Arte y espectáculosCulturaSoledad Martín: una editora que quiere aportar “una mirada por fuera de los vicios venadenses”

Juan Miserere18/07/2021
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Detrás de toda obra literaria hay un trabajo silencioso y muchas veces anónimo, pero fundamental: el editor. Es el primer lector, el que recomienda modificaciones, hace correcciones, aporta al concepto general y muchas veces le ordena las ideas al autor, que naturalmente es quien se lleva las luminarias y los reconocimientos cuando el resultado final es de calidad.

Cuando le llegó la propuesta de realizar este trabajo, Soledad Martín se encontró ante un gran desafío, que la obligó a salir de la rutina de su actividad docente y le impuso nuevas condiciones. Y descubrió que si bien nunca lo había llevado a la práctica, había una editora oculta que encima tuvo que salir a la cancha a jugar un partido ‘chivo’, porque no tenía que editar a un solo autor, sino a 25.

La cuestión es así: el siempre inquieto Paul Citraro pensó una obra colectiva, con textos originales que rindan tributo a las canciones de Adrián Abonizio, la pluma brillante y atorrante de la Trova Rosarina. Para tal fin se puso en el rol de compilador, fue armando un equipo de escritores provenientes de variadas disciplinas y a cada uno le asignó una canción como disparador.

Pero el libro necesitaba otra pieza fundamental y Citraro pensó en alguien que estaba fuera del catálogo para la edición: la docente Soledad Martín, conocida simplemente como Sol.

Detrás de una sonrisa fácil, muestra que tiene una personalidad fuerte. Por eso una vez aceptada la invitación, se puso firme con su tarea: “Yo no tenía pensado hacer este trabajo, Venado es bastante jodido, está muy meado como hacen los perros para marcar el territorio, bastante machirulo porque garpa más llamar a un hippie o uno que porte apellido”, dispara.

Superada la instancia de la sorpresa porque “no pertenezco a ningún grupo ni soy habitué de ningún espacio”, Sol –que tampoco disimula su mirada crítica hacia algunos talleres literarios en los que participó- cuenta que el llamado también le llegó en un momento justo: “Me dedico a otra cosa, pero en estos dos años en los que mi profesión de docente se vio bastante complicada por la pandemia, me dio un aire para hacer otra cosa. El día de mañana la edición puede convertirse en una opción laboral, pero ahora tiene que ver con el placer de hacer algo distinto, porque disfruto del aula y las clases pero esto es totalmente nuevo y poco reconocido”.

Un desafío complejo

Una vez que puso manos a la obra, Sol Martín se encontró con una tarea mucho más compleja de lo que pensaba, más aún para su primera experiencia: “Me sacaron a la cancha con esta propuesta que me alegró un montón, porque soy de acá y pertenezco a este mundo de la literatura, pero nunca se me había ocurrido hacer un trabajo de edición”.

El tema es que “no es lo mismo editar a un escritor de oficio que a un periodista o una cantante que vienen de mundos distintos, por eso la idea era potenciar esos escritos. Mi tarea no se limita solamente a la cuestión ortográfica o gramatical, sino ver adónde quería llegar esa persona con el texto, por eso más que correcciones aparecieron sugerencias con un ida y vuelta interesante”, explica.

Pero además de trabajar sobre los textos, la editora tuvo que indagar sobre los mundos de los que provienen cada uno de los autores, quiénes son y qué buscan transmitir. “Hay gente acostumbrada a tener editores y otra que no, y hay una puja inevitable, porque además cada uno tiene su estilo. Yo tenía que saber quién es cada uno para potenciar esos escritos”, remarca.

Un boceto de la tapa del libro que se viene.

En definitiva, su tarea consiste en “marcar los tiempos, porque no es solamente corregir gramática y sintaxis, sino que el editor es el que motiva, el que lleva, sugiere y corrobora la información”. Todo eso a la sombra de los autores, consciente de que “es una tarea clave aunque no aparezca, lo que me permite mantener el perfil bajo”, dice y se ríe con ganas.

Paul Citraro acota que se vio sorprendido por el trabajo de la novel editora: “Superó largamente mis expectativas porque es comprometida hasta el tuétano con la información, y si hay una cita de un autor, corrobora ese libro para constatarla y corregirla si es necesario”.

Otros nombres, otras formas

Entusiasmada con esta primera experiencia, que en poco tiempo ya será realidad en las librerías, Sol Martín admite que le gustaría darle continuidad a su trabajo de editora (“creo que va a ser el inicio de un camino”, sostiene), aunque advierte que no se involucraría en cualquier proyecto.

Acá el entusiasmo es doble por el desafío personal y porque “escribe gente que es de Venado Tuerto, que es muy grossa y que no ha tenido la oportunidad de ser convocada a escribir, y que les ha generado mucha alegría que los convoquen a ser parte de un libro”.

Y sostiene que Venado Tuerto es una ciudad compleja, donde hay personajes y nombres muy fuertes que han delimitado y marcado para dónde ir. Y otros quedaron al margen de un montón de cosas. Más allá de ser un homenaje a Adrián Abonizio, este libro también será un reconocimiento para muchas personas que nunca tuvieron la oportunidad en la ciudad. Y yo soy una de ellas, que no tengo renombre y no estoy marcada con los vicios venadenses, lo que me permite aportar otra mirada”, concluye.

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