego se logró dilucidar que tanto la bomba molotov como las diferentes balaceras tuvieron como trasfondo un enfrentamiento entre dos grupos narco de la ciudad que eran dirigidos por sus respectivos cabecillas desde distintas unidades carcelarias. La acción posterior de la Justicia Federal local culminó develando la trama.

Gatillo fácil

Lucas Cabral venía en su moto de la casa de un amigo en la noche del sábado 25 de julio cuando se cruzó con un móvil policial, como no tenía casco y además circulaba en horario prohibido en épocas de cuarentena, decidió acelerar. A partir de ahí se inició una exagerada y desproporcionada persecución policial que sumó varios patrulleros más (algunos testigos hablan de hasta diez móviles) y que culminó en calle Chile (Lucas circulaba en contramano por dicha calle). Allí, otro móvil se le cruzó a Lucas Cabral y provocó la colisión que causó la muerte del joven de solo 22 años.

Más allá de los distintos matices del caso, en nota de opinión posterior alertábamos del silencio del poder político y judicial sobre el tema. Y decíamos: “La memoria de Lucas Cabral y su familia, que quedó con una herida imposible de sanar, se merecen todas las explicaciones posibles y en todo caso hasta el acompañamiento de los responsables del Estado, pero fundamentalmente se merecen justicia. Sin justicia es muy posible que tarde o temprano se repitan los casos, como la historia reciente de Venado Tuerto lo demuestra”.

Lamentablemente, nuestra advertencia se convirtió en realidad. En la madrugada del 6 de septiembre el joven Facundo Vaca (19 años) culminó internado en grave estado luego de recibir un disparo a quemarropa con bala de fogueo en su propia casa.

El origen de todo fue otra persecución policial iniciada en la calle contra el hermano de la víctima, un chico de 17 años, quien se trasladaba en moto junto a un amigo. El joven llegó a su vivienda ubicada en calle Azcoaga al 500, casi en simultáneo con la policía, y se generó una discusión cuando intentaba entrar y los agentes pretendían detenerlo. En el domicilio estaba presente la madre del adolescente, que se encontraba dentro, y luego al escuchar los ruidos también salió Facundo, quien se trenzó en una discusión con los agentes. Fue durante esa situación que el policía le apuntó con el arma y le disparó.

Facundo Vaca tuvo más “suerte” que Lucas y logró recuperarse, aunque recién el 27 de septiembre le dieron el alta médica.

Relaciones complicadas

Por su parte, la ausencia del gobernador Omar Perotti al tradicional acto del 17 de agosto fue una clara muestra de una relación complicada con la administración local.

Entre otras cosas, la diferencia en el conteo de casos de coronavirus y el desagrado de la intendencia venadense a las decisiones provinciales que establecían mayores restricciones a la ciudad en el marco de la pandemia fueron una muestra de esta relación complicada.

La manifestación de comerciantes venadenses del 5 de septiembre y la rebelión consumada luego contra la decisión del gobernador de mandar para atrás en las fases de aislamiento a la ciudad culminó con la opereta televisiva lanzada por Alejandro Fantino en su programa en América TV.El Intendente de Venado Tuerto se caga en todos los santafesinos“, bramó el exrelator de fútbol.

Mientras tanto, el sistema de salud local no culminó colapsando por muy poco.

Encima, para aportar un poco de “leña al fuego” a la distante relación entre Municipio y Gobernación, el último 6 de octubre en su primera visita de Perotti como mandatario a la ciudad tuvo que sortear reclamos cara a cara de docentes y de trabajadores municipales, y hasta una serie de improperios lanzados al aire por un vecino ofuscado que manifestaba la pérdida de su trabajo.

La visita presidencial

En el comienzo del último mes del año, llegó el presidente Alberto Fernández para recorrer las instalaciones de Corven Motos y luego participar en un acto en la planta de Syngenta.

Previa a dicha visita decíamos en nota de opinión: “Tendremos el privilegio de haber contado con la presencia de los últimos tres mandatarios durante el ejercicio de sus funciones. Encima, el anterior, Mauricio Macri, vino dos veces. Sin embargo, dicho privilegio, por ahora no ha significado que tengamos beneficios palpables como ciudad. Es más, hasta se podría decir todo lo contrario, es difícil visualizar obras públicas de importancia realizadas por el gobierno nacional por estos lares. Y hasta podríamos sostener que seguimos ninguneados en ese aspecto, solo hace falta ver lo que sucede con la novela de la obra de la autopista de la 33. Prometida por varios de los mandatarios que estuvieron por acá solo para verse indefinidamente postergada”.

Pasada la visita, podremos volver a sostener que otro presidente estuvo en Venado Tuerto y no dejó absolutamente nada. En este caso, ni siquiera promesas.

Diciembre tenebroso

Diciembre también nos dejó tres casos policiales que demuestran la creciente descomposición y degradación social en la que estamos inmersos.

Así el 4 de diciembre trascendió la denuncia del Servicio de Pediatría del Hospital Regional de Venado Tuerto que daba cuenta del ingreso de un niño de 8 años intoxicado con cocaína.

14 días después encontraron muerto a un hombre con lesiones de arma blanca en el barrio Malvinas Argentinas. La investigación posterior determinó que existen evidencias suficientes para atribuir la coautoría del asesinato al joven de 19 años y a la hija de 16 años de la víctima. Ambos tenían una relación sentimental, hoy están detenidos.

Y ya el 24 de diciembre un nuevo caso de intoxicación de un niño con drogas en Venado Tuerto sorprendió al personal de salud del Hospital Gutiérrez. Esta vez fue un bebé de 9 meses que ingresó al servicio de urgencias con aparentes signos de intoxicación. Los exámenes posteriores realizados arrojaron resultado positivo para marihuana.

Un cierre con esperanza

De todos modos, el cierre de este año de “mierda” llegaron a Venado Tuerto las primeras 500 dosis de la Sputnik V y con ellas también arribó la esperanza de lograr el fin del maldito bicho.

Ahora solo queda aguardar que la pandemia no siga avanzando (los datos de los últimos días no son alentadores) y en todo caso que la vacunación culmine siendo exitosa.

El 2021 no puede ser peor, espero que esta vez no me equivoque.

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