Arte y espectáculosCulturaRosario Bléfari, la belleza de la sensibilidad y su paso venadense

Juan Miserere06/07/2020
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El indie es un estilo, pero es más que nada una postura. La palabra es un apócope de independencia, pero refleja en el mundo de la música todo aquello que se gesta, se desarrolla y existe al margen de los intereses del mercado y el mainstream.

Si bien esta descripción se puede ajustar a múltiples géneros, en nuestro país el indie ha sido copado por el pop rock desde los ’90, con canciones simples que tuvieron una vida paralela a las grandes luminarias, difusión en las radios principales y ni hablar de la TV, salvo algún programa subterráneo de cable.

Cuando alguien logra trascender desde ese lugar inmediatamente se convierte en artista de culto. Es decir, con reconocimiento de la crítica y los colegas, pero lejos de hacer dinero o convertirse en masivo, que es más o menos lo mismo.

Dentro de ese panorama, hubo una banda en los ’90 que se destacó y abrió el camino a otras que vinieron después. Se llamaba Suárez, produjo cuatro discos noventosos e inspiró un documental llamado “Entre dos luces”, que motivó un regreso de la banda casi 15 años después de su disolución.

En los ’90 las mujeres en el rock argentino se contaban casi con los dedos de una mano de verdad: Fabi Cantilo, Celeste Carballo, Hilda Lizarazu, Erica García, Claudia Puyó, las Blacanblues… y no mucho más. Parecía que no había lugar para más en la movida (más o menos) comercial.

Por eso las otras voces tuvieron que irrumpir desde esa escena indie que tenía a Suárez con un rol protagónico desde la voz de Rosario Bléfari, quien no cantaba –para nada- como las otras damas del rock. Casi como una continuación de esa movida, estaba la banda Bristol, con la venadense Guillermina Casey (hoy la tanguera Rowina) al frente.

Bléfari no sólo hacía unas canciones hermosas, sino que además las cantaba con una voz que desparramaba sensibilidad y belleza. En los ’90 no había Spotify ni Youtube ni nada que se le parezca. No era fácil encontrarse con sus canciones: alguna nota en el Sí o en el No y quizás algún CD en una batea. “Río Paraná” fue un minihit y estaba en el último disco que editó la banda.

En los 2000 Rosario se hizo solista y empezó a editar discos con su nombre. Siempre con ese sello indie, en el sonido y en las formas: desde el under y lejos de la popularidad. Pero siempre sumando respeto. De culto.

Sólo por recomendar uno, su disco “Estaciones” es hermoso, y la canción homónima, imprescindible.

Como es una artista integral, a Rosario Bléfari no le alcanzaba tan solo con la música. Por eso incursionó en la actuación, y particularmente en el cine. Su papel más recordado es el protagónico en “Silvia Prieto” de Martín Rejtman, director después de la inspiradísima “Los guantes mágicos”.

En la piel de Silvia Prieto, Bléfari trozaba pollos con maestría y se obsesionaba con la existencia de otras mujeres con su mismo nombre y apellido.

Además Rosario era escritora, publicó cuentos y poemas, porque tanta artista necesitaba muchas maneras para expresarse.

Una imagen de su gira santafesina 2012 que la trajo a Venado Tuerto.

Rastro venadense

En 2011 Rosario Bléfari llegó a Venado Tuerto. Obviamente, si había un lugar donde podía amoldarse su magia ese era El Berretín de Lee Debord. El primero, el del Polo y la Pini.

Su presentación viene acompañada de una anécdota pintoresca, porque la gestora de su llegada a la ciudad no pudo estar presente en la actuación. A último momento, sus planes se alteraron para ese día. Hoy lo recordó en su Facebook con un posteo: “La voz más linda del mundo se fue a cantar a otros pagos. Toda linda ella, de pé a pá. Hermosa e infinita. Atesoramos la fantástica experiencia de traerla a El Berretin de Lee DeBord el dia que nació Sandino… Paró en mi casa muy revuelta y después me dejó un mensaje diciendo: ‘Te iba a acomodar todo, pero me pareció muy invasivo’. Y se fue enamorada del grabador de turno”.

Embarazadísima, Pini Sacco tuvo que dar a luz y esa noche no pudo estar en el show. Yo tampoco estuve esa noche de agosto, pero no es difícil imaginar que el lugar no estuvo tan lleno.

Sin embargo, la artista volvió a los pocos meses: “Después, como me quede con ansias de verla en vivo, salió esta Jornada explosiva junto a las Mujeres de Artes Tomar. Tengo una tristeza infinita”, cerró su relato la Pini, acompañado por una foto en la plaza San Martín con un montón de mujeres junto a Rosario Bléfari.

Fue una actividad por el Día de la Mujer en 2012. Ahí sí recuerdo haber estado, viendo a Rosario Bléfari con un sonido precario, en la vereda de la plaza, interpretando algunas canciones ante un puñadito de espectadores. De esa pequeña gira por la provincia (que incluyó otras fechas por Rosario y demás ciudades) se pueden ver todavía en su Facebook algunas fotos, incluidos a sus músicxs comiendo en el Centro de Empleados.

En la plaza San Martín, rodeada de mujeres en su día.

Otro día

Cuando este mediodía se empezó a esparcir la noticia de su muerte, las redes sociales se llenaron de tristeza. Se nota que era una de las buenas; artista talentosa que no negoció ni un centímetro sus convicciones y su pertenencia al indie, el que tanto contribuyó a formatear en Argentina.

Estaba enferma de cáncer y pocos lo sabían, estaba en La Pampa haciendo la cuarentena en la casa de su padre, desde donde realizó algunos posteos. El último es del 21 de junio y hace un repaso de sus días entre flores y almácigos, entre deseos de tocar el bombo, historias familiares y dolencias físicas. El final –aunque sencillo- conmueve aún más por estas horas: “En este momento entra el sol en la casa y promete un día más. ¡Vamos por un día más!”.

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