Mauro CamillatoOpinión“Te amo, te odio, dame más”

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Posterior al intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner proliferaron los alegatos en contra del discurso del odio. Así, desde el oficialismo nacional argumentaron, una y otra vez, que detrás de la motivación homicida de Fernando Sabag Montiel aparecía el periodismo, la justicia y la oposición política (el gran Otro), quienes serían los portadores de dicho discurso Mientras, “ellos” se autodefinen como cultores del amor (hippismo del siglo XXI).

Por supuesto, dicha lectura es por demás de naif, y hasta parece la interpretación de un entusiasmado ingresante de la carrera de sociología.

Quizás sería más interesante (ya que pretenden realizar una lectura sociológica del tema) preguntarse por el crecimiento de la marginalidad en Argentina y el consecuente resentimiento que ésta provoca. Solo un par de datos para tener en cuenta, nuestro país tiene casi la mitad de sus habitantes bajo la línea de pobreza, y una inflación que roza el 8% mensual que provoca que otros tantos caigan día tras día en dicha situación. Agrego el “dato” para pensar que las causas de los malestares argentinos no aparecen en el aire.

Pero, volviendo sobre el odio, de todos modos, no vendría mal comenzar a discutir el tema, porque no hay dudas que de nada sirvió instalar la confrontación permanente (la grieta) entre los distintos sectores políticos. En todo caso, todo lo contrario.

Así las cosas, quizá el lamentable episodio del cual fue víctima la vicepresidenta tal vez sirva para inciar un debate en serio sobre cómo salir de la trampa de la grieta. Aunque, lo que vivimos en los últimos días posteriores al atentado demuestra que, lejos de eso, la polarización parece acentuarse. A no ser que creamos que citar a una misa en Luján sea de verdad un gesto a tener en cuenta para lograr la reconciliación de las partes.

La génesis de la grieta/odio

Claramente, la oposición no es la única portadora del discurso del odio en la Argentina. Es más, fue el kirchnerismo quien, siguiendo las sugerencias del teórico del populismo, Ernesto Laclau, eligió la confrontación permanente con un “Otro” como manera de legitimarse políticamente.

De hecho, en algún momento ese Otro fueron los “medios hegemónicos”, aunque en la volteada culiminó cayendo gran parte del periodismo argentino que poco tenía que ver con los intereses de las grandes empresas de medios. Caían, sobre todo, aquellos que opinaban diferente a ellos, independientemente del medio por el que aparecieran.

Un triste recuerdo, que viene a cuento posterior a la reciente muerte de Magdalena Ruíz Guiñazú, fue el escrache, enmascarado tras un aparente “juicio popular a periodistas cómplices de la última dictadura militar”, realizado en abril del 2010 en la plaza de Mayo, donde se llegó a escupir imágenes distintos trabajadores de prensa.

Una de las escrachadas fue justamente, Ruíz Guiñazú. Ahora, luego de su fallecimiento, todos recordaron su destacada y osada participación en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que, en 1984, se encargó de recibir y recopilar las denuncias por las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar. Pero el accionar de la periodista no pareció importar ese abril de 2010.

Ese Otro fue (y sigue siendo) el campo y también lo es cualquier dirigente que hiciera sombra al kirchnerismo. De paso, pocos días atrás (el 2 de septiembre) se cumplieron 15 años de otro acontecimiento histórico que también vale la pena recordar. Es que el 2 de septiembre del 2007 fue la fecha del triunfo en las elecciones a gobernador de Santa Fe de Hermes Juan Binner. El primer socialista en llegar a una gobernación en la historia de la democracia Argentina. Binner, como pocos dirigentes del país (también sucesor del Antonio Bonfatti), fue Otro que el kirchnerismo eligió como su enemigo. Y hasta tuvo que soportar, además de la evidente discriminación presupuestaria que sufrió la provincia durante su gobernación, que le realizarán una operación berreta, (pero, muy dolorosa) como la de involucrar a su hermano Dante, de profesión obstetra, en un caso de presunta sustracción de bebés mellizos.

Además, el ahora “hippie”, ministro de Desarrollo de la Comunidad de la provincia de Buenos Aires, Andrés “el Cuervo” Larroque (asistió a la misa por la paz y la fraternidad), en su paso por la Cámara de Diputados de la Nación realizó un recordado y agresivo discurso donde tildó al partido de la rosa santafesino como ”narcosocialismo. “He leído sobre el socialismo utópico, he leído sobre socialismo científico, pero nunca he escuchado de narco-socialismo“, lanzó en noviembre del 2012. Mientras tanto, el gobierno nacional se desatendía del estallido de asesinatos por disputas narcos en Rosario, a pesar de que la venta de estupefacientes era (y es) competencia de la Justicia Federal.

El mismo, Larroque que hace pocos días, antes del atentado, fue el portavoz de otra lamentable frase, cuando tuiteó “Sin Cristina no hay peronismo, sin peronismo no hay país”. En menos palabras, quienes no “creen” con todo fervor en los designios de la actual vice-presidenta, son el no-país, de nuevo, ese Gran Otro negativo.

El odio es de todos

No hay nada peor que responder a los discursos de odio con otros discursos de odio, y eso fue lo que terminó realizando la oposición macrista. Un discurso que le sirvió para tapar el rotundo fracaso en su paso por el gobierno.

Mientras tanto, lo sucedido con Cristina parece que se encamina a alimentar aún más la grieta, sobre todo en un contexto preelectoral.

Dicho sea de paso, la no aceptación al diferente/opositor es una constante en la política argenta, un claro ejemplo de esto sucedió hace pocos días, por acá, en Venado Tuerto. Es inentendible que nadie del gobierno provincial se haya acercado a nuestra ciudad, aunque sea a solidarizarse, posterior al dramático incendio que sufrió la planta de tratamientos de residuos.

De hecho, el intendente Leonel Chiarella fue más allá y manifestó que la única comunicación que tuvo con un integrante de la gobernación fue el llamado telefónico que él realizó a la ministra de Ambiente y Cambio Climático, Erika Gonnet.  “Después no tuvimos ningún otro contacto, ni nadie de la provincia llamó para consultar sobre lo sucedido”, remarcó.

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